—Amigo, te juro que apenas lo vi pensé en vos, porque era tu forma, era tu método. No quería creer, pero sí... la concha de su madre. Contame bien qué pasó, si tenés peligro de algo.

—Todo mal hizo. Era así, había que ir a Junín a buscar la plata y de ahí a la onda. (…) Estaba re escrachado ese taxi, ya lo estaban esperando. En Junín hay 600 cámaras. Habían pasado un par de secuencias raras y ya lo tenían re visto y no me hizo caso y mirá lo que pasó. Un garrón, porque el loco es de fierro. Lo tenían visto, no lo estaban investigando, lo estaban esperando, porque le llama mucho la atención ese auto. No se lo merece y ahora hay que tener un ojo bárbaro. Yo sé que el loco en cana no nos va a mandar, porque es de fierro y nosotros tirado no lo vamos a dejar. Ahora voy a laburar poco y nada. Voy a poner un pibe en la calle, hay que estar atento. Lo que tiene es que él venía de Capital y estaba yendo a provincia (de Buenos Aires). No lo vinculan con Rosario. Lo único que tiene es que es rosarino, ¿entendés?

Días después del arresto de un tachero rosarino en Junín, sobre la Ruta 7, con 26 kilos de cocaína en el interior de un Renault Fluence, dos hombres vinculados con esa operación de transporte de drogas se lamentaban por el arresto y la pérdida del cargamento al ver las noticias policiales.

El Fluence taxi interceptado en el invierno pasado. Foto: GNA/Infobae.
El Fluence taxi interceptado en el invierno pasado. Foto: GNA/Infobae.

El taxista, Franco A., definido como un transportista “de fierro” por su empleador, había sido interceptado por Gendarmería al mediodía del 27 de junio de 2025, cuando regresaba de la ciudad de Buenos Aires, donde se había provisto de los 26 kilos de droga que debía repartir entre Junín y Rosario. Según la investigación, parte del cargamento tenía como destino final Rosario, donde lo esperaba Ezequiel M., el hombre que había financiado parte de la operación.

A más de un año de aquel arresto en esa carretera nacional, el rosarino Ezequiel M. cayó preso este jueves por la noche en un departamento de Cochabamba al 1900. Fue arrestado por la Policía Federal, que le venía siguiendo los pasos desde hacía tiempo.

Según se desprende de la causa que instruyen los fiscales federales Santiago Alberdi y Juan Pablo Frausín, Ezequiel M., de 37 años, es un narco de clase media, sin domicilio registrado, un fantasma fiscal –a decir de una fuente del caso–, a quien no se le conocen trabajos formales ni tampoco causas penales ligadas con la violencia que caracteriza a las bandas locales.

Su nombre surgió a partir del exhaustivo análisis de la aplicación Zangi que tenía el taxista en su celular.

Zangi tiene entre sus principales características un cifrado de extremo a extremo que no requiere ni de un número telefónico ni de un correo electrónico para registrarse. Tampoco almacena datos de los usuarios en sus servidores. Es decir, son usuarios que pueden utilizar nombres ficticios y que, al no estar vinculados a un abonado telefónico, dificultan descubrir la identidad de quien utiliza ese nombre.

En este caso, Ezequiel M. estaba agendado en la app Zangi del celular del tachero como XquisZ.

Para llegar a su identidad, las pesquisas tuvieron un golpe de suerte.

El 7 de julio de 2025, cayó detenido en Rosario Cristian D. M., un hombre que era buscado como parte de la red de Ezequiel “Negro” V., conocido transero de Villa Moreno y barrio Matheu.

El Zangi y el WhatsApp de Cristian D. M. resultaron ser un catálogo de relaciones con otros personajes del palo transa, como el escurridizo Ezequiel M.

La charla que encabeza esta nota, donde, ante la consulta de Cristian, Ezequiel M. hace referencia al procedimiento en el que el tachero termina detenido en territorio bonaerense, sirvió para identificarlo, al igual que una serie de comprobantes de transferencias en los que constaba su identidad.

Ezequiel M. le dice a Cristian D. M.: “Eran 25, yo pagué 20, estoy debiendo 5 y lo otro no sé... al de Junín no sé... lo único que le voy a pagar es al de acá de Rosario, que le debo 4. Pero bueno, me van a tener que esperar, yo no me puedo hacer responsable... cuando las cosas se pierden, se pierden”.

Para los fiscales, resultó significativo que los interlocutores emplearan de manera reiterada el término “iPhone” para designar o referirse a la droga.

De la conversación surge que el taxista tomó la determinación por su cuenta de entregar parte de la droga en Junín tras regresar de capital federal, aun contra la recomendación expresa de Ezequiel M., quien le pidió que regresara a Rosario con todo el material.

“Él (el taxista) retiró iPhone en Capital y entregaba en Junín, Rosario no está apuntado” (...). “Y el loco no va a batir la cana, más que sabe que él se la mandó. Yo lo conozco, es de fierro, el pibe tiene códigos. No, amigo, olvidate. Es más, no sé si vuelvo a laburar con mi viejo; aparte me va a hacer bien y gano efectivo también. Y laburo por teléfono y hago entregar a un pibe. Por algo pasan las cosas, amigo, es un mensaje para no boludear y manejarse bien”, 

Un año y un mes después de aquel deseo de sentar cabeza, Ezequiel M. cayó detenido en barrio Abasto.

Tras avalar la hipótesis del caso esgrimida por la Fiscalía y convalidar la evidencia que sustentó la calificación de los hechos por el delito de transporte de estupefacientes, consumado, en carácter de coautor, el juez Rodrigues Da Cruz dio por formalizada la investigación preliminar y ordenó la prisión preventiva de Ezequiel M. por el plazo de 60 días.