Restos humanos de gran tamaño hallados en el fondo marino del canal de Penghu, en Taiwán, reavivaron teorías que los vinculan con los Nepfilim bíblicos y el diluvio universal. El estudio, aún sin revisión por pares, no establece ese vínculo y revela que su enorme complexión desafía las reglas evolutivas conocidas.

Los huesos fueron hallados en el canal de Penghu, entre Taiwán y China continental, y analizados por un equipo liderado por la Universidad de Tokio. A partir de proteínas conservadas en su interior, los investigadores los identificaron como pertenecientes a denisovanos, un antiguo grupo humano que se separó del linaje neandertal hace unos 550 mil años y habitó vastas zonas del este de Asia.

Se trata de un fémur parcial, denominado Penghu 2, y una tibia, Penghu 3. Ninguno estaba completo, por lo que el equipo reconstruyó su tamaño comparándolos con huesos de humanos antiguos y modernos. El fémur habría medido unos 49 centímetros completo, correspondiente a un individuo de aproximadamente 1,80 metros y 83 kilos. La tibia, de unos 43 centímetros, con una protuberancia por una herida curada, correspondería a alguien de 1,90 metros y 91 kilos. Es decir, entre 20 y 30 centímetros más alto y entre 20 y 30 kilos más pesado que el Homo erectus del norte de China de hace 750.000 años, y notablemente más alto que el hombre promedio actual, de 1,75 metros.

     

Hasta ahora, los denisovanos se conocían por cerebros grandes, mandíbulas poderosas y dientes inusualmente grandes, pero la escasez de huesos por debajo del cráneo había impedido definir su estatura. Estos fósiles aportan ahora la imagen de cuerpos enormes y de complexión robusta.

El hallazgo desafía además la regla de Bergmann, que predice que las poblaciones humanas más cercanas al ecuador deberían ser más pequeñas que las del norte frío. Según el estudio, el frío del período en que vivieron no alcanza para explicar sus proporciones. El análisis químico de la tibia sugiere una dieta rica en carne, y otros indicios apuntan a que cazaban desde cabras de montaña hasta grandes herbívoros y carnívoros. 

     

Los investigadores creen que un cuerpo grande y fuerte les habría permitido cazar con herramientas menos sofisticadas que las de los primeros humanos modernos. El fémur presenta además una cresta gruesa en su parte posterior, asociada en cazadores-recolectores a desplazamientos extensos a pie, lo que indicaría una vida muy nómada, o bien mestizaje con Homo sapiens, con quienes se sabe que intercambiaron ADN en el sur de Asia.

Las dimensiones y el hecho de haber sido recuperados del fondo marino dispararon interpretaciones alternativas. El investigador independiente Jimmy Corsetti afirmó en X que los denisovanos eran 20 centímetros más altos que el hombre promedio y preguntó si no eran los "gigantes nefilim" descritos en la Biblia, sugiriendo que el hallazgo bajo el mar sería compatible con el relato del Gran Diluvio.

Los Nephilim aparecen dos veces en el Antiguo Testamento —en Génesis 6:4, poco antes del Diluvio, y en Números 13:33— y con mayor detalle en el Libro de los Vigilantes, primera sección de 1 Enoc, donde se los describe como hijos de ángeles caídos y mujeres humanas, gigantes violentos cuyo espíritu permanecería en la Tierra como espíritus malignos tras el diluvio enviado por Dios.

Sin embargo, el propio estudio no presenta ninguna evidencia que vincule a los denisovanos con los nefilim ni con un diluvio bíblico global, y sus resultados aún no fueron revisados por pares. Los autores remarcaron que no pudieron determinar el sexo por pruebas biológicas, aunque el tamaño sugiere que se trataba de varones, y que se necesitarán más fósiles y evidencia genética para saber si estos cuerpos gigantes eran la norma en la población.