Durante décadas la escuela puso el foco en encontrar respuestas correctas. Hoy, en cambio, especialistas en educación coinciden en que formular buenas preguntas es una habilidad tan importante como responderlas.
Las preguntas movilizan la curiosidad, permiten conectar conocimientos y ayudan a desarrollar pensamiento crítico.
En un contexto donde cualquier dato puede encontrarse en segundos, saber qué preguntar se vuelve una competencia central.
¿Qué hace que una pregunta sea buena?
No necesariamente es una pregunta difícil.
Una buena pregunta abre posibilidades, invita a investigar y no puede responderse únicamente con un “sí” o un “no”.
Por ejemplo:
- ¿Por qué ocurrió este fenómeno?
- ¿Qué pasaría si cambiamos esta variable?
- ¿Existen otras formas de resolver este problema?
- ¿Qué evidencia respalda esta afirmación?
Este tipo de interrogantes promueve conversaciones más profundas y aprendizajes duraderos.
Un cambio posible en el aula
Muchas actividades pueden comenzar con preguntas formuladas por los propios estudiantes.
Algunas estrategias simples incluyen:
- dedicar cinco minutos a construir preguntas antes de leer un texto;
- pedir que cada grupo elabore tres preguntas para otro equipo;
- analizar cuáles son preguntas cerradas y cuáles generan investigación;
- construir un “muro de preguntas” que acompañe un proyecto.
La curiosidad también se aprende
Diversos estudios muestran que la curiosidad aumenta la atención y favorece la consolidación de la memoria.
Cuando una persona quiere encontrar una respuesta, su cerebro procesa la información con mayor profundidad y la recuerda durante más tiempo.
¿Y las familias?
En casa también puede estimularse esta habilidad.
En lugar de preguntar únicamente “¿Cómo te fue en la escuela?”, pueden aparecer otras preguntas:
- ¿Qué fue lo que más te sorprendió hoy?
- ¿Qué tema te dejó pensando?
- ¿Qué te gustaría investigar más?
Esas conversaciones ayudan a transformar la curiosidad en un hábito.
Una competencia para toda la vida
La escuela seguirá enseñando contenidos, pero también necesita enseñar a pensar.
Y aprender a formular buenas preguntas puede ser uno de los aprendizajes más valiosos para desenvolverse en una sociedad donde la información sobra, pero el pensamiento crítico sigue siendo escaso.



