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Willy Crook: “Fui criado con perros y establezco lazos de manadas”

El guitarrista y cantante habló de un futuro disco de funk y soul, de sus conciertos –“el contenido queda librado a la situación”–, de una gira con Los Abuelos de Nada –“fue grotesca”– y de por qué se fue de Los Redondos: “No soportaba más una banda con un saxofón en todos los temas”. La entrevista
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Cómo fue que una entrevista de diez minutos cortó la abulia de un mediodía de miércoles gris, lluvioso y con pronóstico reservado. Quizás, habría que preguntarle a Willy Crook cómo hace para que sus respuestas y unos teléfonos conspiren contra la humedad y la monotonía.

El músico se presenta este domingo a las 22 en McNamara, Tucumán 1016, junto a su banda. Antes, dialogó con Rosario3.com.

“Sólo podemos asegurar que el show tendrá un principio e, indudablemente, un final. El contenido queda librado a la situación, al show en sí mismo; y a todo lo que nos pasa por el cuerpo. Es algo que sucede ahí. Se complica un poco cuando llega el final de las cosas, pero vale recordar que toda estructura musical tiene estrofa-estribillo-estrofa-estribillo y Sadaic”, dijo.

"El contenido queda librado a la situación, al show en sí mismo; y a todo lo que nos pasa por el cuerpo. Es algo que sucede ahí".

Crook regresa a la ciudad con su banda aunque “con un tecladista secreto” –aclaró– “Porque la Nasa me lo pidió así”.

Junto a él (guitarra, saxo y voz) estarán Esteban Freytes, en bajo, y Juan Moro, en batería.

—Tiempo atrás, hablamos de la grabación de tu nuevo disco, ¿en qué etapa está?

—Es que ni yo sé muy bien. Entró en una etapa de desidias personales. Te diría que estoy en una etapa de recopilar el material y, terminándolo. Ya está en ciernes. Pasa que la demora siempre pide más demoras. Cuando uno se mete en un estudio hay que grabar lo que sale en ese momento. Y listo. De  lo contrario, tenés una cadena infinita de mejoramientos. Y no es que nada se pueda mejorar, pasa por respetar la frescura infinita de las cosas. Pero bueno, digamos que en los próximos cien años o antes de que me muera, lo que ocurra primero, el disco estará en la calle

—¿Sigue en pie eso de profundizar en el terrero de funk y el soul?

—Más funk. Más soul. Más yo. Creo que ahora se purifica. Anteriormente, no era tan funk, creo. Le he faltado el respeto al rock, al reggae, al bolero; pero, digamos, sigo siendo yo.

¿Y quién es él? Eduardo Pantano. El que tocó con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y Los Abuelos de la Nada, el que puso el saxo en temas de Charly García, Los Fabulosos Cadillacs, Pachuco Cadáver, Sumo, Los Gardelitos, Riff, Comida China, Los Encargados, Andrés Calamaro, Jorge Pinchevsky, Rita Marley, Los Toreros Muertos, Gotan Project, Alvin Lee, y el que gestó Lions in Love a mediados de los ’90, junto a Daniel Melingo y Stephanie Ringes. (Y editaron dos discazos).

Puede que sí, que revisar el currículum de Crook moje el babero de el/la menos cholulx.

"Uno de los motivos por los que me fui de Patricio Rey es porque no soportaba más una banda con un saxofón en todos los temas".

Si bien es cierto que su generación –aunque él haya arrancado un poco antes– no inventó el rock en castellano, sí capturó a tiempo el signo de los (nuevos) tiempos –los ‘80– y las oportunidades estéticas que el caldo musical de la década anterior dejaba en la olla.

“Oh, me pierdo en todo eso. Imaginate que en mi primer disco, a la sazón el primer disco de Patricio Rey, fue Gulp! y yo tenía 18 años. De todos modos, me considero de una generación intermedia porque he pateado con gente más grande de edad y gigantes de estatura artística. Y usted me pregunta qué me pasa. Y no puedo decir menos que «fa (coma) loco»”, dijo.

“Tengo la suerte de haber sido criado con perros y establezco lazos de manadas con la gente. Luego, ya conocidos, solemos salir a cazar juntos, a divertirnos”, continuó.

Tal como él mismo lo explica arriba, Crook grabó en el primer disco de Los Redondos y se subió al último tramo de la gira del último disco de los Abuelos de Nada (Cosas mías).

“La última gira en vida de Miguelito (Abuelo) fue formidable”, señaló, con cierta felicidad en los tonos.

—La distancia estética es grande. Y ahí estaba tu saxo.

—Sí. Bueno, de Patricio Rey mucho se ha dicho y voy a hacer lo que él me ha dicho al oído: “No digas nada”. Y con Miguelito, en el poco tiempo que estuve fue todo muy intenso. No es sencillo de narrar aquello porque es poco probable que alguno de los participantes de ese viaje se acuerde de todo. Salimos de Buenos Aires y fuimos a Asunción del Paraguay, ida y vuelta. Y la vuelta ya fue una cosa grotesca.

"Me considero de una generación intermedia porque he pateado con gente más grande de edad y gigantes de estatura artística".

Yendo del saxo a la guitarra

“En algún momento me convertí más en un compositor que en un músico. Empecé a aprender a tocar otros instrumentos en virtud de poder expresar eso que tengo en la cabeza. O sea, vencer la maldita distancia entre el cerebro y la punta de los dedos que a todos nos mortifica. Además, en gran parte, uno de los motivos por los que me fui de Patricio Rey es porque no soportaba más una banda con un saxofón en todos los temas. Creo que el saxofón es un instrumento suntuario. Es como la fresa y la nata: quedan muy bien en la torta, pero no en todos lados”, explicó Crook.

—El saxo fue el instrumento vedette en los ’80. Difícilmente encontremos un disco de pop rock grabado por entonces que no tenga unos tres solos por lado. Lo mismo pasa con la percusión y algunos grupos o solistas.

—Esta esquina se llama sentido común (risas). Es como si un periodista descubre la palabra “convengamos” y la pone en todos lados. (Más risas)

No sé cómo llegué a la esquina del sentido común, pero dieron ganas de quedarse ahí. Esperar con tiempo a que pase algún colectivo (ya sin importar la tarifa) y que te lleve lejos de la calle “convengamos”.

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