Una escena de extrema tensión y violencia se vivió en la zona sur de Rosario, cuando una vecina y su hija fueron violentamente atacadas por un perro de gran porte que circulaba sin bozal en la entrada de un edificio. El dramático episodio, que quedó registrado por cámaras de seguridad, ocurrió en las inmediaciones de Grandoli y Ayolas, un sector con alta circulación escolar y peatonal.

La víctima, identificada como Daniela, relató los angustiantes segundos que debió atravesar cuando el animal la derribó. Según su testimonio, todo se desencadenó de manera imprevista cuando se dio vuelta para abrir la puerta del edificio a un vecino al que cruzaba habitualmente.

“En ese momento siento que el perro me abraza, me tira al piso y ahí comienza todo el ataque”, relató la mujer al móvil de De 12 a 14 (El Tres). La agresión escaló rápidamente en intensidad: “Yo sentía como cuando se despega la carne del hueso. En el segundo ataque me da vuelta y me empieza a zamarrear, hasta que logré ver que me estaba muriendo y que si no hacía algo, se terminaba”.

En medio de la desesperación y ante la dificultad del dueño para contener al animal, Daniela logró una maniobra defensiva límite para evitar una tragedia mayor: “Lo pude agarrar de los testículos y ahí me soltó”. Tras el ataque, la presencia de otros vecinos con palos logró frenar una tercera embestida mientras la mujer y su hija quedaban a resguardo.

     

Asistencia médica y secuelas

 

Tras el dramático episodio, una ambulancia se hizo presente en el lugar para realizar las primeras curaciones sobre las múltiples heridas registradas principalmente en el lado derecho de su cuerpo, la espalda, la zona del cuello y una de sus orejas. 

Posteriormente, Daniela fue trasladada al Hospital Roque Sáenz Peña y luego al Cemar para recibir la aplicación de la vacuna antitetánica, entre otras atenciones médicas. 

“Quedé muy asustada, con mucho miedo a ver perros. Yo pensé que no la contaba”, expresó la vecina, quien reconoció que el hecho alteró por completo la dinámica familiar y escolar de su hija, quien debió pasar a recibir clases virtuales por parte del establecimiento educativo en el tramo final del ciclo lectivo.

El reclamo y el destino del animal

 

Si bien en un principio la víctima dudó en avanzar con presentaciones legales por temor a que el animal fuera sacrificado, las circunstancias posteriores la llevaron a formalizar la situación. Según explicó, el dueño del can había prometido inicialmente entregarlo a las autoridades del Imusa, pero luego desistió de la decisión bajo la premisa de reubicarlo. 

Sin embargo, Daniela advirtió sobre el peligro latente en la zona: “Ayer a la 1.15 de la tarde, en pleno horario de entrada y salida de la escuela que está a metros, el señor estaba paseando al perro. Yo lo que quiero es que lo tenga alguien que lo pueda dominar, para que el perro esté seguro y para que estén seguros los vecinos”.