Con estética de regreso a sus orígenes —globos de colores, escenografía amarilla y canciones de Tan Biónica y Airbag— el PRO volvió a escena con un acto en Parque Norte encabezado por Mauricio Macri, que reunió a más de 3.000 dirigentes y dejó un mensaje político claro: respaldo al rumbo del gobierno de Javier Milei, pero con identidad propia y vocación de protagonismo hacia 2027.
En un discurso de poco más de 18 minutos, el expresidente evitó definiciones electorales concretas, pero instaló una consigna que atravesó todo el encuentro: “Somos el próximo paso”. La frase sintetiza la estrategia del macrismo: no confrontar con el oficialismo libertario, pero tampoco diluirse en él.
“El PRO no viene a cuestionar el rumbo, viene a completarlo”, planteó Macri. Y reforzó: “No vamos a boicotear ninguna ley que le haga bien al país, no vamos a darle excusas al populismo para volver”. En esa línea, reivindicó el apoyo legislativo que su espacio le brindó al gobierno nacional sin formar parte de la gestión ni reclamar cargos.
Sin embargo, el respaldo no fue incondicional. El exmandatario marcó diferencias, sobre todo en el plano económico y social. Reconoció como “indispensable” el equilibrio fiscal alcanzado por la gestión libertaria, pero advirtió que la estabilización no alcanza. “Hay una diferencia enorme entre parar la caída y empezar a subir. Los argentinos necesitan que su vida mejore”, sostuvo.
Para graficarlo, apeló a una metáfora: “Si demolés lo que estaba mal pero no construís, te queda un terreno vacío. Y los argentinos necesitan una casa”. Ese “próximo paso”, según definió, implica inversión, infraestructura y un Estado “pequeño y barato, pero que funcione”.
El acto también funcionó como una demostración de fuerza interna y de reorganización partidaria. Bajo el lema “Protagonistas del futuro”, el PRO buscó mostrar volumen político, renovar cuadros y enviar señales hacia el electorado que migró hacia La Libertad Avanza en los últimos años.
Hubo, además, un intento explícito de recuperar la épica fundacional del espacio. “Queremos volver a las bases”, repitieron distintos dirigentes durante la jornada, en la que no faltaron los símbolos clásicos del macrismo ni una puesta pensada para redes, con transmisión en streaming y caras jóvenes en la conducción.
En ese marco, María Eugenia Vidal dejó una de las definiciones más directas: “Nos estamos preparando para competir en todo el país en 2027”. Cristian Ritondo, por su parte, defendió el rol del PRO como sostén parlamentario del actual gobierno: “Sin el PRO no habría cambio posible en la Argentina”.
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, abrió el encuentro con un mensaje en la misma sintonía: “Estamos de pie, estamos vivos”. Y el secretario general del partido, Fernando de Andreis, fue aún más enfático: “Hoy nace algo nuevo”.
La presencia de gobernadores como Rogelio Frigerio (Entre Ríos) e Ignacio Torres (Chubut) aportó volumen federal, aunque también dejó entrever matices. Ambos evitaron avanzar sobre candidaturas y pusieron el foco en la gestión, en un contexto donde el vínculo con la Casa Rosada exige equilibrio.
En ese delicado juego, el PRO busca reposicionarse: acompañar el proceso de cambio que encarna Milei, pero sin resignar autonomía ni proyecto propio. “Lo que hace fuerte al cambio es que múltiples espacios, con el mismo rumbo, puedan decir lo que crean, aunque incomode”, resumió Macri.
El telón de fondo es un escenario político en reconfiguración, donde el macrismo intenta evitar dos riesgos: quedar subsumido en el oficialismo libertario o ser percibido como un actor del pasado. De ahí la insistencia en la idea de futuro y en la necesidad de “blindar el cambio” con instituciones que trasciendan a un gobierno.
Sin menciones al caso $LIBRA ni a las controversias recientes del Ejecutivo, el acto buscó correrse de la coyuntura y proyectar una nueva etapa. Una etapa en la que el PRO pretende volver a ser algo más que un aliado: un actor con voz propia en la discusión del rumbo y, sobre todo, en la disputa que se abre hacia 2027.



