Rosario no es una ciudad más para Palito Ortega y no lo dice como una frase hecha. Lo explica desde un recuerdo que todavía conserva con mucho amor porque fue en esta ciudad donde, cuando su carrera recién empezaba y el Club del Clan todavía no había nacido, vio por primera vez una multitud desde un escenario.
“El primer show que yo hice masivo, con mucha gente, fue precisamente en Rosario”, recuerda. Venía de grabar “La Cantina de la Guardia Nueva”, terminó el programa cerca de las diez de la noche y un auto lo esperaba en la puerta del canal para llevarlo directamente a la ciudad. “Volamos por la ruta”, cuenta. Del otro lado había una multitud que le dejó una imagen inolvidable.
Por eso este regreso tiene algo de círculo que se completa. También porque Palito conoce la historia de una Rosario que durante décadas fue capital de los grandes carnavales, de clubes repletos y de figuras internacionales que llegaban a la ciudad después de pasar por Buenos Aires. En su memoria aparecen nombres como Charles Aznavour y Johnny Hallyday, pero sobre todo aparece una época en la que “Rosario convocaba a multitudes en cada concierto”.
A esta altura de su vida, sin embargo, hay una palabra con la que no termina de amigarse “despedida”. “En realidad yo no sé de qué se despide uno”, dice. Y enseguida explica por qué: “La gente ya te llevó a su casa cuando se compró un disco. Te escucha cuando quiere o prende la televisión y de pronto hay una película”. Para explicarlo, recurr. a Frank Sinatra. Palito recuerda una conversación con él después de que el estadounidense anunciara una serie de conciertos de despedida. “Él mismo me decía: ‘Yo no pude’. Pasó un año y extrañaba a los músicos, extrañaba viajar, extrañaba el escenario”.
Entonces, llega una de las frases más emotivas de la charla. “¿Despedirse? Uno no se despide nunca. La despedida es la que decide Dios. Un día a lo mejor te despedís físicamente, pero el artista sigue estando en la memoria, sigue estando en las películas que deja y en los discos”. Palito habla con naturalidad sobre una carrera que tuvo de todo, canciones que atravesaron generaciones, cine, dirección, televisión, política y escenarios en distintos países. Cuando le preguntan cómo quiere ser recordado, tampoco intenta construir una definición exagerada
“Yo he tratado en lo posible de portarme bien”, responde y con ello se refiere a trabajar, buscar los mejores estudios de grabación que tenía a su alcance, escribir sus propias canciones y rodearse de buenos profesionales. “Nadie es tan maravilloso y tan fantástico como para creer que está por arriba de nada”, sostiene. “Simplemente tenés la suerte de poder estar en un escenario, que era lo que yo querí. hacer escuchar mis canciones, viajar con mi guitarra, viajar con la gente que quiero”, profundiza.
También recuerda el asombro de aquel “muchacho” como le gusta decir. que veía a figuras como Niní Marshall o Luis Sandrini en los afiches de las películas de su pueblo y que años después terminó dirigiéndolos. “Era gente que yo veía en los afiches de las películas de mi pueblo y ahora los estaba dirigiendo. Es un salto muy grande”, admite. Hoy el cine continúa alrededor suyo a través de sus hijos. Sebastián produce cine y series, Luis dirige, Julieta es actriz y Rosario canta. “Los hijos son la continuidad de todo, de la vida y, en este caso, también de la profesión”.
La política y una decisión que todavía defiende
Hay otro capítulo de su historia sobre el que no esquivó preguntas. Cuando le consultan si se arrepiente de haberse involucrado en política, responde inmediatamente: “No, no. Yo disfruté”.
Palito reconstruye aquel momento desde una motivación que, según cuenta, no tenía que ver inicialmente con una ambición política. Ya vivía en Estados Unidos y se había comprometido a construir una escuela nueva en su pueblo. Durante uno de sus viajes a Tucumán escuchó que Antonio Domingo Bussi tenía prácticamente asegurada la elección a gobernador. “Me fui a Estados Unidos pensando en esto, volví y dije «No, yo lo voy a pelear»”, recuerda. Y lo hizo. “Al final terminé ganándole las elecciones y fui gobernador”.
Luego, vuelve al significado personal de esa victoria electoral. “Cuando yo empecé por esas calles de mi provincia con un cajón de lustrar zapatos y después pude llegar a la gobernación, no deja de ser para uno una enorme satisfacción”.
Charly García: de la distancia a una amistad “como de hermanos”
Palito reconoce que durante muchos años una parte del rock nacional miró “de reojo” a los artistas populares. “Había otro género, otra música, otros gustos”, recuerda. Su relación con Charly también tuvo inicialmente distancia y tensión. Hasta que se encontraron y algo cambió. “Él entra y me dic. «Che, no nos peleemos más». Y yo le dije «Yo no he peleado nunca con vos, sos vos»".
Esa conversación derivó en una amistad profunda. En uno de los momentos más difíciles de Charly, Palito fue a visitarlo a un sanatorio. “Se incorpora, me abraza y me dice al oído «Sacame de acá, sacame de acá». Palito lo llevó a su casa de Luján, donde García permaneció durante un largo período de tratamiento y recuperación. “Ahí lo estuvimos acompañando hasta que se recuperó y volvió a los escenarios”. Desde entonces, asegura, quedó sellado un vínculo definitivo.
“Es como un hermano que me quedó para toda la vida”, dice sobre Charly. Y después va todavía más lejos: “Es uno de los músicos más talentosos que yo he conocido a lo largo de mi vida”.
Palito recuerda además una faceta menos conocida de Charly, su formación clásica y su oído absoluto. Durante ese tiempo compartido en Luján, cuenta que hacía sonidos al azar y le preguntaba qué nota era. Charly respondía y, cuando Palito iba al piano a comprobarlo, acertaba.
“Yo particularmente creo que Charly tranquilamente podría haber sido un artista reconocido en todo el mundo por su capacidad musical”, sostiene. Y deja otra definición enorme: “Creo que su música ya tiene la patente de inmortalidad. Las canciones de Charly van a quedar para toda la vida”.
La salud, la infancia y la abuela Sofía
Cuando la charla entra en el terreno de la salud, Palito relativiza lo vivido y asegura ser un afortunado frente a otros compañeros de profesión. Habla de una vida marcada por los viajes, los horarios nocturnos, los cambios de clima y una exigencia particular, “Cuando vos vas con un contrato, la gente hace la publicidad y tenés que saber el día y la hora que tenés que estar en un escenario”.
“Gracias a Dios tengo bastante buena salud”, dice, y enseguida busca una explicación genética en la historia de su abuela Sofía, que llegó a los 100 años.
Cada vez que vuelve a Tucumán visita su tumba. “Cuando uno es chico y recibe mucho amor de alguna gente, eso se le graba para siempre”, dice. “¿Qué más le puedo pedir a la vida?”, se pregunta. Al mirar hacia atrás, Palito vuelve una y otra vez a la misma palabra, agradecimiento. “Le agradezco a Dios todos los días porque me dio la fortaleza necesaria para levantarme cada vez que tropecé”, expresa. También agradece “la serenidad para elegir a los amigos” y “la lucidez para apartarse de un camino” que no quería recorrer. “Me enamoré de una mujer, me casé, me dio hijos hermosos y hoy tengo unos nietos fantásticos. Y digo ¿qué más le puedo pedir a la vida? Me puedo levantar todos los días, puedo seguir subiendo a un escenario, recibir el amor de la gente”. Su vínculo con la fe viene desde mucho antes de la fama porque de chico fue monaguillo y algunos sacerdotes incluso intentaron convencer a su padre de que debía seguir el camino religioso. Años después, cuando tuvo la posibilidad de conversar con el papa Francisco, solía bromear con él. “Le decía a Bergoglio: ‘Si yo seguía la carrera del sacerdocio, vos no estabas acá. Yo hubiese llegado a Roma antes que vos’”. Francisco, cuenta, se reía. Cuando vuelve al presente y al show que prepara para mañana a las 21hs en Teatro Broadway, Palito reconoce que no quiere hacer un show pensado para sorprender a la gente con rarezas, sino para devolverle las canciones que forman parte de su propia historia, “Para escuchar todas las canciones que conocen”, responde cuando le preguntan qué puede esperar el público. Y ejemplifica con humor: “Si yo salgo y empiezo a cantar Yesterday en inglés y me hago el canchero, no es lo que identifica mi carrera”. Por eso estarán “Un muchacho como yo”, “La sonrisa de mamá”, “Corazón contento”, “Viva la vida”, “Vivir con alegría”, “A mí me pasa lo mismo que a usted”, “Sabor a nada”, “Vestida de novia” y muchas de las canciones que atravesaron sus películas y sus discos. También habrá un momento más íntimo en el que tomará la guitarra, conversará con el público y quizás muestre alguna canción todavía inédita. Y hay algo más que Palito tampoco mira con nostalgia ni prejuicio, que es la música que hacen las nuevas generaciones. Me daba curiosidad saber que escuchaba y que pensaba de la nueva industria musical quien lo vió y lo escuchó todo. Dice que escucha de todo, incluso reggaetón, y que respeta cada expresión. “Yo respeto a los chicos jóvenes y deseo fervientemente siempre que les vaya bien”, asegura. La explicación, otra vez, está en su propia historia. “Yo también fui en un momento aspirante y andaba con mi guitarrita para todos lados. Me daba cuenta cuando me recibían con buena cara o no. Hay que alentarlos a los chicos, hay que darles una oportunidad”. Incluso cuenta que suele insistirles a los responsables de su compañía discográfica para que escuchen artistas nuevos: “Escuchen, por ahí se les va a escapar alguien con talento. Hay mucha gente joven, hay mucho talento en nuestro país”. Después de más de seis décadas de carrera, Palito Ortega sigue hablando como aquel muchacho que viajaba de noche por la ruta para llegar a Rosario y encontrarse por primera vez con una multitud. Tal vez por eso la palabra “adiós” todavía le resulte extraña, porque las canciones siguen sonando. Porque hay películas que vuelven a aparecer en televisión. Porque los hijos continúan el camino. Porque Charly es “un hermano”. Porque todavía puede tomar una guitarra, subir a un escenario y encontrarse con una platea que conoce de memoria cada estribillo. Y porque – como él mismo dice– de ciertas cosas un artista nunca termina de despedirse.
Después aparece la familia
Su show mañana en Rosario



