La ciudad de Nueva York tiene un “árbol lunar”. Se trata de un esbelto liquidámbar americano ubicado al lado del enorme olmo inglés. Sin embargo, esa semilla voló más de 2 millones de kilómetros alrededor de la Luna antes de llegar a Manhattan. El retoño germinó de una de las 1.000 semillas que la Nasa envió a bordo de la misión no tripulada Artemis I, la cápsula que orbitó la Luna en 2022 como ensayo general para el regreso de astronautas a la superficie lunar en 2028.
En los últimos dos años, cientos de estos "árboles lunares" fueron plantados en todo Estados Unidos. La idea es generar expectativa por el programa Artemis, pero también retomar una tradición.
El origen de todo fue el astronauta Stuart "Smoky" Roosa. En 1971, durante la misión Apolo 14, llevó consigo unas 500 semillas en órbita lunar. Esas semillas volvieron, germinaron y se distribuyeron en parques y sitios históricos del mundo.
Roosa no era cualquier astronauta: había sido bombero paracaidista del Servicio Forestal, de esos que se lanzan desde un helicóptero al corazón de un incendio. Llevar semillas a la Luna fue su carta de amor a las futuras generaciones.
Incluso una semilla de uno de esos primeros árboles lunares de Apolo estuvo presente como invitada en la fiesta de cumpleaños del nuevo árbol en Manhattan.
La historia de su llegada es casi cinematográfica
Steph Lucas, directora de horticultura de Madison Square Park Conservancy, pidió un árbol lunar a la Nasa en 2023. Se lo aprobaron en 2025. El árbol creció un año en silencio y lo presentaron hace unas semanas con todo: jardín con temática celestial, lectura de poesía, galería de arte infantil, cohetes de espuma y pastel para 100 personas.
Pero ese día, una densa columna de humo de los incendios forestales de Canadá tiñó el cielo de Nueva York de naranja. La calidad del aire se desplomó, muchos invitados no fueron y los que estaban usaban mascarillas KN95. De alguna forma, fue el escenario perfecto. Un árbol pensado para el futuro.
La Nasa ofrecía cinco especies: abeto de Douglas, pino taeda, secuoya, plátano de sombra y liquidámbar. Lucas eligió a propósito el liquidámbar americano, aunque su hábitat natural está un poco más al sur de Nueva York y es menos resistente al frío que el plátano. ¿Por qué? Por el cambio climático.
Los liquidámbares aman lo húmedo y templado. A medida que Manhattan se caliente en las próximas décadas, ese árbol se sentirá cada vez más en casa. "Creemos que esta será una mejor elección en el futuro", le dijo Lucas al sitio especializado Space.com.
Hoy, después de un año, el árbol ya está firmemente enraizado y se sostiene solo, sin soportes. Viéndolo a través de la neblina, Lucas dijo que está prosperando. "El espacio nos inspira, ¿verdad? Y las plantas también pueden inspirarnos", resumió. "Siempre podemos trabajar por un futuro mejor".



