Investigadores del University College de Londres alertan que las megaconstelaciones de satélites están aumentando la contaminación en las capas altas de la atmósfera. Estiman que, si el crecimiento continúa, los lanzamientos y reingresos alterarán el clima terrestre de forma impredecible. El estudio se publicó el jueves 13 de mayo en la revista especializada Earth’s Future.

Los científicos afirman que el satélite Starlink de SpaceX y otras megaconstelaciones están creando un "experimento de geoingeniería no regulado". La frase resume la preocupación de un grupo de investigadores atmosféricos ante la expansión acelerada del sector espacial comercial. "El carbono negro procedente de los lanzamientos de satélites tiene un efecto climático unas 540 veces mayor que el carbono negro liberado por los barcos, los coches y las centrales eléctricas", explicó Eloise Marais, profesora de química atmosférica y calidad del aire en el University College de Londres.

Los aficionados a la industria espacial imaginan un futuro con cientos de miles, incluso millones, de satélites orbitando la Tierra para dar internet, procesar datos en centros orbitales o generar energía solar. Pero esa visión preocupa a los investigadores. Desde 2020, con el inicio de la era de las megaconstelaciones, las concentraciones de contaminación atmosférica potencialmente peligrosa en gran altitud aumentaron de forma significativa por los lanzamientos y reingresos.

     

Según estimaciones que los propios autores califican de conservadoras, para 2030 el sector espacial mundial habrá liberado a la atmósfera más sustancias químicas que alteran el clima que todo el Reino Unido. Si se cumple el crecimiento que proyectan los líderes de la industria, esa contaminación, concentrada en las capas superiores de la atmósfera, comenzará a modificar el clima de la Tierra.

“La contaminación generada por la industria espacial es como un experimento de geoingeniería a pequeña escala y sin regulación, que podría tener muchas consecuencias ambientales graves e imprevistas”, advirtió Marais al sitio especializado Space.com.

La geoingeniería engloba intervenciones para revertir el aumento de temperaturas causado por gases de efecto invernadero. Una de las más discutidas es la inyección de aerosoles estratosféricos: liberar partículas reflectantes en la estratosfera para reducir el calor que llega al planeta. Los científicos estudian la idea, pero advierten riesgos como cambios en los patrones de lluvia, sequías y alteraciones climáticas inesperadas.

Marais lidera un equipo que estudia los efectos de la contaminación relacionada con satélites. Su último estudio reveló que, para 2029, la contaminación derivada de los lanzamientos de megaconstelaciones —como Starlink, Amazon Leo o los proyectos chinos Guowang y Qianfan— representará más del 40% de toda la contaminación generada por el sector espacial.

Las megaconstelaciones, usadas sobre todo para internet en zonas remotas, se renuevan cada cinco años con tecnología más potente. Eso implica más lanzamientos y desorbitaciones que las misiones tradicionales, y por lo tanto más contaminación en capas altas que de otro modo serían prístinas.

     

“La mayoría de los lanzamientos actuales usan queroseno, porque dependen de cohetes Falcon 9, que producen carbono negro”, detalló Marais. “Este carbono negro se libera en las capas superiores de la atmósfera, donde permanece entre 2,5 y 3 años. Por ello, su impacto climático es aproximadamente 540 veces mayor que el del carbono negro de fuentes terrestres”.

Los investigadores calculan el impacto estimando la contaminación de los lanzamientos y reingresos previstos. Los lanzamientos generan carbono negro, que calienta la atmósfera superior. Los reingresos producen óxidos de aluminio, que pueden dañar la capa de ozono. Con modelos climáticos, el equipo proyecta cuánto ozono se destruirá y cómo se alterará el clima.

Hoy, más de 15.000 satélites operativos orbitan el planeta, según la Agencia Espacial Europea. Es el triple que en 2020. El aumento lo lidera Starlink, con más de 10.000 satélites. Competidores como Amazon LEO y los operadores chinos Guowang y Qianfan desarrollan sus propias flotas. Para 2030 podrían ser 100.000 satélites, con más crecimiento en las décadas siguientes.

Marais adviertió sobre el crecimiento descontrolado. Es probable que las partículas en las capas superiores alcancen concentraciones que, en algún momento, afecten el clima terrestre. Si bien para 2029 los contaminantes representarían solo una centésima parte de lo necesario para intervenciones de geoingeniería, la acumulación continua genera preocupación.