En el Parque Nacional Iguazú, una yaguareté adulta y su cría aparecieron frente a una cámara de monitoreo instalada en plena selva misionera.
La hembra se llama Apepú, una palabra en guaraní que significa “naranja agria”.
Según los especialistas que estudian a los yaguaretés en la región, no es frecuente que estos animales permanezcan durante tanto tiempo frente a una cámara y, dato no menor, se trata de algo inédito, ya que es una especie en peligro de extinción.
La cría es la segunda que Apepú tuvo a lo largo de su vida.
El hallazgo se produjo durante el monitoreo bianual que realiza el Proyecto Yaguareté para conocer el estado de la población de estos felinos. El trabajo abarca el Parque Nacional Iguazú y diferentes áreas ubicadas tanto en Argentina como en Brasil.
Más tierno no se consigue ��
A través de las cámaras trampas lograron registrar a un yaguareté, que fue identificado en 2016, jugando con su cachorro en el Parque Nacional Iguazú �� pic.twitter.com/cLO0oQHyUF— El Destape (@eldestapeweb) August 11, 2026
El relevamiento correspondiente a 2026 comenzó hace aproximadamente dos meses.
Apepú fue identificada por primera vez en 2016. En aquel momento era una hembra joven de, al menos, dos años. Actualmente, se estima que tiene como mínimo 12 años.
A comienzos de este siglo, la cantidad de yaguaretés en Misiones y en las zonas fronterizas de Brasil era muy baja. Cuando los especialistas comenzaron a trabajar en 2003, se calculaba que había alrededor de 40 ejemplares. La situación cambió entre 2010 y 2018, período en el que la población experimentó un crecimiento importante y alcanzó aproximadamente 90 animales y esa cifra se mantuvo relativamente estable hasta 2024.
A pesar de los avances obtenidos mediante investigaciones, programas educativos y distintas acciones de conservación, el yaguareté continúa siendo una especie con una población reducida.
Es considerado uno de los siete felinos en peligro crítico de extinción y constituye, además, el mayor depredador del norte argentino.
Entre los principales problemas que enfrenta se encuentran la pérdida de su hábitat y la caza furtiva.
Los datos de MapBiomas indican que cerca del 65% de la superficie vegetal de Misiones está cubierta por bosques, mientras que el resto del territorio se destina principalmente a actividades agrícolas y ganaderas. Entre 1985 y 2024, la provincia perdió 718.413 hectáreas de bosque nativo, una superficie equivalente aproximadamente a 34 veces la Ciudad de Buenos Aires.
La reducción de los ambientes naturales provoca que el territorio donde viven los yaguaretés quede cada vez más dividido en pequeños sectores. Al disminuir el hábitat disponible, aumentan también las posibilidades de que los animales entren en contacto con las personas.
En esos encuentros pueden aparecer situaciones de conflicto, especialmente cuando los yaguaretés atacan animales domésticos. La caza furtiva muchas veces surge como consecuencia del miedo o de una reacción de represalia. Los especialistas remarcan que el temor hacia este felino se encuentra detrás de muchas de las situaciones que terminan con la muerte de ejemplares.
La caza de yaguaretés está prohibida en todo el territorio argentino.
El artículo 25 de la Ley de Conservación de Fauna establece penas de entre cuatro meses y tres años de prisión, además de la inhabilitación para utilizar armas durante un período de cinco a diez años. La sanción depende, entre otros factores, de si la cacería fue organizada y premeditada.
Sin embargo, desde 2005 no se registran condenas en las causas judiciales iniciadas por este tipo de hechos. Para reducir los conflictos entre los animales y las personas, el equipo del Proyecto Yaguareté trabaja junto con habitantes de distintas chacras de Misiones.



