Marte no la tiene fácil con los rovers de la Nasa. Radiación intensa, tormentas de polvo y temperaturas de hasta -129 °C son parte del día a día. Pero en abril, Curiosity se topó con un problema mucho más terrenal: una piedra que no quería soltarlo. Hay video.
El 25 de abril, el rover perforó una roca marciana apodada "Atacama" como parte de su rutina de muestreo. La operación no salió como estaba planeado. En lugar de quebrarse y dejar una muestra limpia, la roca se desprendió completa del suelo y quedó adherida al tubo perforador. Cuando Curiosity levantó su brazo robótico, Atacama se fue con él, según publicó la Nasa.
Y no era una piedrita. Según estimaciones de la Nasa, la roca medía cerca de 0,5 metros de ancho en la base, 15 centímetros de espesor y pesaba unos 13 kilogramos. Por seis días, Curiosity tuvo que cargar con su pasajero inesperado por la superficie marciana.
Los ingenieros en la Tierra intentaron varias maniobras para liberar al rover. El primer intento fue hacer vibrar el taladro para aflojar la roca. No funcionó. Cuatro días después reorientaron el brazo y probaron otra vez con vibraciones. Atacama soltó algo de arena, pero siguió pegada.
Got something weighing you down? Shake it off (like Curiosity)!
The Martian explorer unintentionally picked up a rock while drilling a recent sample, but the team was able to dislodge it by having the rover move its robotic arm and vibrate the drill until the rock fell off. pic.twitter.com/LnLYjIBW2H— NASA Mars (@NASAMars) May 5, 2026
El 1 de mayo subieron la intensidad. Inclinaron más la perforadora, la hicieron girar, la sometieron a vibraciones y rotaron la broca. El plan era repetir la secuencia varias veces si era necesario. No hizo falta. En el primer intento, Atacama se desprendió y se partió en dos al golpear contra el suelo marciano.
Fue una situación inédita en los más de 13 años que Curiosity lleva explorando el Planeta Rojo. Los equipos de la Nasa resolvieron desafíos complejos en misiones espaciales, pero nunca habían lidiado con una roca entera que se negara a soltar el taladro.
Para una misión científica multimillonaria a 225 millones de kilómetros de la Tierra, el episodio resultó curiosamente familiar. Es el equivalente espacial a tener chicle pegado en la suela durante casi una semana. Las cámaras del rover registraron todo el proceso, por lo que el equipo pudo seguir cada intento en detalle.
Tras deshacerse de su polizón, Curiosity retomó su trabajo habitual: analizar el suelo, perforar nuevas rocas y seguir buscando pistas sobre el pasado de Marte. La misión continúa, ahora sin peso extra.



