No es solo la extraña mezcla de perro con zorro, su pelaje naranja casi rojizo, sus patas estiradas o sus orejas altas y rígidas que evidencian su identidad rústica, el aguará guazú es fascinante por su fisonomía y también por su andar enigmático. Mueve al mismo tiempo las patas delanteras y traseras de un lado y luego del otro, como un camello pero en medio del litoral.

Los guaraníes le pusieron bien su nombre: aguará es “zorro” y guazú, “grande”. Es el mayor cánido de Sudamérica con hasta 1,7 metros de largo. La especie (chrysocyon brachyurus) fue declarada “monumento natural provincial” por la ley 12.182 de Santa Fe. Está “amenazada” por la caza, atropellamientos y la sustitución de pastizales por cultivos. Forma parte de los entre 1.500 y 2.000 animales silvestres dentro del Centro de Rescate, Investigación e Interpretación de Fauna “La Esmeralda”.

El predio de 13 hectáreas arboladas está en la zona norte de la ciudad de Santa Fe. Aún es conocido como “la granja”, como se llamaba hace años cuando era una especie de zoológico y los alumnos de las escuelas recorrían el lugar. Ahora, cuando Rosario3 recorre las instalaciones, está cerrado al público por obras que lo van a transformar en un espacio modelo. Se ampliarán las áreas de hospital y cuidado de la fauna recuperada, y además se crearán espacios para la educación ambiental.

  Alan Monzón/Rosario3
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Los veterinarios, biólogos y cuidadores trabajan para rehabilitar y reinsertar a las distintas especies en sus hábitats naturales. Eso hicieron con un carpincho, dos gatos monteses, 13 comadrejas y un yacaré en una reserva de Cayastá hace dos semanas (ver crónica y fotos aparte). Pero muchos ejemplares no pueden ser liberados. Algunos porque son exóticos (no propios de las ecorregiones argentinas) y otros por lesiones o enfermedades (hay aves tuertas, sin alas o mamíferos con patas dañadas, entre otros).

Existe un tercer factor que los condena a permanecer en el centro: las especies que se domestican en cautiverio o que directamente nacieron dentro de La Esmeralda y no sobrevivirían en la naturaleza.

Esa es la situación de, por ejemplo, Mataco y Anahí, aguará guazú macho y hembra, en dos parcelas que están conectadas. En lugar de alejarse de un humano y buscar la soledad, como harían en pastizales, sabanas, palmares y humedales del sudeste de América, estos dos ejemplares se acercan curiosos y amistosos ante una visita. Olfatean y parecen perritos juguetones, salvo por sus colmillos largos.

Anahí tiene 5 años y llegó como cachorro bebé al lugar. Son animales que no serán liberados y sirven para reproducción. También para generar conciencia entre los futuros visitantes del centro.

 Alan Monzón/Rosario3
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Monos carayá, el quinto monumento

La Esmeralda tiene una primera zona de ingreso que se llama “Cuarentena interna” y espacios al aire libre de “Cuarentena externa” para "ejemplares en rehabilitación”.

Amadeo, un jabalí enorme que lleva ya varios años entre la planta permanente de la exgranja, es la antesala a la zona de los monos. Los primates pueden ser “araña” (amazónicos), de unos expresivos ojos celestes, “capuchino” (del norte argentino), que miran desafiantes mientras se rascan la panza, o “carayá” (desde el norte de Santa Fe al sur de Brasil), pero todos son curiosos.

Alan Monzón/Rosario3
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Santa Fe tiene leyes de protección que declaran monumento natural, además del aguará, a dos aves en riesgo: águila coronada y cardenal amarillo; y también al venado de las pampas

El próximo paso será sumar al mono carayá a ese listado. Si el proyecto de ley que está en la Legislatura prospera, será una “especie paraguas”. Se las llama así, explica Mauro Pergazere, veterinario y director de la Delegación Centro del Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de Santa Fe, porque a partir de su estatus se cuida a todo el ambiente que los rodea.

 Ambiente de Santa Fe
. Ambiente de Santa Fe

La protección al mono carayá funcionará en la práctica como una buena noticia para todo el humedal Jaaukanigás, en el noreste de la provincia, uno de los sitios Ramsar (declaración de importancia internacional) que tiene Santa Fe.

La especie (alouatta caraya) es autóctona de Argentina, Paraguay, Brasil y Bolivia. Se lo conoce como “mono aullador”: su sonido puede ser escuchado a más de un kilómetro de distancia.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), está catalogada a nivel mundial como “casi amenazada” y su población disminuye. En Argentina, se la considera “vulnerable”.

Otro de los mamíferos en riesgo y con protección (misma ley que el aguará de 2003) es el venado de las pampas. Es un cérvido de tamaño mediano de las llanuras de Sudamérica.

El venado local está en “peligro de extinción” por factores compartidos con otras especies (caza y sustitución de pastizales por cultivos) y también por el ataque de perros e invasores exóticos (ciervos axis o cerdos).

Águila coronada y cardenal amarillo

En el caso del águila coronada, se encuentra en el centro y norte de la bota. “Encuentra” es una forma de decir. Está en “peligro de extinción” y quedan mil ejemplares en el mundo (en bosques y sabanas de Sudamérica). Entre las causas que la amenazan, sorprende la “electrocución” en las torres de alta tensión.

El Ministerio de Ambiente tiene un plan de trabajo para identificar áreas críticas y mitigar los riesgos, al igual que con los atropellamientos de fauna en las rutas.

En agosto que pasó, Santa Fe presentó su primer mapa para la reducción de estos siniestros con medidas como pasafaunas, señalética y estrategias específicas. La autopista Rosario-Santa Fe y la ruta provincial 1 son dos de las vías con más casos de ejemplares fallecidos de puma, serpiente, gato montés y aguará guazú, entre otros.

La situación del cardenal amarillo es tan delicada como la del águila: existen alrededor de dos mil ejemplares, sobre todo en Argentina. Fueron diezmados por los incendios, la deforestación y el trampeo ilegal (uso como ave de jaula).

   Alan Monzón/Rosario3 
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El desafío del loro hablador

Los espacios de La Esmeralda contienen distintos tipos de aves: halcones, lechuzas, águilas, chimangos. Hay, también, gavilanes que son curados para ser liberados (como ocurrió por ejemplo en la plaza San Martín de Rosario para controlar la población de palomas) y otros que seguirán en cautiverio por enfermedades o lesiones por ataques (por perdigones o gomeras).

Alan Monzón/Rosario3 
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Los colores azules, verdes y amarillos saltones de unos guacamayos recuperados del tráfico ilegal llaman la atención. Gracias a convenios con organizaciones de Paraguay, serán llevados a ese país. Enfrente están los loros habladores que, junto con las tortugas, son los más afectados por la captura y venta como mascotas, algo prohibido por las leyes vigentes.

 Alan Monzón/Rosario3 
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El Ministerio aborda con localidades del norte de Santa Fe la larga tradición en el tráfico de loros habladores. Una práctica que, incluso, utiliza a niños para capturar crías de los nidos en los árboles (trabajo infantil). 

Cuando los equipos realizan liberaciones en montes nativos, por ejemplo en la zona de Villa Guillermina (departamento General Obligado), coordinan charlas y tareas de concientización con la comunidad para revertir ese proceso.

  Ambiente de Santa Fe
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Pumas rescatados de un coto de caza

Una cría de yaguarundí, felino del pastizal, es la evidencia de que no siempre la separación de un animal de su hábitat es mala fe. A veces es ignorancia, o un voluntarismo invasivo: personas que llevan a La Esmeralda pequeños ejemplares que creen abandonados por sus madres (cuando a lo mejor se fueron a cazar) y con esa acción los condenan al cautiverio.

  Alan Monzón/Rosario3 
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En cambio, el origen de los cuatro pumas que están en el recinto más grande de La Esmeralda es bien distinto: fueron decomisados de un coto de caza ilegal en la estancia La primavera, departamento San Cristóbal. Uno pequeño, de nueve meses, llegó con una fractura de mano: víctima del mascotismo en San Justo.

 Alan Monzón/Rosario3  
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A la vuelta de ese lugar, está la laguna con casi 40 yacarés (Rosario3 acompañó semanas atrás la liberación de Ricardito con una historia particular) y tortugas. Son más de 320 los reptiles que conviven en La Esmeralda. Rebeldes, los lagartos overo (iguanas) no conocen de límites y se pasean por el lugar.

   Alan Monzón/Rosario3 
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Pergazere explica que la población del centro de rescate y recuperación cambia porque “todo el tiempo recibimos animales y también hay liberaciones, dos o tres veces al mes, depende”. En todo 2025, hubo 520 reinserciones: más de 400 aves, 100 mamíferos y 11 reptiles.

   Alan Monzón/Rosario3 
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El centro es un hospital de mediana y alta complejidad. Cuando las obras estén finalizadas, reabrirá al público como un espacio de educación ambiental. Una primera etapa de oficinas se inaugurará en los primeros meses de 2026 pero las visitas se retomarán más adelante.