El Día Internacional del Abrazo se celebra cada año como una oportunidad para poner en valor el contacto físico y las muestras de afecto como pilares de una sociedad más empática y saludable. La iniciativa nació en la década del 80 en Estados Unidos, puntualmente en Clio, Michigan, de la mano del psicólogo Kevin Zaborney, quien impulsó esta fecha en 1986 al advertir una carencia de gestos afectivos en la vida cotidiana.
Zaborney detectó que el tramo entre las fiestas de fin de año y San Valentín suele estar marcado por el bajón anímico y la sensación de soledad. Por eso, propuso fomentar los abrazos como una forma sencilla de brindar contención y cercanía en una etapa del año atravesada por altos niveles de estrés.
Con el correr del tiempo, la conmemoración cruzó fronteras y se incorporó a los calendarios internacionales, acompañada por la difusión de organizaciones vinculadas a la salud mental. La fecha elegida, el 21 de enero, coincide con el invierno del hemisferio norte, cuando el frío puede afectar el estado de ánimo y el bienestar general.
Sin embargo, lo contrario sucede en el hemisferio sur en cuanto a las temperaturas, ya que en esta región del mundo es verano.
Ciencia y bienestar detrás del contacto humano
Desde el punto de vista científico, el abrazo también cumple un rol clave. Estudios en neurociencia indican que el contacto físico prolongado estimula la liberación de oxitocina, conocida como la “hormona del amor”, que contribuye a disminuir el cortisol —asociado al estrés— y ayuda a regular la presión arterial.
En Argentina, la fecha fue ganando visibilidad a través de campañas en espacios públicos y centros de salud. A diferencia de otras efemérides más comerciales, el Día Internacional del Abrazo pone el acento en la gratuidad del gesto y en su capacidad para derribar barreras sociales. En ciudades como Buenos Aires, Rosario y Córdoba, es habitual ver iniciativas como “Abrazos Gratis”, que buscan generar encuentros y momentos de conexión.
Tras los años marcados por el distanciamiento social, la celebración adquirió un significado aún más profundo. La falta de contacto físico durante la crisis sanitaria dejó en evidencia que el abrazo es una necesidad biológica esencial. Hoy, la fecha se vive con un renovado sentido de gratitud y con la certeza de que ninguna tecnología puede reemplazar el valor del contacto humano.


