El escritor y periodista Reynaldo Sietecase publicó el último abril Cabrón (Alfaguara), una novela familiar escrita a partir de “los fragmentos” de su padre: un descendiente siciliano, voraz lector, empleado bancario y ajedrecista. Quien lo narra es el hijo varón que lleva su nombre, el mismo con el que discutía sobre política, economía y la vida misma.
El relato está organizado en cinco secciones y más de cincuenta capítulos de distinta construcción y extensión. En ellos, el autor ensaya recuerdos propios e historias sobre “La guitarra”, Hombre con perro”, “Amar y atemorizar”, El anillo”, “Lapicera”, “Sobre el llanto”, “La radio” y “Ataúd”. Estas "partes” dialogan con poesías, letras de tangos, citas bibliográficas, un padre (abuelo) ausente, una cuñada severa, una pérdida temprana y la oportunidad de un segundo amor, los nietos y hasta un viaje a Sicilia.
Cado uno de los fragmentos de esta novela tiene su identidad. Unidos, configuran el todo: una arqueología del padre que, aún en la subjetividad del título, Cabrón, es también un relato universal sobre la paternidad.
Quería contar a mi padre, no contarme a mí
Esta memoria familiar desplegada partió de una maestría en escritura creativa. “El pedido era «escribir sobre un recuerdo» y yo me acordaba perfecto de la guitarra de mi padre, pero no de su voz. Se me había borrado”, indicó Reynaldo Sietecase a Rosario3 sobre la precuela de Cabrón.
“Me volví a casa algo preocupado y busqué una filmación de él, del día que compró una cámara. Para enseñarle cómo se filmaba, el vendedor enfocó en sus anteojos, le hizo zoom al anillo, a la lapicera que tenía colgada en el pecho. Entonces, empecé un proceso raro: lo iba buscando mientras me encontraba con esos objetos. Fue como si me hubieran empezado a hablar. No pude evitar escribir sobre eso”, confió en el diálogo telefónico con este diario digital.
Pronto, “ese corpus” se organizó bajo el título de “Arqueología del padre” que fue, finalmente, el elegido para la tesis de la mencionada maestría en la Universidad de Tres de Febrero. Con el trabajo académico terminado, empezó la segunda etapa: "escribir sobre las personas ligadas al padre, y sobre el Padre".
“Yo nunca pensé que iba a escribir un libro así. No lo tenía previsto. Sí, cuando decidí mi tesis, empecé a leer libros sobre el padre. Hasta pensé que podría ser un género. Hay cantidad de libros sobre cómo es «la ley», «el orden». Me refiero a lo que trae esa formación cultural donde el Padre es el que que te cuida y el que determina tu vida. Bueno, es el patriarcado… El feminismo lo ha desnudado con toda su potencia”, continuó Sietecase, cuya novela La Rey es una de las cinco las finalistas al Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón 2026.
—¿Lo considerás una autoficción?
—No lo considero como «literatura de yo» porque yo no estoy. De hecho, el libro tenía bastantes páginas más que luego limé. Yo no era el personaje, sino mi padre. Me parece más una novela biográfica o familiar. Además, la memoria es muy vaga. De hecho, estoy recibiendo devoluciones de familiares que me quieren corregir alguna cosa y digo: «No. Yo lo recuerdo así». Hay cosas que tienen que ver con ese ejercicio raro que te provoca la memoria atravesada por lo afectivo. Por eso, dos personas cuentan distinto un mismo recuerdo. En este caso, era la historia de mi padre y no quería interrumpirla conmigo. Esto lo logré también gracias a mi editora, Magalí Etchebarne. Quería contar a mi padre, no contarme a mí. En todo caso, si quisiera hacerlo, podría escribir otro libro. Sí mucha gente me dice que se siente identificada porque también es parecido a su padre. Hay mucho sobre la inmigración italiana a la Argentina en el libro, además de la paternidad, la familia…
—No es un libro sobre vos y tiene elementos más allá de lo personal, pero ¿movilizó algo que no tenías en los planes o creías resuelto?
—Me hizo poner en juego mi paternidad. Me hizo volver análisis y revisar un montón de cosas. Fundamentalmente, porque me di cuenta de que yo siempre pensé que tenía miles de cosas buenas de mi padre, y también tengo las malas, las que no me gustan (…) Charlé mucho con mi hermana. Uno no charla tan en profundidad con los hermanos sobre su padre o su madre porque hay cosas que se dan por sentadas. Este libro me hizo conversar con personas con las que no había hablado de mi viejo. Mi mamá murió cuando yo era adolescente y mi papá se casó otra vez con Pochi. Con ella, no había hablado de, no sé, cómo se conocieron. Y lo hice ahora. De hecho, la idea del título, Cabrón, me lo dio ella. Así que, por añadidura, el libro me permitió eso.
Cuando vi la foto de mi viejo (en la tapa), el título y mi nombre, me llamo como mi padre, me dije: «Reynaldo Sietecase, cabrón». La verdad, es un poco así.
—¿No tenías el título hasta ese momento o descartaste alguno?
—El título iba a ser “Últimas noticias de mi padre”. En la charla, Pochi me dijo: «Se tiene que llamar cabrón». Me impresionó mucho. Me dejó helado. No pensé que me iba que a decir algo así. Cuando mandé el texto final a la editorial, le puse “cabrón” al capítulo en el que hablé con ella porque me parecía divertido. También envié cuatro o cinco fotos, entre las que estaba la de la tapa, con mi padre en el Servicio militar. Entonces, me dicen que el título es ese. Al principio, no me convencía mucho porque lo sentía muy duro. Pensé en cómo lo iba a tomar mi hermana o mi familia, pero me fui amigando. Primero, por la potencia de una sola palabra. Luego, ya con la foto de mi viejo, el título y mi nombre, me llamo como mi padre, me dije: «Reynaldo Sietecase, cabrón». La verdad, es un poco así (risas).
—“El viaje” es el único capítulo que es también una “sección”. Ahí narrás el recorrido que compartiste con tu papá por Italia y el desembarco en Sicilia, la tierra de los Setticasi…
—Lo que más me preocupaba de este libro era que yo iba escribiendo fragmentos sobre objetos. Entonces, mi desafío fue que cada parte pudiera contar, de alguna manera, el todo. Aunque sea en forma incompleta. Después, se me ocurrió lo del viaje a Sicilia con mi padre. Ya había escrito sobre esto, pero me pareció que era un hecho fundamental en la relación con él. Por un lado, ese viaje fue mi intento de que él se reconciliara con su padre, que lo había abandonado. A su vez, ese viaje se transformó en mi reconciliación con él, después de tantas peleas y diferencias. “El viaje” es central, es como la columna vertebral del libro porque, si bien no remite a objetos o a personas, implica la relación de mi viejo con su padre, al que yo creo que odiaba y nunca perdonó. Al mismo tiempo, es la recuperación de mi relación con él.
La madre de Reynaldo murió de manera “imprevista” como consecuencia de un accidente cerebrovascular. Esa pérdida temprana, en la adolescencia, tal como lo explica y detalla en esta entrevista el autor, le provocó “una especie de trauma emocional. En el capítulo “Una lista”, Reynaldo intenta recordarla, con una dificultad que no esconde, en diez “momentos”.
Quizás este también sea un libro sobre mi madre, sobre mi dificultad para transitar su ausencia.
“En el fondo –añadió Sietecase–, quizás este también sea un libro sobre mi madre, sobre mi dificultad para transitar su ausencia. Creo que, en gran medida, escribo porque ese golpe me metió para dentro, me mandó a algunos rincones de mi personalidad. Si bien no puedo escribir sobre mi madre, su ausencia atraviesa el libro. Mi padre está en presencia, mi madre, en ausencia”.
—La novela La Rey es finalista al Premio Hammett en Gijón. ¿Cómo recibiste esa nominación?
—Estoy contento porque, quizás está mal quizás que lo diga, pero todo me cuesta mucho. La verdad es que ser reconocido como escritor, que lo soy, me cuesta bastante. En parte, por mi visibilidad mediática. Pero yo ya tengo cuatro novelas (Cabrón es la quinta), dos libros de cuentos, ocho libros de poesía y todavía estoy explicando que hago literatura. Estoy en el proceso de que, por lo menos la mitad de mi vida, esté dedicada a la literatura. Primero, porque es mi deseo. Y también para leer. Te diría que esencialmente para leer, para poder darle otro lugar a la palabra, al lenguaje.
Las lista de finalistas al Premio Hammett también está integrada por la autora argentina Claudia Piñeiro, por su novela La muerte ajena (Alfaguara); el escritor argentino Juan Carrá, por el libro de no ficción Salvate vos. Los Molfino. Seis hermanos, una madre sola. Una persecución implacable. El mayor crimen internacional de la dictadura (Sudamericana); los autores españoles Eugenio Fuentes y Lorenzo Silva, por las novelas Wendy y Las fuerzas contrarias, respectivamente; y la narradora española Marta del Riego Anta, con la novela Cordillera.
Presentación del libro
Reynaldo Sietecase presentará Cabrón en Rosario el viernes 22 de mayo, a las 19, en el Cultural Fontanarrosa (San Martín 1080), con entrada gratuita.
El autor estará acompañado por Pablo Feldman y Elisa Bellmann, y la cantautora Sandra Corizzo.



