Un nuevo estudio analizó la relación entre distintos contaminantes atmosféricos y los principales subtipos de cáncer de pulmón. La investigación está liderada por el Instituto de Salud Global de Barcelona (España), en colaboración con la American Cancer Society (ACS) y sus hallazgos se publicaron en Environmental Pollution.
El cáncer de pulmón es clasificado principalmente en dos grandes tipos. El más común es el cáncer de pulmón no microcítico, el cual incluye al adenocarcinoma, carcinoma escamoso y carcinoma de células grandes. Estos subtipos se diferencian por el tipo de células afectadas, así como por su localización dentro del pulmón. La mayoría de diagnósticos ronda entre estos subtipos. Además, el segundo gran tipo es el cáncer de pulmón microcítico, menos frecuente pero más agresivo, el cual tiene un fuerte vínculo con el tabaquismo.
Distintos estudios apuntaron a la contaminación del aire exterior, sobre todo a la exposición a partículas finas en suspensión (PM2,5), como un carcinógeno para el cáncer de pulmón. Aún así, no se conoce del todo cómo influye en la incidencia de cada subtipo de cáncer ni si afecta a cómo el mismo evoluciona tras el diagnóstico.
Un seguimiento de hasta 25 años
Este estudio cuenta con más de 122.000 personas de la cohorte estadounidense Cancer Prevention Study-II (CPS-II), de la American Cancer Society, a partir de 1992. Los y las participantes actualizaron cada dos años sus datos personales y diagnósticos de cáncer hasta 2017. Para cada participante se estimó su exposición anual a distintos contaminantes: partículas finas PM2,5, PM10, ozono (O3), dióxido de azufre (SO2), dióxido de nitrógeno (NO2) y monóxido de carbono (CO). El análisis tuvo en cuenta la variación de la exposición a lo largo del tiempo y ajustó los resultados por múltiples factores individuales, incluido un historial de tabaquismo. Entre 1992 y 2017, se detectaron 4.282 casos de cáncer de pulmón en esta cohorte.
“Utilizamos datos nacionales de calidad del aire combinados con información satelital y del uso del suelo”, explicaron desde el estudio. Y añadieron: “Así, pudimos relacionar la exposición a la contaminación con el riesgo de desarrollar diferentes subtipos de cáncer de pulmón, además de la supervivencia tras el diagnóstico en subgrupos específicos de pacientes”.
De este modo, se confirmó que la exposición a partículas finas (PM2,5) aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón y, este efecto, se observa en forma similar en todos los subtipos histológicos incluyendo el adenocarcinoma, el carcinoma de células escamosas y el carcinoma de células grandes.
Asimismo, se revelaron asociaciones relevantes con distintos contaminantes gaseosos (particularmente NO2, O3, y SO2), sobre todo en cáncer de pulmón no microcítico. Allí, el dióxido de nitrógeno (NO2) mostró un vínculo más fuerte con el adenocarcinoma, el subtipo más frecuente, mientras que el Ozono (O3) se vinculó a un mayor riesgo de carcinoma de células grandes. Sin embargo, no se encontraron asociaciones consistentes entre los contaminantes gaseosos analizados y el carcinoma microcítico, uno de los subtipos más fuertemente vinculado al tabaquismo.
Menor supervivencia
En cuanto a la supervivencia tras el diagnóstico, no se observaron asociaciones claras en el conjunto de los pacientes. Sin embargo, en quienes presentaban enfermedad en estadios tempranos, el SO2 se relacionó con una supervivencia menor.
“Hemos observado que la contaminación atmosférica no está relacionada con todos los tipos de cáncer de pulmón de la misma manera”, explicaron. Y concluyeron: “Nuestros resultados refuerzan la importancia de integrar la calidad del aire local en los planes de atención sanitaria, evaluando la exposición ambiental de cada paciente para identificar riesgos adicionales”.
Fuente: SINC.



