A medida que la ciudad va creciendo en población e infraestructura, el desafío de moverse por sus calles también es cada vez mayor. El parque automotor ha tenido un incremento exponencial, al tiempo que mucha gente se ha volcado por el más ecológico, saludable y barato de todos: la bicicleta, cuya presencia estelar incrementa la necesidad de respetar las normas de tránsito para disminuir al mínimo posible el riesgo de siniestros viales.

El Censo Ciclista 2025 realizado por el Ente de la Movilidad, que midió el uso de la bici en 65 puntos distribuidos en los seis distritos de la ciudad, vino a ponerle números a esa certeza que se puede corroborar parándose en cualquier esquina: “De la pandemia a esta parte, el uso de este medio de transporte se duplicó. Hoy el 10% de los desplazamientos totales en Rosario se realiza en bicicleta”, explicó Nerina Manganelli, secretaria de Movilidad municipal.

El relevamiento se enfocó en la bicicleta particular, es decir, en vecinos que eligen trasladarse con su propio rodado. Y según los datos recogidos, el Distrito Centro concentra casi la mitad de los ciclistas (46%), seguido por el Norte (25%). Más atrás aparecen los distritos Oeste y Sur (10% cada uno), Sudoeste (5%) y Noroeste (4%).

En cuanto al sistema público, las estaciones más utilizadas hoy son las de Plaza Sarmiento, Plaza Montenegro, la Facultad de Ciencias Económicas y hoy La Florida, aunque el uso varía según la época del año. De hecho, el Ente de la Movilidad prevé realizar nuevos relevamientos en verano, cuando la bicicleta también cumple un rol recreativo.

Una tendencia mundial que se consolida en Rosario

El crecimiento no es nuevo, pero sí sostenido. “Desde 2019 hasta ahora el uso de la bicicleta se duplicó”, señaló Manganelli, y remarcó que el fenómeno no responde a una única causa. Hay una decisión individual de cómo moverse por la ciudad, pero también políticas públicas que acompañan ese cambio.

En paralelo al aumento de la bici particular, el sistema de bicicleta pública Mi bici Tu Bici tuvo un crecimiento significativo. Rosario cuenta hoy con 93 estaciones activas, y el uso se fue incorporando como una alternativa más dentro del esquema de movilidad urbana. “A lo mejor uno usa el auto, otro el transporte público y otro la bici. Y nuestra tarea es dar respuesta a eso desde la planificación”, sostuvo.

Uno de los puntos de inflexión fue el cambio en el sistema de acceso. El salto más fuerte se dio en septiembre de 2024, cuando se eliminó la tarjeta Movi y se pasó a una inscripción completamente digital. “Eso fue como sacar una barrera de acceso. Mucha gente se empezó a inscribir de una forma más fácil”, explicó. Actualmente, el sistema Mi Bici Tu Bici supera los 150 mil usuarios registrados y está previsto que llegue a 102 estaciones.

 Las bicicletas públicas, distribuidas en 93 estaciones a lo largo y ancho de la ciudad.
Las bicicletas públicas, distribuidas en 93 estaciones a lo largo y ancho de la ciudad.

Infraestructura y educación

El crecimiento del uso de la bicicleta también se apoya en la infraestructura. Rosario cuenta con 205 kilómetros de ciclovías, de los cuales unos 70 se sumaron desde la pandemia. Muchas de esas trazas, que en un principio eran temporales, quedaron de forma permanente. “El uso de la bici se hizo muy fuerte y eso consolidó esas decisiones”, señaló la funcionaria.

Sin embargo, el aumento de bicicletas en la calle también expone tensiones. Para Manganelli, el eje no es sólo la norma, sino la convivencia. “Todos tenemos responsabilidad cuando estamos en el espacio público. Trabajamos en bajar las velocidades porque cuando hay un siniestro, una velocidad más baja disminuye el riesgo”, afirmó.

Desde la Secretaría de Movilidad, el abordaje incluye pensar en controles y sanciones, pero sobre todo en la educación. “Hay puntos donde la velocidad máxima es 60 kilómetros por hora y hay quienes pasan a 120. El Tribunal de Faltas los cita para que tomen conciencia”, explicó, y agregó que el trabajo educativo empieza desde los jardines de infantes, con docentes, alumnos y también con quienes prestan servicios de transporte.

Animarse a pedalear

Además de la infraestructura y las normas, hay un aspecto silencioso que desde el Estado buscan abordar: el miedo a subirse a la bicicleta. Para eso, el municipio impulsa la escuela ciclista, con clases semanales para niños y niñas y espacios pensados para aprender a andar o ganar confianza en la calle. “Hay clases para aprender y otras para sacarse el miedo. Incluso hay profesores que ayudan a usar la bicicleta pública”, contó Manganelli.

Mientras la ciudad sigue incorporando bicicletas a su paisaje cotidiano, el desafío ya no pasa sólo por sumar kilómetros de ciclovía o estaciones, sino por cómo conviven autos, colectivos y ciclistas en un mismo espacio. Una discusión que, a medida que la bici gana lugar, deja de ser futura para volverse absolutamente presente.