El lado más oscuro de la criminalidad rosarina, aquel cuyas víctimas mueren por la mera circunstancia de estar en el lugar y momento equivocados, convertidas en buzón de un mensaje mafioso, fue ventilado en otro capítulo judicial desde este martes. Cinco soldaditos narco que cometían encargos de sicariato fueron a audiencia preliminar a juicio por el asesinato de Claudio Fabián Barrionuevo, quien pagó con su vida el hecho de vivir cerca de un aguantadero de drogas en la zona norte. En abril de 2024, previo pago de un instigador no identificado, gatilleros abrieron fuego sobre este hombre de 38 años con retraso madurativo, con la única intención de quemar el búnker.
En las últimas horas, el juez penal Florentino Malaponte validó la acusación presentada por Franco Tassini respecto de cinco imputados por el crimen de Barrionuevo, acribillado desde un auto Fiat Palio el viernes 19 de abril a las 17.40 en Cavia y Ghiraldo, un cruce desde hace años vinculado con la venta de drogas al menudeo y con sucesos de violencia letal. De hecho, tres días antes de ese homicidio, gatilleros habían asesinado a dos jóvenes a pocos metros de distancia. El caso motivó una manifestación de vecinos en contra de la violencia y la impunidad del negocio del narcomenudeo. El punto de venta de drogas en cuestión, ubicado a pocos metros de la escena del crimen, había sido allanado anteriormente. A fines de 2022, un fiscal federal solicitó su "clausura inmediata y la puesta a disposición del Estado provincial con el fin de que sea utilizado para fines de utilidad pública y social".
En el escrito acusatorio, Tassini pidió la condena a prisión perpetua para Santiago Domínguez, Alexander González, Brian Páez y Lucas Racca, este último condenado la semana pasada a la pena máxima en el marco del juicio a la banda de Francisco "Fran" Riquelme. En tanto, para Gonzalo García Navarro solicitó 20 años de prisión.
Todo apunta a que los homicidas de Barrionuevo quisieron “quemar” el lugar matando a cualquiera ese 19 de abril. La investigación que irá a juicio señala que ese día el imputado Santiago Domínguez le envió audios a Brian Páez en los que le proponía “cometer el homicidio de cualquier persona que se encontrara en barrio «Ludueña»”, ofreciendo una recompensa de 300 mil pesos para quien condujera el vehículo y otros 300 mil para el gatillero. No está claro por qué los mensajes mencionaban al barrio Ludueña cuando el asesinato tuvo lugar en Parque Casas.
Claudio Barrionuevo, según trascendió, no estaba vinculado con actividades narcocriminales. Tenía una leve discapacidad y solía deambular por la zona. “Ayudaba a los vecinos con mandados”, indicaron habitantes del barrio durante una protesta espontánea tras el asesinato. Al parecer, fue alcanzado por los disparos cuando salió a sacar la basura.
El auto utilizado en el ataque fue un Fiat Palio que había sido robado una semana antes en Granadero Baigorria. La Fiscalía atribuyó ese robo a Gonzalo García Navarro, quien luego se lo llevó a Lucas Racca. Con el vehículo a disposición apareció el grupo que se ocuparía de concretar el ataque: además de Domínguez y Páez, estuvieron Alexander González y un adolescente identificado como F. N. F.
En la investigación fueron claves las huellas dactilares que aparecieron en el Fiat Palio blanco descartado en Empalme Graneros tras el homicidio. Como algunos de sus ocupantes ya tenían antecedentes, fueron rápidamente identificados y allanados.
Por su parte, Racca fue condenado días atrás a prisión perpetua en el marco del juicio seguido a la banda del transero Francisco Riquelme. El tribunal lo halló responsable de haber dado muerte, junto con un grupo de gatilleros, a Cristian “Larva” Fernández.
El Palio utilizado para matar a Barrionuevo había sido robado en Granadero Baigorria seis días antes del crimen, el 13 de abril. La modalidad, como se conoce en la jerga, fue de “levante”. Al parecer, fue “enfriado” en un lugar no determinado, donde además le cambiaron la patente.
En la tarde del 19, una vez que desde el Palio dieron muerte a Barrionuevo, los homicidas escaparon por avenida Casiano Casas y abandonaron el vehículo a metros del puente ferroviario de Juan B. Justo y Sabín, en Empalme Graneros. En el auto recogieron las impresiones dactilares de García Navarro y Páez.
Tres días antes, el 16 de abril, dos jóvenes habían sido asesinados a tiros en el mismo lugar. Se llamaban Leonardo Rodrigo Contreras, de 23 años, y Daniel Pacheco, de 22. Otro caso que se sumó a esa seguidilla fue el de Matías Alberto “Talón” Coria, cometido el 30 de abril de 2024 en la esquina de Larrechea y Cavia. Un crimen aún impune por el que hay una recompensa de 16 millones de pesos para quien aporte datos sobre los homicidas.



