Más allá de ser un proceso fisiológico, la respiración puede arrojar mucha luz respecto del estado emocional de las personas. Esta luz proviene de la micro-pausa que sucede luego de cada exhalación. Desde la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto de Investigación y Formación Nirakara Lab junto al Biotechnology Institute de Vitoria-Gasteiz, se llevó adelante un estudio que identifica la correlación entre esta micro-pausa y las redes cerebrales responsables del procesamiento de las emociones. Los hallazgos se publicaron en Cerebral Cortex.

La investigación, que también contó con cooperación de Harvard Medical School, subraya el potencial de esta pausa entre respiraciones ya que, incluso tratándose de un fenómeno breve e inadvertido, sirve como un indicador sensible para detectar alteraciones emocionales leves.

“Este hallazgo abre nuevas puertas a explorar cómo la respiración está vinculada a nuestro bienestar emocional”, explicaron.

El estudio se llevó adelante con 46 adultos sanos a los que se les aplicó técnicas avanzadas de magnetoencefalografía (MEG) para analizar el comportamiento cerebral durante el ciclo respiratorio. Allí pudieron ver que la respiración es más que un proceso biológico, y que actúa como un factor determinante en la comprensión del estado emocional de las personas gracias a esta pausa post-respiratoria. Esta pausa, incluso, estaría relacionada con síntomas de depresión así como de satisfacción vital.

Según los autores, cada una de las respiraciones que las personas realizan al día de manera inconsciente (200.000 aproximadamente) contiene información importante del estado emocional: “No sólo proporciona una nueva forma de entender el cerebro, sino también una potencial herramienta para mejorar la salud mental, algo especialmente relevante en los tiempos actuales”.

Implicaciones más allá del laboratorio

Esta información, para los expertos, podría aportar un mayor entendimiento de por qué técnicas o ejercicios de respiración (como la meditación) mejoran el estado anímico: "Todos sabemos que cuando algo nos asusta solemos bloquear el gesto respiratorio. Lo que ahora podemos ver es esa interacción entre respiración y cerebro. Es como tener una ventana, a través de la respiración, al mundo interno de las personas".

Además, la investigación también abre la puerta a aplicaciones clínicas, como la producción de herramientas más accesibles para el monitoreo de la salud mental y bienestar emocional.

Fuente: EFE.