Un Mundial de políticas públicas para la igualdad

Si se hiciera una competencia sobre niveles de igualdad ni Argentina ni los países de la región tendrían posibilidades de pelear por el título
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Pensar en otros Mundiales. ¿Qué desempeño tendría Argentina en un Mundial de la Igualdad? ¿Quiénes serían los mejores equipos? La idea es tomar como fuente los subjetivos índices y rankings destinados a medir diferentes países e imaginar una competición donde los partidos se ganen por las políticas públicas destinadas a la igualdad y a los índices de cada país sobre desarrollo humano.

Para la evaluación de los equipos, se seleccionó el fixture correspondiente al Mundial de Rusia 2018 y a cinco índices que arrojarán determinados puntos para cada país y así llegaremos al campeón. Los índices son:

Índice de Desarrollo Humano

El coeficiente de Gini

Indice de felicidad

Indice de competitividad 

Indice de innovación (la explicación de cada índice se encuentra en su hipervínculo correspondiente).

La inclusión de los cinco índices se debe a focalizar una problemática política mundial: la desigualdad.

Producto de las políticas que se aplicaron, la desigualdad seguirá siendo hiriente sino intervienen otro tipo de políticas públicas hacia una sociedad más equitativa. Es extrema la necesidad de una acción colectiva que rompa el destino vulnerable de gran parte de la población. Generar igualdad es ayudarse a sí mismo.

A mayor desigualdad, mayor tensión social, más conflicto y mayor incidencia en tasas de crímenes. Para que muchos no tengan casi nada y pocos tengan demasiado, hubo legitimidad hacia ideas que proclaman que esto es beneficioso. El neoliberalismo se encargó de idear un pensamiento sin ninguna atención ni incentivo a políticas públicas para la igualdad. Como resultado hubo acumulación de riqueza, beneficio a monopolios y mínimo reingreso para generar empleo para el resto de la sociedad. El 1% más rico es dueño casi del 50% de la riqueza del mundo, ahorra en paraísos fiscales y gasta en consumos extravagantes de lujo.

“La acumulación de riqueza no es sólo fruto del esfuerzo, es también el resultado de políticas gubernamentales que privilegian a pocos negándole derechos a muchos. La concentración extrema de riqueza conlleva también a la concentración de poder y afecta nuestras democracias”, sostiene Pablo Gentili. El problema se agrava, sobre todo en América latina, segunda región más desigual del planeta (ninguno de los equipos sudamericanos llegaría a cuartos de final en este Mundial de ficción).

Joseph Stiglitz, nobel de Economía, en su libro “La gran Brecha. Qué hacer con las sociedades desiguales”, otorga un análisis comparativo de cómo se gestiona la desigualdad en distintos países proponiendo reformas para estimular el crecimiento y la igualdad. Promueve la “construcción de estados de bienestar que de manera consistente reduzcan tanto las desigualdades sociales heredadas, como las que se han ido agregando al pasar de un modelo económico a otro y que, por otra parte, sean capaces de generar formas de ciudadanía social que permitan una vida en común entre los pobres y los sectores medios, integrados en las mismas instituciones sociales”.

Ahora, los resultados de este Mundial.

Los únicos que jugarían siete partidos en este Mundial, son los tres países nórdicos que participan en Rusia 2018, junto a Suiza. Hoy sus políticas públicas parecen inalcanzables para nuestras sociedades pero el nivel de desigual que tenían hace 50 años, exhibe que una sociedad más equitativa se puede y tiene que construirse.

Argentina pasaría de ronda en la segunda posición, por debajo de Islandia. Y sería eliminada en octavos por Dinamarca. Ese país sería el campeón mundial. Si el fútbol se mediría por las políticas públicas de cada país, Simon Kjaer, capitán danés y actual jugador del Sevilla, levantaría ésta Copa del Mundo.

Campeón: Dinamarca

Segundo Puesto: Suecia

Tercer Puesto: Suiza

Cuarto puesto: Islandia

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