Científicos de la Universidad de Florencia encontraron dentro de restos de la bomba atómica un material microscópico forjado a más de 7.000°C. No coincide con ninguna aleación conocida. La bomba atómica no solo destruyó una ciudad, también creó materia nueva y 81 años después sigue revelando secretos que no estaban en la tabla periódica.

Un equipo de la Universidad de Florencia reveló en la revista Science Advances que la explosión de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, forjó un metal completamente desconocido hasta ahora, nunca visto en la naturaleza ni en un laboratorio. El hallazgo estaba oculto dentro de una partícula vítrea del tamaño de un grano de arena, bautizada como “hiroshimaíta”, recuperada en las arenas de la playa de la bahía de Hiroshima, a kilómetros del hipocentro.

Según los investigadores, cuando "Little Boy" explotó a 580 metros de altura liberando una energía equivalente a 15.000 toneladas de TNT, la temperatura dentro de la bola de fuego superó los 7.000 °C. En ese instante, edificios, suelo, acero, vidrio y todo a su alrededor se vaporizó en una nube de metales fundidos. Esa nube se condensó y se enfrió de forma ultrarrápida mientras la bola de fuego se expandía, congelando los átomos en una posición imposible.

     

El resultado es una aleación microscópica -de apenas unos pocos micrómetros- compuesta por hierro, cromo, níquel, manganeso, molibdeno, silicio y aluminio. Proporciones similares a las del acero inoxidable, pero con una estructura cristalina que no debería existir. "Informamos del descubrimiento de una aleación multicomponente previamente desconocida... formada durante la explosión atómica aérea del 6 de agosto de 1945”, escribieron los autores. “Es probable que se haya formado por condensación a partir de un vapor metálico mixto, seguido de un enfriamiento ultrarrápido en la bola de fuego en expansión”.

Para confirmarlo, analizaron 34 diminutas partículas vítreas recogidas en la bahía con microscopios electrónicos de alta potencia, análisis químicos y difracción de rayos X. Al comparar el grano anómalo con miles de materiales registrados en bases de datos internacionales, no encontraron coincidencias.

Los científicos creen que la aleación ocupa un "punto óptimo” desconocido en la ciencia de materiales, un estado que solo puede lograrse con calor extremo y enfriamiento instantáneo.

No es el primer caso. A principios de este año, otro estudio independiente encontró que la primera prueba nuclear de la historia, Trinity, en Nuevo México en 1945, había creado un "cristal imposible" o cuasicristal dentro de la trinitita, el vidrio verde radiactivo que llovió tras la detonación de "El Gadget".

Esas pruebas demuestran que las explosiones nucleares son auténticas forjas de materiales exóticos. “Este estudio demuestra que las condiciones extremas de origen antropogénico pueden dar lugar a la formación de materiales hasta ahora desconocidos”, concluyeron los investigadores de Florencia.

El hallazgo abre dos caminos inquietantes y fascinantes a la vez. Por un lado, sugiere que entre los restos de la lluvia radiactiva de Hiroshima aún puede haber decenas de partículas exóticas sin descubrir. Por otro, entender cómo se formó esta aleación podría ayudar a replicarla en laboratorio para crear materiales más resistentes, más livianos o capaces de soportar temperaturas extremas.