En plena discusión por el ajuste del Gobierno y el recorte de la asistencia estatal a los clubes, el diputado de La Libertad Avanza, Diego Hartfield, defendió la postura del ejecutivo nacional. Pero en la disputa, quienes se oponían a esos argumentos le recordaron que él recibió apoyo del Estado para desarrollar su carrera como tenista profesional. Y, aun así, sostuvo sin matices: “Lamentablemente, vivir de subsidios puede tener sus costos”.

El actual diputado nacional por Misiones recordó que fue becado por el CeNARD y que vivió allí durante dos años para entrenarse como tenista, pero el dato reapareció en un contexto tenso: una reunión de la Comisión de Deportes donde, tras el cruce, Hartfield se levantó y se fue del salón sin responder preguntas.

La escena se dio en la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados, donde representantes de clubes detallaron las dificultades que atraviesan las instituciones deportivas y el impacto del recorte de fondos, en un contexto de fuerte ajuste sobre el sector.

     

Hartfield, que ocupa la vicepresidencia segunda de la comisión, respaldó la política económica del Gobierno de Javier Milei y reiteró que, ante todo, la prioridad oficial es mantener las cuentas públicas ordenadas.

“Nuestra postura es tener las cuentas ordenadas”, planteó el diputado de La Libertad Avanza. Y fue todavía más explícito al referirse a la ayuda estatal: “Lamentablemente, vivir de subsidios puede tener sus costos”.

     

Ese argumento generó una respuesta inmediata por un motivo muy concreto: cuando tenía 16 años, Hartfield dejó su ciudad natal, Oberá, en Misiones, y se instaló en Buenos Aires para dedicarse de lleno al tenis. En esa etapa obtuvo una beca que le permitió vivir en el CeNARD durante dos años junto a otros jóvenes deportistas de proyección, cubriendo alojamiento y estructura de entrenamiento.

La ayuda llegó en un momento clave de su formación. Desde adolescente, Hartfield hacía un esfuerzo enorme para entrenar: viajaba alrededor de 100 kilómetros por día desde Oberá hasta Posadas para poder practicar tenis de manera sostenida.

Esa mudanza a Buenos Aires le permitió intensificar su preparación, acceder a otro nivel de competencia y acercarse al circuito profesional internacional, en un salto deportivo que no habría sido posible sin aquella beca estatal.

Con los años, esa carrera que había comenzado con apoyo público lo llevó a enfrentar a algunos de los mejores jugadores del mundo, confirmando el impacto concreto que tuvo la política de becas deportivas en su desarrollo como tenista profesional.

El propio recorrido de Hartfield exhibe la importancia de esa etapa: en 2006 ganó el Challenger de Atlanta, se clasificó a Roland Garros y enfrentó a Roger Federer, entonces número uno del mundo. En 2007 llegó al puesto 73 del ranking ATP, el mejor registro de toda su carrera.

Tras retirarse del tenis profesional, Hartfield se volcó a los medios y las finanzas: pasó por la televisión y terminó convertido en productor y asesor financiero. Empezó invirtiendo sus propios ahorros en la Bolsa, se capacitó, obtuvo la licencia correspondiente y transformó esa actividad en su nuevo oficio.

Su salto a la política se produjo después. Se alineó con el proyecto de Javier Milei y llegó al Congreso como diputado nacional de La Libertad Avanza por Misiones, desde donde defiende de manera habitual el ajuste fiscal, la reducción del gasto y el equilibrio de las cuentas públicas.