Dicen que Alejandro Dolina puede ser un entrevistado incómodo. Y es que su sabiduría incomoda: tener enfrente a un hombre de semejante erudición en campos como la literatura, la música o la comunicación radial abre el temor de sus entrevistadores a no estar a la altura, a no poder seguirle el hilo o a hacer preguntas que no le resulten interesantes. El “fantasma Juan Miceli” sobrevuela cada vez que surge la posibilidad de tener un intercambio oral con él.

Este viernes, este cronista tuvo la oportunidad de conversar por primera vez con el autor de Crónicas del Ángel Gris en Punto Medio, por Radio 2. Y afortunadamente esa ansiedad por el desempeño, una de las formas que adopta el famoso miedo escénico, empezó a disiparse pronto, cuando el tono interesado, despreocupado y hasta divertido de sus primeras respuestas marcó que Dolina estaba entregado en cuerpo y alma a la charla.

Habló de su relación con Rosario, a la que visitó con La Venganza Será Terrible justo el 20 de junio a sala llena; confesó que le genera angustia ver que Lionel Messi camina la recta final de su carrera deportiva; contó cómo se prepara para cada programa de radio o sus shows teatrales y hasta develó algunas reglas para lograr una buena improvisación; y cerró con una reflexión profunda sobre el egoísmo de la humanidad en estos tiempos y su deseo de que pensemos un poco más en el otro.

A continuación, la transcripción textual de una entrevista que este cronista atesora (perdón por tanta autorreferencia) como una de las más lindas de su carrera. 

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Cronista: "Alejandro, venís a Rosario justo el 20 de junio, una fecha muy importante para nosotros. ¿Cómo te llevás con la ciudad?

Dolina: “Sí, es la fecha exacta para estar en Rosario. A mí me gusta Rosario por muchas cosas. En realidad, al pensarlo, me doy cuenta de que no son iguales ninguno de los viajes que hacemos. A veces vamos a distintos restaurantes, distintos hoteles, no tenemos establecida una rutina, pero sí nos gusta conectarnos con esta ciudad que a nosotros, artísticamente, nos ha dado posiblemente los más grandes sucesos, porque hemos tenido allí funciones muy exitosas, muy numerosas especialmente. Al menos en el número; después el éxito vaya uno a saber qué cosa es. Recuerdo una función que tuvimos en el Humberto de Nito, que en aquel entonces permitió que unas 12.000 personas estuvieran presentes, porque no había entradas y entonces no sólo se podía sentar uno en los asientos establecidos, sino también en esa especie de colina aledaña que hay en el anfiteatro. Se juntó gente por todas partes y fue una noche inolvidable para nosotros.

Cronista: “Quizás el éxito sea eso, Alejandro: hacer una convocatoria gratuita y que se llene. ¿Qué sería hacer una convocatoria gratuita y que no vaya nadie? Eso sería un fracaso estrepitoso...”

Dolina: “Sí. También hay que ver qué es lo que hace uno, porque se puede obtener éxito haciendo una cosa lamentable. No es la primera vez que sucede (risas)…

Cronista: “Empezaste La Venganza Será Terrible en 1984. Y llevar tantos años haciendo un programa de manera ininterrumpida es todo un éxito. Me da la impresión de que si algo hicieras mal, no estarías al aire…”

D: “No lo sé, conozco muchos artistas que son perseverantes y pésimos”

C: “La abnegación no es sinónimo de talento, entonces…”

D: “No, y no hay peor cosa que un inepto entusiasta” (risas).

C: “La verdad, Alejandro: teníamos dudas si llamarte justo ahora, que están jugando Estados Unidos y Australia por el Mundial. Pensamos que a lo mejor no nos atendías. ¿Cómo te llevás con el Mundisl, vos que sos tan futbolero

D: “Con el Mundial me llevo más o menos. No estoy seguro de que me vaya la vida entre verlo y no verlo…

M: “Ahora, ¿si te quisiéramos llamar el lunes, cuando esté jugando la Selección.?…

D: “Miren, llámenme cuando quieran. Esos tipos que no te atienden porque están mirando el partido... ¡Vaaamoos! Está claro que siempre se puede ser más cuidadoso y llamar un poco después. Pero bueno, me gusta el fútbol. Aunque los mundiales me empalagan un poco, y este especialmente…

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Messi y el inevitable paso del tiempo

C: “Venís a la ciudad de Leo. ¿Qué te genera él? Lo que hizo el otro día, esa cuestión muy del barrio, de jugar como en el baldío, de esa irreverencia, esa desfachatez…

D: “Me parece el mejor jugador que ha existido. Y como todos, siempre tengo una angustia ante el paso del tiempo, pero en este caso más todavía porque uno lo ve y dice: lo estamos viendo en sus últimos partidos. Y se lamenta uno, como siempre se lamenta del paso del tiempo porque sí, in abstractum: pero también al decir ‘qué lástima que dentro de poco vamos a dejar de ver a Messi’, que fue la buena noticia del fútbol mundial en los últimos veinte años…

C: “Dijiste recién ‘el mejor jugador que ha existido’ y ya están haciendo una fila los maradonianos para venir a reclamártela a esa frase…

D: “No. Maradona era todavía más que el mejor jugador que ha existido (risas). Pero son dos cosas distintas. Es indudable que Messi ha sido el mejor jugador que ha existido, en sus números, en todo, pero Maradona está un paso más adelante que eso. Igual, no se comparan ambas cosas. Hemos tenido la suerte de tenerlos a los dos, de disfrutarlos con sus virtudes, que no son de su mismo tenor.

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La Venganza Será Terrible, un clásico de clásicos

C: “¿Qué vamos a ver mañana en el teatro? ¿Nos vamos a sorprender con algo especial?”

D: “No lo sabemos todavía, estamos buscando la charla principal, a ver cuál va a ser. No lo sabemos aún. Y a mí me parece bien que no lo sepamos. En algún momento hay que saberlo, pero algunas cosas preferimos no saberlas hasta que ocurran. Por ejemplo, cuando hay alguna entrevista, me ofrecen: ‘Che, ¿querés que te pase las preguntas?’, y yo prefiero no saberlas.

Y como espectador incluso, prefiero ver a una persona que está buscando respuestas, que está pensando. Verlo en acción al tipo que piensa, ‘a ver...’, y que va construyendo su pensamiento. Prefiero eso que no al tipo que responde rápidamente, que me hace sospechar que ya se la tenía pensada desde la casa.

El programa nuestro es un programa de un diálogo que fluye improvisadamente. Algunas cosas preparamos, como las charlas que son temáticas, pero en algunos casos nosotros mismos decimos ‘no veamos del todo el tema, dejemos que se nos ocurra en el momento’. Y me parece que al público le gusta más eso y se da cuenta cuando a veces nos reímos nosotros mismos de algo que dijimos como si fuera un decir ajeno. Y en parte lo es. Porque se nos acaba de ocurrir: casi es todavía de otro.

C: “Te acompañan Patricio Barton y Gillespie. ¿Qué buscás en tus compañeros? Uno mira quiénes te han acompañado a lo largo de estos años y son personas lúcidas, rápidas, cómicas, talentosas. ¿Qué sepan escuchar? ¿Qué estén atentos al momento, que se dejen fluir? No debe ser sencillo armar equipos así, que tengan esa cohesión al aire, que se entiendan casi sin mirarse…

D: No es sencillo. Tampoco tenemos una cohesión permanente. A veces buscamos y no encontramos. Pero para hacer esta clase de cosas hay que tener unas virtudes de improvisación. El arte de la improvisación tiene sus reglas. Primero: no hay que negarse, no hay que decir que no.

Por ejemplo, viene tu compañero y te dice: ‘Arriba las manos’. O sea, te está proponiendo que vos sigas fingiendo un asalto. Ahora, si vos te oponés y le decís: ‘No, no, arriba las manos no porque yo soy el comisario fulano...’. Mmmm, eso no conviene. ‘Arriba las manos’: Muy bien. Yo levanto las manos y digo: ‘Tome todo el dinero’. Continuar. O sea, la primera regla es no negársele al compañero. Otro ejemplo: ‘¡Qué hermosa montaña!’. No le podés decir: ‘Aquí no hay ninguna montaña’. No. ‘Efectivamente, es muy hermosa la montaña. Esa es una de las cosas de la improvisación.

Después, no hay que traer cosas de la casa. Es preferible que se te ocurran ahí. Por ahí, naturalmente, cuando no aparecen las ocurrencias hay que tener un Plan B, que muchas veces es algo que ya hemos hecho, algún dibujo, algún patrón que ya conocemos. Pero todas estas pequeñas trampas que uno conoce son necesarias para improvisar.

Y también hay tipos que son muy buenos actores, muy cómicos, muy graciosos, pero que cuando uno trata de hacerlo jugar en un lenguaje colectivo, por ahí les sale de adentro ese afán de lucirse que tienen algunos actores y eso no es bueno.

C: “¿Y vos tenés algún ritual antes de salir a escena? Viste que hay creencias, nunca comprobadas, de que algunos jugadores jugaban mejor si salían la noche antes, como Romario, o que algunos cantantes cantaban mejor si se empinaban un traguito antes de salir al escenario y eso les permitía soltarse. ¿Vos tenés algo así? ¿O necesitás dormir una siesta para no llegar cansado, por ejemplo?

D: “Yo nunca duermo, especialmente la siesta. Siempre he tenido la sensación de que la pausa de dormir es una pérdida de tiempo. Eso porque uno está un poco loco. Pero yo creo en la concentración. Creo que un ratito antes de que empiece el programa hay que dejar de parlotear, quedarse en silencio, quedarse solo con uno mismo, concentrarse y prepararse. Eso solo. Un silencio. Un ejercicio de temor también. Decir: ‘Cuidado, porque acá me puede pasar algo espantoso: podría suceder un accidente tal que deje bien claro que soy un imbécil’. Entonces, ese pequeño miedo es el miedo escénico. Y hay que tratar de que no ocurra.

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Pensar un poco más en el otro

C: “¿Cómo te llevás con este tiempo en el que estamos hiperconectados, de las redes sociales, de tener que mostrar que uno está bien todo el tiempo, de que hay que tener una productividad continua?

D: “Mirá, estar siempre activo no es tan malo. No por un afán mercantilista, no por el ejercicio de una moral burguesa, sino más bien porque uno está entusiasmado con lo que hace. Cuando oigo que un pianista toca ocho horas, me parece bien. Porque él vive para eso, quiere hacerlo y eso lo enriquece espiritualmente. Eso no está mal.

Ahora, sobre cómo me llevo con las pautas generales de este mundo, que son primero que nada la prosperidad, el mercantilismo, ver qué provecho material podemos sacar de las cosas, y mucho egoísmo, el pensar solamente en uno: con eso no me llevo bien. 

Incluso con eso de negarse a la generosidad, diciendo que tal vez que aquellos que nos piden algo, que nos solicitan algo, o que dicen padecer alguna necesidad, en realidad lo están fingiendo, lo hacen por pereza o nos quieren meter la mano en el bolsillo.

Yo creo que esas sospechas crueles que tiene el mundo de hoy son bastante míseras. Yo estoy a favor del humanismo en todo sentido. Hay que pensar en el otro. Si uno puede, hay que pensar en el otro. Tanto en asuntos amorosos, sociales, amistosos, en asuntos de paternidad, familiares. En ver qué es lo que le puede dar uno al otro. Y cómo convertir tu trabajo, tu actividad, en algo que también beneficie a tu amigo, a tu compañero, al que está cerca y te necesita. Y eso lamentablemente hoy no aparece tanto”.

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