Desde este jueves, dos tiratiros al servicio de jefes criminales presos son juzgados por los ataques a dos sedes policiales cometidos en agosto de 2023 y por el intento de asesinato de un hombre que quedó en la línea de fuego de una de esas balaceras. Además, uno de los acusados rendirá cuentas por el crimen de Laureano Cardozo, un carpintero de 24 años asesinado al voleo y sin motivo, también en ese mes.

Los hechos ventilados en el debate ofrecen una foto del cuadro de situación de la seguridad pública en un momento crítico de la ciudad, signado por una guerra de bandas digitada desde prisiones federales y provinciales, con homicidios y balaceras a diario.

El tribunal integrado por los jueces Lisandro Artacho, Dolores Aguirre Guarrochena y Paola Aguirre está a cargo del debate. En el banquillo se encuentran Lautaro Núñez, de 24 años, vinculado a la delincuencia desde la adolescencia, y Roberto Chapire, de 25.

La acusación solicitó para ellos 32 y 25 años de prisión, respectivamente.

Doble ataque y mensaje
 

En la noche del 25 de agosto de 2023, el portón de la sede de la ex Agencia de Investigación Criminal (hoy PDI), en Lamadrid al 400, recibió varios disparos, en un claro hecho de intimidación.

Minutos después, fue el turno del destacamento El Tanque, de Abanderado Grandoli al 3900, un ataque que dejó malherido a David Obregón, un trabajador que esperaba el colectivo.

El tiratiros Lautaro Núñez, detenido poco después del crimen de Cardozo y las balaceras a la AIC y al Tanque.
El tiratiros Lautaro Núñez, detenido poco después del crimen de Cardozo y las balaceras a la AIC y al Tanque.

“Nico Camino, Erik Masini y fiscal Ederik dejen de matar gente inocentes porque sino vamos a enpezar a matar policia, juezez fiscales” [SIC], decían los carteles hallados en las escenas.

Los dos primeros, alojados en ese momento en la cárcel federal de Rawson, Chubut, habían desertado de la banda de Los Monos y, según las investigaciones de entonces, eran acreedores de una millonaria deuda por un cargamento de droga perdido por otros reclusos ligados al clan Cantero. Esa situación habría desatado una guerra callejera desde fines de 2022.

Asiento roto

Las grabaciones mostraron que los tiradores iban en una moto de mediana cilindrada. En Lamadrid al 400, al bajarse para disparar, el sicario dejó al descubierto que la cuerina del asiento estaba rota.

Para los investigadores, no había dudas de que se trataba de la moto Guerrero GR1 150 que fue secuestrada en Seguí al 285 bis días después del hecho.

La Guerrero utilizada en el ataque a la AIC y al Tanque.
La Guerrero utilizada en el ataque a la AIC y al Tanque.

El rodado estaba en poder de Chapire, quien en un principio fue imputado por encubrimiento, pero luego el peritaje de su celular y la geolocalización lo ubicaron en la zona de los hechos y terminó acusado como coautor de las balaceras.

El sistema automatizado de identificación dactilar, AFIS (por Automated Fingerprint Identification System), una herramienta informática que permite integrar imágenes de huellas dactilares, palmares y latentes y cotejarlas con el Registro Nacional de Huellas Dactilares, estableció que Núñez era una de las personas que había manipulado el escrito mafioso hallado en la AIC.

Un asesinato al voleo

Además, se conoció que una huella dactilar de Núñez fue recuperada de la ventanilla del Fiat Uno blanco en el que iban los homicidas de Laureano Cardozo, cuyos padres vienen pidiendo justicia desde hace tres años.

El Uno fue descartado horas después del ataque y hallado por la Policía.

Cardozo fue asesinado a tiros a metros de su casa de Flammarion y Lamadrid, en la noche del 18 de agosto de 2023, mientras paseaba a su perra. Los familiares indicaron que el muchacho no tenía problemas con nadie y que era ajeno a las mafias. El caso motivó reiterados reclamos de justicia.

Desde la cárcel
 

Por motivos que nunca fueron explicados ni tuvieron correlato en investigaciones administrativas o penales, tanto desde el Servicio Penitenciario Federal como desde el provincial se toleró –o bien hubo complicidad– con peligrosos internos que, a diario, conspiraban e instigaban hechos graves en las calles de Rosario y la región.

Las órdenes intramuros pusieron en jaque la seguridad pública y engrosaron las estadísticas de homicidios, con un marcado ascenso entre 2021 y 2023, coincidente con una escisión en la banda de Los Monos y la aparición de nuevos jugadores del bajo mundo, como Matías Gazzani y Lisandro Contreras, nombres asociados a la banda de Los Menores.

Es un cuadro de situación que hoy subsiste, aunque con un notorio descenso en los hechos de violencia letal.

De acuerdo con la investigación, Núñez y Chapire eran peones a sueldo que recibían órdenes de internos que no fueron identificados.

Cuentas pendientes
 

Núñez posee otra imputación grave que aún no fue llevada a juicio. Se trata de otro caso que fue un hito en el desmadre penitenciario con correlato callejero: el fallido plan de extracción del recluso Gabriel Encina del Hospital Provincial, una incursión que terminó con el asesinato del policía Leoncio Bermúdez, el 14 de noviembre de 2023.

Núñez, que había caído preso el 30 de agosto, fue acusado como coautor de ese hecho desde su celda y a cambio de dinero, aunque la investigación no ascendió en la cadena de mando.

El asesinato de Laureano Cardozo es un hecho irreparable de la retahíla de hechos que le atribuyen a Núñez, quien esa noche no iba solo.

La otra víctima de la saga en debate pudo contarla. Es David Obregón, un muchacho que trabajaba como portero y se encontraba en la parada de colectivos de Grandoli y Güiraldes. El sicario no tuvo reparos en descerrajarle un disparo –se encontraba en la línea de fuego hacia el destacamento policial– y terminó gravemente herido en la zona intestinal.