Gonzalo De Cerchio tenía todo lo que la sociedad entiende como vida ideal: era jugador profesional de fútbol, había estudiado kinesiología y abierto su propia clínica y tenía una pareja estable. Sin embargo, una idea que tenía latente desde que a los 16 años había empezado a viajar como consecuencia de su carrera deportiva terminó de prender la mecha y decidió dejarlo todo para emprender una existencia nómade y vivir haciendo malabares.
Lo de hacer malabares no es una metáfora sino que este rosarino de 36 años se perfeccionó en artes circenses, clown y teatro y montó su unipersonal al que denominó Pipoca Show, con el que hoy se presenta en diferentes partes del mundo. Desde que decidió emprender ese camino visitó más de 25 países en todos los continentes y si bien remarca que no puede vivir más de dos meses en el mismo lugar, hoy tiene su “base”, como el mismo la llama, en Toulouse, Francia.
Mientras hablaba con Rosario3 estaba en Madrid, donde había llegado hacía muy poquito después de estar dos meses en Argentina, país al que no regresaba hacía cuatro años. En la capital española se pensaba quedar pocos días ya que luego iría hasta Catalunya a realizar una formación en Tantra, una filosofía de la India que está explorando hace algunos años. Después de ese retiro donde quedará por al menos diez días desconectado de todo, regresará a Toulouse para retomar su show y pensar desde allí nuevas locaciones para pasar el verano europeo en lugares turísticos ofreciendo su show.
“Tengo una vida definitivamente nómade. Me cuesta quedarme en un lugar más de dos meses, hay algo en mí que sigue necesitando moverse pero con un sentido, yendo a lugares donde encuentro algo para aprender y meterme en la cultura del lugar”, remarca mientras hace el ejercicio de remontarse varios años atrás para buscar los inicios de todo.
“El fútbol fue lo que me hizo salir de casa y conocer personas y lugares del mundo. A los 16 años jugaba en las inferiores de Newells y me fui a jugar a Argentinos Juniors, ahí ya empezaban esas ganas de moverme. De grande siempre admiré a la gente nómade que hacía ese cambio de dejar la vida cómoda o la zona de confort y arriesgaba para irse a otros lugares y explorar y vivir nuevas experiencias, siempre me interesó y era un deseo que estaba latente hasta que llegó un momento en mi vida que me lo empecé a plantear y después tuvo tanta fuerza que tomé la decisión. Fue desarmar toda una estructura que vista desde afuera era algo estable: mi casa, mi clínica, ser capitán de mi equipo de fútbol, mi compañera”, contó.
“Cuando ya había decidido que esta aventura la tenía que vivir en esta vida, vendí mi clínica, me separé de la que era mi compañera porque los sueños eran diferentes y los proyectos individuales también, y desde ahí empecé a hacer cursos de clown en Rosario y a meterme en el mundo del circo que era una cuenta pendiente que siempre tuve pero que no había podido hacer porque mi energía se la había dedicado a otras cosas”, reflexionó Gonzalo.
Los comienzos, en dos ruedas
Como futbolista siempre supo que ese deporte era una excusa para salir a explorar y conocer otros lugares. En Argentina jugó en Tiro Federal y en Argentino de Rosario pero también lo hizo en Sporting Genzano de Italia y en Maglie y más acá en el tiempo en Sportivo Las Parejas, Atlético Elortondo y Hughes FC. Hasta los 31 militó en las canchas mientras paralelamente hacía la carrera de kinesiología.
“Me imaginaba que en el proyecto nómade podía ser algo que me ayudara a viajar y a sostenerme económicamente. Me fui en moto desde Rosario a Uruguay y de ahí al norte de Brasil. A nivel circo o magia tenía escasas herramientas, pero en el camino me fui encontrando con muchos artistas callejeros. Empecé a ir a convenciones, a estudiar, me metí de lleno y puse toda la energía en el entrenamiento y en descubrir esas nuevas cosas que entraban a mi vida. Venía haciendo presentaciones como payaso pero en un momento me animé a salir a la calle a hacer malabares en los semáforos y con eso empecé a desarrollarme desde la calle y desde el arte”, recordó sobre los comienzos.
Pero llegó un momento que sintió la necesidad de desarrollarse más como artista, tener un show, estar en escena, compartir con el público desde otro lado. “La calle y los autos son un ambiente hostil, la gente está adentro del auto en lo suyo y no hay contacto directo. Y yo quería eso. Empecé a desarrollar mi espectáculo, a incorporar más herramientas, no solo los malabares sino la magia, el humor, los chistes, los gags. La parte de mimo, y armando un vestuario. Ahora ya lo tengo desarrollado, es un unipersonal que se llama Pipoca Show, con participación del público, con mucha magia, con destrezas”, contó con orgullo del camino recorrido y de lo logrado.
A pedido de Rosario3 hace el trabajo de pensar una relación entre su vida pasada y la presente, y la encuentra: “Creo que esta es otra forma de sanar, desde las emociones, desde la risa, de crear un espacio mágico, y desde ese lugar lo relaciono con la kinesiología. Con respecto al fútbol, creo que tiene mucho que ver con la exposición a un público: toda mi vida estaré expuesto a mostrarme y a que haya un público viendo lo que hago”, reflexionó.



