El cielo ya no está vacío. Hoy lo surcan casi 130 millones de fragmentos de basura espacial: satélites muertos, etapas de cohetes y esquirlas de antiguas colisiones. Ese campo creciente amenaza el acceso seguro al espacio, y ahora se sabe que el Sol tiene la mano en el acelerador. Un nuevo estudio demostró que los desechos caen a la Tierra mucho más rápido cuando la actividad solar aumenta, un dato que cambiará cómo se planifican las misiones y cuánto combustible necesitan los satélites.
La investigación, publicada en la revista especializada Frontiers in Astronomy and Space Sciences, fue liderada por Ayisha Ashruf, científica del Centro Espacial Vikram Sarabhai en Thiruvananthapuram, India. Su equipo siguió durante 36 años las trayectorias de 17 objetos lanzados en la década de 1960. “Siguen contribuyendo a la ciencia, sirviendo como herramientas valiosas para estudiar los efectos a largo plazo de la actividad solar en la termosfera”, explicó Ashruf. Ese período cubre tres ciclos solares completos de 11 años, y los datos se contrastaron con los registros de manchas solares y emisiones del Centro Alemán de Investigación de Geociencias en Potsdam.
It’s #SunDay! Here’s your space weather report for the week of April 17 - 23:
•6 M-class flares
•0 C-class flares
•34 coronal mass ejections
•1 geomagnetic storm
This video from NASA’s Solar Dynamics Observatory (SDO) shows the week’s activity. Two X-class flares erupted… pic.twitter.com/3nj1wtTLiJ— NASA Space Alerts (@NASASpaceAlerts) April 26, 2026
El resultado fue claro: una vez que la actividad solar supera un umbral, la pérdida de altitud se dispara. El Sol calienta y expande la termosfera, la capa alta de la atmósfera. Esa atmósfera más densa genera mayor resistencia sobre cualquier objeto en órbita baja. Sin motores para corregirlo, la basura espacial frena, pierde altura y acelera su reentrada. “Por primera vez, descubrimos que esta pérdida de altitud se produce de forma notablemente más rápida”, señaló Ashruf.
El efecto no solo alcanza a los desechos. Los satélites activos también caen más rápido durante el máximo solar y necesitan más correcciones orbitales. Eso se traduce en mayor consumo de combustible y menor vida útil, sobre todo para misiones lanzadas cerca del pico de actividad. “Esto afecta directamente al tiempo que los satélites permanecen en órbita y a la cantidad de combustible que necesitan”, agregó la autora.
Según los expertos llegar a entender esta relación es crítica para la sostenibilidad espacial. Con mega constelaciones y lanzamientos cada vez más frecuentes, predecir cuándo y cómo baja la basura ayuda a evitar colisiones en cadena. Y para los operadores, saber que el Sol aprieta el descenso obliga a ajustar cálculos, reservas de propelente y planes de desorbitado. La actividad solar, que ilumina nuestros días, también barre la órbita baja.



