Un despliegue policial volvió a tener como escenario Villa Banana en las últimas horas, con 24 allanamientos por narcomenudeo. El operativo estuvo a cargo de la Policía Federal y tuvo como objetivo dar un golpe a una banda que quedó a cargo del territorio tras el crimen del policía Rodolfo Manfredi en junio. Según voceros de la fuerza, los integrantes de la familia Muñoz, que cayeron en desgracia por la investigación que sobrevino al homicidio del uniformado, delegaron sus negocios en un nuevo “apoderado” del territorio. Este narco, sin embargo, no fue hallado en la redada. En cambio, cayeron seis personas y se secuestraron dos armas de fuego y drogas.

Los agentes de la División Unidad Operativa de Investigaciones Especiales hicieron pie este jueves en Villa Banana, el asentamiento parcialmente urbanizado erigido en el Patio Triángulo, donde funcionaba la playa del Ferrocarril Belgrano clausurada a fines de la década de 1970. Allí irrumpieron en 24 domicilios y aguantaderos, la mayoría sin catastro formal.

     

De acuerdo con un parte de prensa de la PFA, los procedimientos se desarrollaron en domicilios ubicados sobre 27 de Febrero, Gutenberg, Gálvez, Lejarza y Servando Bayo, y sobre Juan José Valle, en Roldán.

Durante los operativos, la PFA secuestró escasas dosis de cocaína y marihuana, dos revólveres en mal estado, municiones de distintos calibres, 29 celulares, elementos de fraccionamiento, poco más de un millón y medio de pesos en efectivo y documentación de interés para la causa.

Los seis detenidos quedaron a disposición del fiscal de Microtráfico César Cabrera.

El paño narco de Villa Banana quedó convulsionado tras la noche del 11 de junio, cuando un grupo de soldaditos del clan Muñoz (ligados por parentesco político al clan Saravia) mató a tiros al policía federal tucumano Rodolfo Manfredi e hirió gravemente al efectivo Emilio Gómez Villafañe. El hecho ocurrió en Gutenberg (que a esa altura es una callejuela) y Gálvez. Un tercer efectivo resultó ileso.

Aquella noche, los tres policías federales realizaban tareas de civil, aunque sin un plan operativo y lejos de estar camuflados en el territorio. El plan, al parecer, era realizar detenciones en flagrancia. Sin embargo, fueron descubiertos fácilmente por los soldaditos narco del clan Muñoz, que comenzaron a silbar para alertar al resto del grupo y luego les exigieron que abandonaran el barrio. La secuencia terminó con un enfrentamiento en el que Manfredi murió asesinado.

Merced a la aplicación de la ley antimafia, la Fiscalía Federal les achacó el asesinato a cuatro integrantes del clan Muñoz, más allá de quién haya apretado el gatillo: Eduardo, su hijo Thiago, Jorge y Luis Miguel Muñoz. Mario “Costra” Peralta, un satélite de la banda, terminó imputado como quien hurtó el arma y el celular de Manfredi una vez que cayó fulminado por los tres disparos por la espalda.

Tras el crimen del suboficial Manfredi, la Justicia autorizó demoler casas y aguantaderos ligados a los Muñoz y Saravia, entre ellos, la construcción ubicada en 27 de Febrero y Gutenberg (donde hoy pueden verse escombros) y la vivienda del capo detenido Dalmacio “Sapo” Saravia, cuya fachada tenía imágenes de San La Muerte y el Gauchito Gil.

Con ese telón de fondo, la posta del control del narcomenudeo habría recaído en un hombre identificado como José Javier Herrera, yerno de Sapo Saravia, según le dijo un investigador a Rosario3. Herrera, sin embargo, logró esquivar la redada de la PFA y hoy se encuentra prófugo.