A raíz de los reportes sobre personas afectadas por hantavirus en un crucero que navegaba frente a la costa africana de Cabo Verde, con tres fallecidos, la médica infectóloga Carolina Subirá se refirió a cuál es la situación sanitaria en Argentina y advirtió que no se trata de una enfermedad ajena a la región. En ese sentido, la profesional confirmó que se registran contagios regulares en la provincia de Santa Fe y en Rosario, por lo que instó a la población a mantener las medidas de higiene preventivas y a conocer los síntomas para no confundirlos con los de otras afecciones virales estacionales.
La especialista explicó que la cepa que suele desatar los brotes más temidos por su contagio interhumano está focalizada en otra región del país. “Solamente la variante Andes, que está en el sur de Argentina, tiene la capacidad de transmitirse de persona a persona por vía respiratoria, pero es poco frecuente y requiere un contacto muy estrecho”, detalló la médica.
En contraste, aclaró que la variante presente a nivel local se contrae por vías más tradicionales: “El hanta que nosotros tenemos es el que se adquiere por las vías más habituales, que es el contacto o la inhalación de la materia fecal u orina del roedor”.
Al respecto, la infectóloga remarcó la importancia de diferenciar esta zoonosis de la fiebre hemorrágica argentina y la leptospirosis, que también son transmitidas por la saliva, heces y fluidos de los roedores.
Mientras que para la leptospirosis existen antibióticos por tratarse de una bacteria, y para la fiebre hemorrágica hay una vacuna gratuita en el sistema público que se aplica una sola vez en la vida después de los 15 años, advirtió que para el hantavirus no hay terapias directas. “El hanta no tiene tratamiento, es un virus, uno solamente puede ofrecerle soporte a ese organismo hasta que resuelve la infección”, precisó.
Síntomas y período de incubación
Una de las principales dificultades que presenta el hantavirus es su extensa ventana silenciosa en el cuerpo humano y su gravedad. “El hantavirus tiene una tasa elevada de mortalidad que puede superar el 40 por ciento, la fiebre hemorrágica sin tratamiento, sin vacuna, un 30 por ciento”, indicó Subirá, destacando que es crucial para el personal de salud tener una alta sospecha clínica temprana para instaurar las medidas de soporte de inmediato.
El virus es riesgoso porque “uno puede llegar a estar incubando la enfermedad hasta dos meses después de la exposición”, lo que dificulta encontrar el nexo epidemiológico.
En cuanto a los primeros signos de alarma, la médica subrayó que en una etapa inicial los síntomas son inespecíficos: fiebre, dolor de cabeza, dolor muscular y molestias detrás de los ojos. Sin embargo, enfatizó la necesidad de distinguir este cuadro de los patógenos típicos del otoño y el invierno, como la gripe, el virus sincicial respiratorio o el covid 19.
“Más de 48 horas de fiebre sin síntomas respiratorios. Estamos hablando de fiebre, dolor de cabeza y dolor muscular, pero seco. No hay moco, no hay catarro, no hay tos”, diferenció la especialista, marcando una pauta fundamental para acudir rápidamente a la consulta médica sin demoras.
El lavado de manos como principal barrera
La prevención juega un rol absoluto frente a patologías que carecen de tratamientos antivirales directos. Ya sea al barrer un galpón cerrado, cortar el césped o ingresar a espacios donde los roedores pudieron haber dejado fluidos y partículas en el aire, el riesgo está latente en las zonas endémicas.
Por este motivo, la médica recordó la vital importancia de la higiene personal básica en la cotidianidad. “Es la más barata de todas, es agua y jabón o alcohol en gel”, resaltó. La desinfección debe realizarse de forma constante y no solo después de ir al baño o antes de comer, sino también tras tocar superficies de uso masivo, como los pasamanos del transporte público, consolidando así un hábito esencial que salva vidas.



