La audiencia imputativa a Axel Alejandro Mendoza (23), autor del femicidio de Débora Giuliana Bordón (30), dejó más preguntas que respuestas sobre el móvil del crimen. Conectado por videoconferencia desde un penal transitorio, el joven decidió guardar silencio cuando el juez Aldo Bilbao Benítez le ofreció declarar. La fiscal Anabel Cerutti no cuenta, por el momento, con elementos que permitan confirmar que víctima y victimario se conocieran o hubieran mantenido algún vínculo previo, más allá de algún intercambio por WhatsApp. Tampoco surgieron indicios de que el asesinato de la mujer, que ejercía la prostitución, haya sido premeditado. Si bien Mendoza escapó del monoambiente de Crespo 516 que habitaba, dejó allí un tendal de evidencias que permitieron identificarlo. A tres días de su detención, todavía restan peritar varios dispositivos electrónicos secuestrados al femicida, cuyo contenido podría aportar alguna pista sobre su vida, su estado mental y ayudar a esclarecer qué ocurrió. El magistrado validó el agravante de violencia de género que expuso la fiscal, que implicaría una eventual pena de prisión perpetua, y habló de un “femicidio sexual” por el trabajo de la víctima.
Este viernes, la fiscal Cerutti hizo un recuento de lo recabado en torno al tremendo femicidio de Débora, quien minutos antes de la una de la madrugada del martes 4 de agosto llegó en Uber al departamento que habitaba el gastronómico Mendoza, en el 1º A de Crespo 516. La chica había sido contactada a través de una página de servicios sexuales y, aunque no solía hacer domicilios, accedió, acaso por la cercanía del lugar a visitar.
A poco de entrar, por una cuestión que aún no fue develada, Débora fue atacada con dos cuchillos —uno tipo hachuela y otro con sierra— y recibió múltiples heridas, dos de ellas de carácter grave, que le provocaron la muerte junto a la cama de Mendoza, cercana al balcón. “¿Por qué me hacés esto?”, fue la súplica que alcanzaron a escuchar los vecinos. La chica se defendió todo lo que pudo y muestra de ello son las lesiones que sufrió en las manos. Cuando los gritos cesaron y sobrevino un tenso silencio, un vecino tomó la determinación de entrar por el balcón y encontró a la chica boca arriba, en medio de una escena dantesca.
Para ese entonces, Mendoza ya había escapado por el balcón. Los vecinos supieron que los gritos desesperados de una mujer provenían del 1º A, ya que se habían congregado, aterrados, y llamado al 911. El único vecino que no estaba allí era Mendoza, ese cocinero “esquivo” que a veces ni devolvía el saludo y solía mantener ásperas discusiones con las mujeres que iban a su departamento. En los últimos tiempos, además de viandas, Mendoza había ofrecido a la venta sus muebles en el grupo de WhatsApp de los vecinos.
Toda esa secuencia atroz ocurrió entre las 0.56 y las 0.59, según determinó la Fiscalía. A la 1.05 llegó el personal policial. Allí notaron que un iPhone, que luego se supo pertenecía a Débora, había sido puesto dentro de un balde de agua, como en un vano intento de borrar evidencia. En la mesa había un pasaporte de Mendoza, además de una notebook y otros celulares que serán peritados.
Testimonios
María, amiga y compañera de la noche, aseguró que Débora no tenía vínculo previo con Mendoza. Su testimonio indicó que esa madrugada la víctima accedió a ir al departamento de Axel, que quedaba a escasas dos cuadras, luego de que este la contactara por el portal Gemidos. Al parecer, hacía algunos días que Axel le escribía. La joven llegó a las 0.53 a Crespo 516. En uno de sus dos celulares, un TCL, el que usaba para el trabajo sexual, quedó la previsualización del mensaje de Axel, agendado como Ale Cliente, que le avisó que bajaba: “Voy”.
La testigo afirmó además que otra colega —que no identificó— le contó que el mismo Mendoza la había contactado días antes y, además de la consulta por el servicio, le pidió contactos para comprar droga: “¿No tenés un contacto de Los Monos para comprar tusi?”. El tusi argentino, de uso extendido no solo en los ambientes de fiestas electrónicas, es un peligroso cóctel que suele combinar sustancias como cocaína y otras sintéticas, como MDMA y ketamina, además de un colorante rosa. De allí que se lo denomine también “cocaína rosa”.
Para María, tal vez el incidente que haya disparado la reacción femicida haya sido una discusión relacionada con el pago adelantado del servicio sexual, segundos después de que Débora subió al monoambiente de Mendoza.
Sobre Mendoza, al momento, la Fiscalía no tiene elementos para sugerir que atravesaba consumos problemáticos o adicciones, pero una ex dijo que dependía del clonazepam para dormir, fármaco que le proporcionaba su madre, enfermera, quien estuvo en la audiencia.
Violento
La Fiscalía recibió testimonios de dos exnovias de Mendoza, J. y G. Si bien contaron que el imputado nunca les había pegado, refirieron comportamientos violentos, celos extremos e infidelidad, además de la costumbre de propinarle puñetazos a las paredes, lo que derivaba en lesiones constantes en los nudillos de Mendoza.
J., la ex más reciente, fue quien en los momentos posteriores al crimen recibió un inquietante mensaje por parte del imputado: “Lo que hice hoy no tiene vuelta atrás. Te amo”.
La otra expareja atestiguó que, tras la ruptura, el joven la seguía acosando por Instagram. Había convivido dos meses en el departamento de calle Crespo y, aunque no le pegó, contó que Axel era violento.
Además, algunos vecinos refirieron una discusión, de aproximadamente dos semanas antes del femicidio, que motivó la llegada de la madre y de una hermana de Mendoza al departamento de Crespo. En esa ocasión, el joven ni siquiera les abrió la puerta.
Mendoza no tenía antecedentes penales ni denuncias, lo que fue aprovechado por la defensa, sin éxito por el momento, para desacreditar el agravante de violencia de género. Era oriundo del pueblo santafesino de Piamonte y trabajaba como cocinero en el bar Patagonia, en la costanera rosarina. Lo defendió la defensora pública Susana Brindisi, ya que no contrató abogado particular.
En cuanto a Débora, su familia dijo desconocer que ejercía la prostitución. La chica era oriunda de Villa Gobernador Gálvez y, hasta donde sabían sus allegados, trabajaba como personal de limpieza en un sanatorio. Débora tenía cinco hijos de entre 9 y 16 años. Ocho integrantes de su familia estuvieron en la sala 9 del Centro de Justicia Penal y escucharon estupefactos la exposición de la Fiscalía, que detalló las tremendas heridas que sufrió Débora.
Axel Mendoza fue detenido esa mañana antes de las 7 en Pellegrini y Sarmiento. No está claro cómo fue aprehendido, y es probable que su madre, que estaba con él, le haya recomendado que se entregara. El mensaje que le mandó a su ex fue prácticamente una confesión. Sin embargo, no hay motivos claros de por qué mató a Débora. Tal vez, la víctima de ese designio femicida pudo haber sido cualquier otra mujer del mismo rubro. Para el juez, que convalidó la imputación por homicidio agravado por razón de género, la víctima fue convocada al departamento exclusivamente en razón de su sexo.



