Lo que hasta ahora era una anécdota de basura espacial se convirtió en una advertencia para el futuro de los asentamientos lunares. Un cohete Falcon 9 de SpaceX, de 4,5 toneladas, se estrelló contra la superficie cerca del cráter Einstein a principios de agosto.

El impacto fue fotografiado por la sonda surcoreana Danuri y por el orbitador LRO de la Nasa, y según se informa también fue rastreado por un satélite comercial chino. Viajaba a 8.690 km/h. Esa etapa había quedado vagando por el espacio durante más de un año, luego de haber enviado a la Luna el 15 de enero de 2025 al módulo Blue Ghost-1 de Firefly Aerospace y al módulo japonés Resilience de la misión Hakuto-R 2.

El choque pudo ser peor. El equipo de Danuri había detectado a fines de junio que la etapa se dirigía hacia la Luna y que pasaría cerca del orbitador. "No podíamos descartar la probabilidad de un encuentro cercano", explicó a Space.com Eunhyeuk Kim, del instituto aeroespacial coreano KARI. Finalmente, una maniobra prevista para el eclipse lunar del 28 de agosto cambió levemente la órbita de Danuri y evitó la conjunción. Al momento del impacto, la sonda estaba sobre el polo sur, lejos del punto de colisión, según publicó el medio especializado Space.com.

     

Para los expertos, el hecho marca un antes y un después. "A medida que construimos infraestructura lunar permanente, las etapas de cohetes sin control pasan de ser una molestia menor a un riesgo operativo tangible", advirtió Dean Sladen, ingeniero aeroespacial británico. En la Luna no hay atmósfera que frene los escombros, por lo que un impacto lanza regolito y roca a velocidad de bala a grandes distancias. "Si bien no representa una amenaza mayor para misiones aisladas hoy, los fragmentos eyectados a alta velocidad suponen un peligro real para los hábitats, los paneles solares y los astronautas trabajando en la zona".

     

El impacto también dejó una huella química. Aunque fue difícil de ver desde la Tierra, el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral en Chile y el Telescopio Lowell en Arizona detectaron una columna de gas de sodio y litio que duró entre cinco y diez minutos. "La columna debió haber alcanzado una gran altura", señaló William Jo, de la Universidad de Texas, que había modelado el choque.

La conclusión es clara para la industria: habrá que crear zonas de impacto designadas y protocolos estrictos de desorbitación. Como resumió Sladen, los meteoritos naturales seguirán siendo una amenaza constante y mucho más energética, pero "controlar nuestro propio hardware es simplemente la parte del perfil de riesgo que realmente podemos gestionar".