La Nasa quiere jubilar la Estación Espacial Internacional haciéndola caer en el océano a fines de 2030. El plan ya está en marcha, pero sumó críticas de organizaciones ambientales y de un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos.
Entre 2028 y 2029 la ISS empezará a descender por fricción atmosférica y maniobras del segmento ruso. En 2029, un Vehículo de Desorbitación Estadounidense provisto por SpaceX se acoplará y, con 46 propulsores, la empujará hacia el Punto Nemo, el lugar más remoto del planeta. La Nasa prevé que partes de la estación sobrevivan al reingreso y caigan en esa zona del Pacífico Sur, según publicó el sitio especializado Space.com.
The Ocean Foundation advierte que el plan “plantea serias preocupaciones para la salud de los océanos que la comunidad espacial no ha abordado”. Su presidente, Mark Spalding, apuntó a un bache legal: según el Convenio de 1972, si los desechos dañan otro país hay que indemnizar, pero “no existe una protección equivalente para el océano".
“Cuando apuntan a alta mar, no contraen ninguna obligación legal de pagar por la limpieza”, dijo. Y agregó: “La lejanía del Punto Nemo no debe confundirse con falta de valor. El océano merece la misma protección que los territorios nacionales”.
Lo que no se sabe y lo que piden
Spalding remarcó que se desconoce qué materiales densos llegarán al fondo marino y qué daño causarán. “Es muy preocupante para una estructura del tamaño de un campo de fútbol. No todo se quema al reingresar”. También falta estudiar el impacto atmosférico de la mayor reentrada de la historia.
La fundación exige una evaluación ambiental completa, la lista pública de materiales que caerán al océano y un análisis jurídico bajo la Convención del Mar, el Protocolo de Londres de 1996 y el Acuerdo BBNJ.
“En alta mar no existe un soberano que pueda exigir responsabilidades. Creemos que es necesario subsanar esta laguna en el derecho internacional, y la desorbitación de la ISS es una clara muestra de por qué”, cerró Spalding.



