El proyecto petrolero Sea Lion colocó nuevamente a las Islas Malvinas en el centro de la tensión entre Argentina y Reino Unido. Ubicado a 220 kilómetros al norte del archipiélago, el yacimiento avanza hacia su etapa de desarrollo con la expectativa de iniciar producción comercial en 2028 y alcanzar un pico de hasta 50.000 barriles diarios hacia 2032.
La discusión volvió a instalarse en un contexto marcado por episodios recientes vinculados con el histórico reclamo argentino por su soberanía sobre las Malvinas y las islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Por un lado, la incursión de un buque británico en aguas argentinas y, por otro, la repercusión que tuvo el gesto de los futbolistas argentinos que mostraron el mensaje “Las Malvinas son argentinas” tras el triunfo ante Inglaterra.
Se trata de un proyecto que no solo promete terminar con la dependencia económica de ese territorio de la pesca y la ganadería, sino además “reavivar las tensiones de soberanía entre Argentina y el Reino Unido”.
Así los señalaron desde el Financial Times en un artículo publicado a principios de julio, en el que plantearon lo siguiente: “Durante décadas, la economía de las islas Malvinas dependió principalmente del calamar y la cría de ovejas. Ahora, la posibilidad de un auge petrolero amenaza con transformar este pequeño territorio de ultramar y reavivar las tensiones de soberanía entre Argentina y el Reino Unido”.
El proyecto Sea Lion podría triplicar el PBI de las Malvinas y cambiar la vida de sus habitantes: “Los máximos de impuestos y regalías proyectados por los operadores del yacimiento, Navitas Petroleum de Israel y Rockhopper del Reino Unido, equivaldrían a unas £80.000 anuales por cada uno de los cerca de 3.500 habitantes”, añadieron en el diario británico.
Un proyecto en marcha
En este contexto, los habitantes de las Malvinas se preparan para el mayor desarrollo económico desde la instauración del régimen de licencias pesqueras en 1987. En la actualidad, el 60% del PBI del archipiélago proviene de exportaciones de productos del mar, por lo que el salto que implicaría Sea Lion para la economía local es inédito por su escala y proyección.
La construcción de la infraestructura necesaria para la explotación de Sea Lion ya comenzó, y las primeras extracciones están previstas para marzo de 2028. La empresa israelí Navitas Petroleum posee el 65% de participación en el emprendimiento, mientras que la británica Rockhopper Exploration controla el 35% restante.
En diciembre de 2025 se oficializó la Decisión Final de Inversión (FID), un hito clave dentro de la industria petrolera porque implica que los estudios técnicos, económicos y financieros ya fueron completados y que la explotación fue considerada comercialmente viable. Según las proyecciones oficiales del proyecto, las reservas estimadas ascienden a más de 313 millones de barriles, y se estima que podría alcanzarse un flujo de extracción de 50.000 barriles diarios para 2032.
Mientras tanto, se ejecutan obras de renovación en el puerto y los muelles de las Malvinas. En los próximos meses llegarán piezas prefabricadas para un hotel de 160 camas destinado al personal del proyecto y durante el resto del año se prevé la construcción de un helipuerto para el traslado de los trabajadores offshore.
La nueva infraestructura que se construye en la bahía de Puerto Argentino permitirá operar buques de apoyo, abastecimiento y logística para la actividad petrolera offshore. El cronograma difundido por la administración colonial prevé que los pontones fabricados en China lleguen al Atlántico Sur durante 2027 y que el puerto entre en funcionamiento poco antes del inicio de la producción de petróleo.
La propia documentación de Rockhopper muestra que la empresa ya contrató los principales servicios necesarios para la explotación. Entre ellos figura el alquiler de una unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga de petróleo, la contratación de una plataforma de perforación y los servicios asociados para completar los pozos.
Un desarrollo económico que atraviesa el reclamo argentino
Si bien se trata de un desarrollo pequeño en comparación con otros proyectos offshore, el impacto en la economía local sería contundente, además del giro que representaría para una región en la que las inversiones de este tipo han quedado –desde la guerra de 1982– supeditadas a la disputa de soberanía.
En las islas, la expectativa por el ingreso de divisas es alta. El gobierno local proyecta utilizar los ingresos provenientes del petróleo para financiar mejoras en la infraestructura, que atraviesa un estado crítico.
En los últimos años, las Malvinas sufrieron cortes de energía reiterados y el Ejecutivo insular encaró proyectos para construir una nueva central eléctrica diésel, turbinas eólicas, una planta de tratamiento de residuos y un nuevo puerto, con un costo total de US$ 350 millones. En ese sentido, la legisladora local Cheryl Roberts afirmó: “Necesitamos asegurar más ingresos para las islas. Nunca estuvimos tan cerca”.
El gobierno de las Malvinas prometió también en rondas anteriores de exploración que parte de los ingresos petroleros se destinaría a la defensa del territorio y al mantenimiento de la guarnición del Ejército británico, que representa un costo anual de decenas de millones de libras para el Reino Unido.
El auge petrolero en el Atlántico Sur se vincula con la caída en la producción del Mar del Norte. El Financial Times subrayó que la producción británica en esa zona “cayó un 80% desde el año 2000 y los ministros han demorado nuevas licencias por cuestiones de política climática”. Según las proyecciones de Navitas, los ingresos fiscales anuales del gobierno local por Sea Lion, principalmente impuestos corporativos y regalías, podrían alcanzar £280 millones en 2034. Si se concreta ese escenario, las islas obtendrían más ingresos anuales por petróleo y gas que el propio Reino Unido, donde se prevé una caída de la recaudación a £100 millones para 2031.
En ese contexto, el exsecretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Guillermo Carmona, sostuvo que el Gobierno argentino no realizó gestiones públicas suficientes para impedir el avance del proyecto petrolero. Además, afirmó que Navitas mantiene vínculos con el Estado de Israel y consideró que, de existir una decisión política de ese país, la empresa podría abandonar el emprendimiento en Malvinas.
Desde la representación diplomática de Israel en Argentina, en cambio, señalaron que Navitas es una empresa privada y que el Estado israelí no participa en sus operaciones comerciales, postura que también fue expresada por autoridades del gobierno israelí.



