Luisina Fruci es una prestigiosa médica oncóloga clínica del Sanatorio Parque de Rosario. Trabaja en especial con pacientes diagnosticadas con cáncer de mama. Su especialidad la llevó a difundir la enfermedad y acompañar campañas de concientización en la prevención. Se la conoció públicamente el 5 de septiembre del año pasado cuando contrajo matrimonio con el intendente Pablo Javkin en una ceremonia civil al aire libre en el pasaje Luetich.

Hoy se la ve en los actos públicos junto a su esposo, casi con la misma seguridad y compromiso con el que atiende a sus pacientes en su consultorio. Es oriunda de Villa Gobernador Gálvez, hizo su carrera y se desarrolló profesionalmente en el ámbito privado de Rosario. Es también jefa de Trabajos Prácticos de la materia Oncología de la carrera de Medicina del Instituto Universitario Italiano y forma parte de un equipo de investigación en Oncología Clínica.

Con el guardapolvo blanco puesto y en su propio lugar de trabajo atendió a Rosario3.

—¿Qué te llevó a volcarte a la Oncología?
—En el marco de la incertidumbre de elegir una especialidad, la Oncología era algo nuevo acerca de cómo tratar y abordar el cáncer. Era algo que me atraía, mi tío es oncólogo y empecé con él para ver si me gustaba. La Oncología es muy linda en los libros pero muy dura a la hora de estar con el paciente. Me gustó y estoy acá.

—El cáncer antes era un diagnóstico sin esperanza, ¿eso ha cambiado?
–Totalmente. Era sinónimo de muerte y no hablábamos de curación, hoy agarrado a tiempo se puede curar. Hoy hay un porcentaje de cronificación que antes no teníamos. Antes te enfermabas y te morías, en cambio hoy te enfermás, hacés tratamiento y podés vivir muchos años. Nos hace tener más esperanzas tanto al paciente como al médico.

Furci recibió a a Rosario3 en su consultorio del sanatorio Parque. (Foto: Alan Monzón / Rosario3)
Furci recibió a a Rosario3 en su consultorio del sanatorio Parque. (Foto: Alan Monzón / Rosario3)

—¿En qué se ha avanzado más, en los tratamientos o en la prevención?
—En ambas cosas en conjunto. Se ha avanzado en los tratamientos, drogas nuevas, combinaciones de quimioterapia y anticuerpos, impensadas para antes. Y también la gente es más consciente: si se encuentra (el cáncer) se puede curar, entonces ahora se lo busca. Antes, la idea era no querer saber porque no tengo ganas y tengo miedo a morirme. Ahora se cambió, si lo encuentro a tiempo me puedo curar por eso voy y me hago la mamografía o el tacto. 

—¿Cómo sobrellevás las emociones del paciente?
—No te voy a negar que siempre algo me llevo algo a casa, siempre la historia de algún paciente te pega más que otra. Encima la mayoría de mis pacientes son mujeres y cada una tiene una historia con la que una interactúa, y obvio que me pasa y me golpea. Trato de que no sea así, pero sin demostrárselo ya que busco acompañarlas. En mi casa intento desconectar y vivir la vida desde otro lado. Desde que hago esto entiendo que hay cosas a las que antes le daba mucha importancia y no podía creer lo que me estaba pasando. Hoy me quejo menos o por lo menos le doy menos importancia; o al menos uno establece prioridades en el día a día, algo que me parecía gravísimo, ahora no lo es tanto.

—¿Qué historia te marcó más?
—La de una paciente de 28 años con cáncer de páncreas que falleció siendo mamá. Vivió 18 meses junto a su bebé, venía con él a hacer la quimio y murió cuando el nene tenía dos años. Y otra es la de una embarazada, también con cáncer de páncreas, a cuyo bebe perdió y ella se murió de covid.

 Para Fruci, es clave la prevención a la hora de vencer un cáncer. 
Para Fruci, es clave la prevención a la hora de vencer un cáncer. "La gente es más consciente: si se encuentra, se puede curar, entonces ahora se lo busca". (Foto: Alan Monzón / Rosario3) 

—¿De qué manera te enfrentás con los problemas que llevás de tu profesión a tu casa con los de tu marido que viene con los problemas de administrar una ciudad?
—Muy difícil. Hay días que son terribles para ambos y no queremos ni hablar. La clave es en algún momento dejar el celular al lado por cinco minutos y hablar de la nada misma tomando mates o mirando una serie.

—¿Cómo es ser la esposa del intendente de Rosario?
–Siempre salgo de ese lugar. Soy quien soy desde otro lado, soy un médica que tengo una profesión a la que llegué antes de estar con él al lado. Pero no me puedo olvidar (que soy la esposa del intendente) y porque aparte me lo recuerdan. Hay pacientes que me cuentan de un pozo en la puerta de su casa, entonces agarro la computadora y se lo paso. Soy un Muni-Bot con patas, voy por la calle y le paso los reclamos que veo. Pablo dice que soy la peor vecina porque le planteo todo lo que veo. 

—¿Qué tuviste que aprender después de haberte casado con quien gobierna la ciudad?
—Aprendí a hablar del cáncer cuando me llaman porque soy la esposa del intendente. A mí antes no me gustaba la exposición (pública), pero entendí que desde mi posición puedo poner la palabra cáncer en boca de todos. Pese a ser criticada por hacerlo, como ocurrió el 4 de febrero pasado por el Día del Cáncer cuando salí a hablar del tema y recibí una publicación de otro espacio político criticándome. Che, estoy hablando de cáncer. Aprendí a no quedarme con eso, sino con los cientos de comentarios positivos de mis pacientes por haber visibilizado la enfermedad delante de las cámaras.

—Entonces, ¿cómo vivís las críticas hacia tu marido por ser el intendente de la ciudad?
—Mal. Me parece muy injusto. Vivo con él, sé la mala sangre que se hace, cómo vive el día a día de la gestión, lo que le genera un llamado de un vecino que se inundó o las llamadas por el parque acuático. Lo vivo en carne propia, conozco el atrás. Me parece que los comentarios negativos no suman, no me gustan. Sería la primera que respondería cada uno de esos comentarios. Pero aprendí que es más fácil criticar al que hace que al que no hace. Mientras lo critiquen por hacer, yo lo banco, que siga haciendo. Ladran Sancho, señal que cabalgamos

Fruci sobre las críticas de la política y su exposición pública:
Fruci sobre las críticas de la política y su exposición pública: "Aprendí a no quedarme con eso, sino con los cientos de comentarios positivos de mis pacientes por haber visibilizado la enfermedad delante de las cámaras". (Foto: Alan Monzón / Rosario3)

—¿Qué cosa no conocemos de Javkin?
—Que es un buen cocinero y lo pongo a cocinar para que no toque el celular, no grite y no pelee por unos minutos. Es muy compañero y me acompaña como mi esposo y él se ha puesto en ese lugar y no el del intendente. Esto es nuevo para él y me permite seguir adelante con mi profesión.

—¿Qué relación hay entre la Medicina y la política?
—La pasión, la vocación. Los dos hacemos lo que nos gusta y entendemos al otro, no vamos a competir nunca. Y ambas tienen en común atender a la necesidad de las personas y son el centro de nuestra profesión. La gente necesita de mí que los cure y los trate, y de él que les dé respuestas todos los días.

—¿Te meterías en política?
–No lo haría porque no me banco que no me quieran. No me molesta que me critiquen por ser la esposa del intendente y por dar charlas o hacer declaraciones públicas. Pero no me banco que me critiquen en mi profesión porque trato de estudiar, perfeccionarme, atender lo mejor posible a los pacientes aunque a veces puedo equivocarme. Pero intento que ese error sea mínimo. Y si estuviera en política, haría lo mismo y no me bancaría que alguien me critique al salir a la calle o detrás de un perfil anónimo en redes sociales. Prefiero desde mi lugar hacer cosas como trabar por el Octubre Rosa, gestionar para combinar el trabajo de lo público con lo privado o buscar donaciones de mamografía. 

—¿No te ofrecieron ser candidata? Hoy alguien que venga del sector privado, exitosa en la profesión y con algo de conocimiento público puede ser atractiva para la política…
—Siempre me cargan o me chicanean. Porque soy muy espontánea, digo lo que pienso y en esta época hater sería una buena candidata. Hoy mi perfil sería el ideal: no mido lo que digo, no me tengo que casar con nadie, vengo de otro rubro, nunca tuve un puesto público, siempre trabajé en el privado. Pero no, no me lo han ofrecido, ni mi marido.