Investigadores del Instituto Tecnológico de Nueva Jersey, Estados Unidos, detectaron cambios en el brillo, movimiento y turbulencia del plasma solar antes de una erupción X9 hace dos años. Los resultados del estudio se publicaron ahora en la revista especializada Solar Physics.

El 3 de octubre de 2024, el Sol lanzó una llamarada de clase X9, una de las más potentes registradas. Pero esta vez, la Nasa ya tenía sus ojos puestos ahí. El satélite IRIS venía monitoreando la región activa y obtuvo cinco horas ininterrumpidas de datos antes de la explosión.

El equipo liderado por Louis Seyfritz, del Instituto Tecnológico de Nueva Jersey, analizó tres propiedades del plasma solar: brillo, movimiento y turbulencia. Las tres empezaron a aumentar unas tres horas antes de la erupción, mostrando que el campo magnético se volvía inestable.

     

Además, detectaron ciclos regulares: el plasma oscilaba cada 7-10 minutos y cada 18-21 minutos cerca de una zona donde chocan campos magnéticos opuestos. "Si observamos esas oscilaciones, puede ser un fuerte indicador de que se va a producir una erupción", explicó Seyfritz a Space.com.

Entre 15 y 20 minutos antes del estallido, la turbulencia se disparó y el plasma comenzó a fluir hacia afuera. Fue el momento en que la atmósfera solar pasó a un estado "volátil".

¿Se pueden predecir las llamaradas?

Todavía no. El estudio analizó un solo evento y los científicos no saben si estas señales se repiten siempre. Pero el próximo paso es revisar más erupciones. Si el patrón se confirma, podría integrarse a sistemas de alerta de clima espacial.

"Ese es el objetivo", dijo Seyfritz. Por ahora, ninguna medición aislada sirve. Es la combinación de brillo, turbulencia y oscilaciones lo que daría la alerta.