Funcionarios de inteligencia de la CIA desenterraron de sus propios archivos un documento clasificado de 1966 titulado La historia de Adán y Eva, que hace una serie de afirmaciones raras sobre el fin del mundo, Jesús y el Diluvio Universal. El documento, escrito por Chan Thomas, un investigador de ovnis de la Fuerza Aérea de EE.UU., permaneció clasificado, reapareció en 2019 y desató una ola conspirativa. La ciencia actual no valida ninguna de sus afirmaciones.
El material, que según informó el medio británico Daily Star estaba agrupado con otros documentos como un artículo de la revista Time y una “nota de transmisión”, incluye además una hoja manuscrita con una lista insólita: herramientas, medidores de neumáticos, un llavero y un kit de reparación de alas. En la portada del archivo digitalizado se lee “Para Art L., de”, con el nombre del remitente censurado por la CIA, lo que sugiere que pudo haber sido incautado a una persona que lo recibió como regalo.
Thomas, según los registros trabajó como investigador de ovnis para la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y fue reclutado por el gigante aeroespacial McDonnell Douglas como parte de un equipo reunido por el Dr. Robert Wood, quien luego se convirtió en un destacado investigador de ovnis en MUFON.
Wood, en un artículo de 2007, lo describió como un hombre “excepcionalmente innovador” que “afirmaba estar en contacto con extraterrestres”, aunque reconoció que estuvo a punto de despedirlo por su conducta poco convencional.
En el libro, Thomas sostiene que la Tierra experimenta “cambios cíclicos de polos” cada 7.000 años y que la civilización es aniquilada cada vez por ese evento devastador, un desastre que habría sido previsto por distintas figuras a lo largo de la historia, incluido Jesús.
Pero el Jesús de Thomas no es la figura profética de la Biblia. Para él, fue un erudito que cursó sus estudios en la India y que intentó preparar a la humanidad para un evento apocalíptico similar al Diluvio. Afirmó incluso haber descifrado las últimas palabras de Jesús en la cruz, asegurando que hablaba en un dialecto aprendido en la India que se traduciría como “Me desmayo, me desmayo, la oscuridad me vence”. Y va más allá: sostiene que el Domingo de Pascua, cuando tradicionalmente se cree que Jesús ascendió al cielo, en realidad fue rescatado por un “vehículo espacial”.
El título del libro se explica porque Thomas interpreta la narración del Génesis de Adán y Eva como una alegoría del colapso de una civilización antigua durante un evento de extinción masiva que precedió al diluvio de Noé. Según su teoría, existen “zonas nulas” dentro de la Vía Láctea por las que nuestro Sistema Solar pasa cada varios miles de años, provocando cambios planetarios catastróficos al invertirse los polos.
Los conocimientos científicos e históricos contemporáneos no validan ninguna de las afirmaciones de Thomas. Lo que hace aún más extraño el archivo es el contexto y sus agradecimientos. El autor comienza su libro agradeciendo a varios oficiales militares de alto rango de la Guerra Fría, señalando que sin ellos “este libro podría no existir”. Cita al general de la Fuerza Aérea Curtis LeMay, conocido por la frase “bombardéenlos hasta reducirlos a la Edad de Piedra”, al general Harold Grant, que dirigía las comunicaciones, y al almirante Rufus Taylor, oficial de inteligencia que luego se unió a la CIA. Incluye además una nota dirigida al “Estado Mayor Conjunto de aquella época” expresando su gratitud por su “inspirador apoyo”.
Los registros de WorldCat indican que el libro se publicó en 1963 y 1965, y una versión llegó a los archivos de la CIA en 1966. Permaneció inédito hasta 1993 y no se reeditó desde entonces, aunque se pueden encontrar versiones completas en internet. Su reaparición en 2019 hizo que círculos conspirativos lo compartieran erróneamente como una publicación “prohibida”.
Se desconocen los motivos de la CIA para mantener clasificado este contenido. Para cerrar su prólogo, Thomas escribió una dedicatoria a sus detractores: “A todos aquellos que ridiculizaron, despreciaron y se rieron de mí, relegándome al manicomio e incluso despidiéndome. De qué otra manera habría tenido la motivación necesaria para perseguir, resolver, encontrar y descubrir la verdad. Se lo debo a ellos”.



