Un equipo de la Universidad de Helsinki utilizó tecnología láser aerotransportada para mirar bajo el follaje más denso del planeta y encontró lo que parecía imposible: una civilización perdida a escala continental. Cientos de movimientos de tierra gigantescos, hasta ahora invisibles, que sugieren que la selva no estuvo vacía, sino repleta de millones de personas.
La investigación, publicada en la revista especializada Nature, se centró en la cultura Aquiry, que floreció en el suroeste del Amazonas durante el primer milenio. Con LiDAR - un sistema que dispara millones de pulsos láser desde un avión y atraviesa los huecos del dosel para mapear el suelo- los investigadores detectaron casi 400 estructuras hasta ahora desconocidas.
Eran solo la punta del iceberg. Mediante modelos informáticos, estimaron que en un área de 400.000 kilómetros cuadrados -el tamaño del Reino Unido- podrían esconderse más de 20.000 movimientos de tierra. No son simples aldeas. Son obras monumentales: zanjas profundas y terraplenes elevados que forman círculos, cuadrados, rectángulos y octágonos perfectos de cientos de metros de diámetro.
We thought the Amazon was empty.
Then LiDAR revealed hundreds of geometric earthworks—built by a civilization that may have numbered three million people under a canopy long considered nearly vacant.
The forest was engineered. #Amazon #Archaeology #LiDAR #Discovery pic.twitter.com/AHTmXDhHE2— daryl (@shortsbydaryl) July 30, 2026
“Nuestros hallazgos dan un vuelco a nuestra comprensión del pasado de la región amazónica”, afirmó el profesor Martti Pärssinen, autor principal del estudio. “Basándonos en nuestra documentación, este área cultural por sí sola contiene tantas construcciones de tierra como las que se estimaban para toda la Amazonía”.
Lejos de ser fuertes, los análisis indican que eran centros políticos y ceremoniales. Según las tradiciones orales indígenas, allí se celebraban rituales, banquetes, danzas, competencias atléticas, juegos de pelota y reuniones para la toma de decisiones.
Los sitios más grandes estaban unidos por una red de carreteras y calzadas sorprendentemente rectas, lo que revela una planificación regional sofisticada, no un puñado de tribus dispersas. Los Aquiry transformaron la selva sin destruirla. Quemaban sectores para levantar los centros y cultivar maíz, calabaza y mandioca, practicaban la horticultura y gestionaban especies de árboles valiosos, manteniendo al mismo tiempo enormes extensiones de bosque en pie. “El impacto humano en el medio ambiente del Amazonas ha sido mucho mayor de lo que se creía”, añadió Pärssinen.
¿3 millones de personas?
El dato más disruptivo es demográfico. El equipo calcula que solo en esa región, entre los años 100 y 300 d.C., vivían entre 1,25 y 3 millones de personas. Si ese patrón se repite en otras partes de la cuenca, la población precolombina total del Amazonas y su impacto en el suelo, la biodiversidad e incluso en los modelos del clima global deberán ser completamente reevaluados.
Aún quedan dos enigmas enormes: no se sabe qué lenguas hablaban, cómo se llamaban a sí mismos, ni por qué esta red de ciudades colapsó de forma abrupta alrededor del año 850 d.C., mucho antes de la llegada de los europeos.



