Terminó la tercera ola de calor en Francia de los últimos dos meses y las autoridades confirmaron que esta última fase se convirtió en el ciclo más prolongado desde el inicio de los registros en 1947.
El país ya había atravesado una primera ola de calor a fines de mayo, la más temprana de la que se tiene registro, y una segunda a finales de junio, considerada incluso más intensa que la histórica de 2003, debido a que se alcanzaron temperaturas máximas récord tanto durante el día como en la noche.
Entre el 17 de junio y el 2 de julio, ese fenómeno provocó 5.764 muertes por encima de lo esperado para ese período.
Aunque la cifra es elevada, sigue siendo inferior a las más de 13.000 muertes registradas durante la ola de calor de agosto de 2003. Las olas de calor más extensas registradas en Francia continúan siendo la de julio de 1983, que se prolongó durante 23 días, y la de julio de 2006, con una duración de 21 días.
Las consecuencias
De acuerdo con los parámetros establecidos por Météo-France, una ola de calor se define como un período de varios días consecutivos con temperaturas superiores a los valores habituales. Para ello, el indicador térmico nacional debe alcanzar al menos 25,3 °C durante un día y mantenerse en 23,4 °C o más durante un mínimo de tres jornadas.
Las altas temperaturas también tuvieron un fuerte impacto ambiental. Hasta el momento, Francia contabiliza más de 44.000 hectáreas afectadas por incendios forestales, una superficie considerablemente superior a la registrada en el mismo período de 2025, año que ya había sido excepcional en materia de incendios. Esta situación incrementa la preocupación ante la posibilidad de una temporada récord.
A este panorama se suma la disminución de las reservas de agua.
Según informó a comienzos de julio la Oficina de Investigaciones Geológicas y Mineras (BRGM), el 54 % de los acuíferos y reservas hídricas del país se encontraba, al 1 de julio, por debajo de los niveles normales para esa época del año.



