Investigadores de la Universidad de Utah, Estados Unidos, identificaron al Lanmaoa asiatica como el causante de las extrañas "alucinaciones liliputienses" reportadas durante un siglo en China, Filipinas y Papúa Nueva Guinea. El hongo contendría un compuesto alucinógeno totalmente nuevo para la ciencia.

Durante casi un siglo, la ciencia estuvo desconcertada por el mismo relato imposible. En el suroeste de China, el norte de Filipinas y Papúa Nueva Guinea, personas que comían hongos silvestres aseguraban ver decenas, e incluso cientos, de diminutas figuras humanas de entre 3 y 30 centímetros, caminando sobre las mesas, escondiéndose bajo las puertas y nadando en la sopa. Ahora, investigadores de la Universidad de Utah creen haber encontrado finalmente al culpable, según publicó el medio británico Daily Mail.

Se trata del Lanmaoa asiatica, un hongo de aspecto inofensivo perteneciente a la familia de los boletos y muy consumido en la provincia china de Yunnan, donde crece más del 40% de los hongos comestibles del mundo. Allí los hospitales tratan cientos de casos al año y los lugareños advierten lo mismo: si se consume poco cocido, provoca visiones extremadamente vívidas.

     

"La gente casi siempre informa haber visto docenas o cientos de personitas, con un detalle increíble, como si estuvieran realmente allí", explicó Colin Domnauer, coautor del estudio. "Alrededor del 90 por ciento los describe como pequeños elfos, payasos u otras figuras parecidas a hadas vestidas con ropas coloridas". Son las llamadas alucinaciones liliputienses, nombradas por los habitantes de la isla de Lilliput en Los viajes de Gulliver.

Lo que las hace tan inusuales es su coherencia y su realismo físico. No son apariciones que atraviesan paredes. "Lo fascinante es que interactúan con el mundo físico utilizando las leyes de la física que nos rigen. Se caen de los bordes de las mesas, rodean objetos. Una persona me dijo que mientras comía sopa, los pequeños seres saltaban de la cuchara al tazón y nadaban por todas partes", contó Domnauer.

Los primeros informes datan de 1934, cuando misioneros en Papúa Nueva Guinea documentaron lo que llamaron "locura por setas". En las décadas de 1950 y 1960, antropólogos llevaron muestras a laboratorios de todo el mundo, incluso al de Albert Hofmann, el científico que aisló la psilocibina y descubrió el LSD. No encontraron ningún compuesto psicoactivo conocido y se concluyó que todo era un fenómeno sociocultural.

El caso se reavivó en los 90 en Yunnan y volvió a aparecer en 2024, cuando Domnauer escuchó los mismos relatos en una comunidad indígena de la Cordillera del Norte de Filipinas, donde el hongo es conocido como Sedesdem. Viajó a China y Filipinas, recolectó muestras y mediante secuenciación de ADN confirmó que Sedesdem y el Jian Shou Qing chino eran la misma especie: Lanmaoa asiatica.

"Tres culturas completamente independientes han reportado el mismo tipo específico de alucinación, y dos casos se atribuyen a la misma especie verificada por ADN. Eso indica que no son manifestaciones culturales ni coincidencias; debe tener una base química y neurológica subyacente común", afirmó.

Al analizar las muestras en el laboratorio, los investigadores no hallaron rastro de ninguna sustancia alucinógena conocida. La conclusión es que el hongo debe contener un compuesto totalmente nuevo para la ciencia, capaz de producir de forma única estas visiones.

Las alucinaciones liliputienses también se asocian a la abstinencia de alcohol, la demencia y la degeneración macular, pero sus mecanismos siguen sin comprenderse y no tienen tratamiento. Si este hongo puede inducirlas de forma fiable, podría convertirse, según Domnauer, en una herramienta muy poderosa para futuras investigaciones sobre cómo el cerebro construye la realidad.