Existen distintas evidencias que demuestran la importancia de una microbiota sana en el organismo. Por ejemplo, en el reciente informe "Las cifras del cáncer en España 2026", se apuntó a la previsión del aumento de cánceres en población joven por varios motivos, entre ellos las disfunciones en la microbiota.

Asimismo, meses atrás se conoció un estudio del Centro de Nuerociencias Cajal del Centro Superior de Investigaciones Científicas (institución española), que señaló que el ejercicio físico moderado mejora la salud de la microbiota intestinal, cuestión que repercute incluso en el rendimiento cognitivo del cerebro.

Por otra parte, también es conocida la conexión entre dieta mediterránea y salud mental, influyendo en la prevención de la depresión, la mejora en el tránsito intestinal y el robustecimiento de la microbiota.

A finales del año pasado, la Fundación La Caixa informó de que está financiando un estudio del "Microbiome Research Group", de la Universidad Pompeu Fabra. El mismo pretende arrojar luz sobre “el metabolismo microbiano de compuestos neuroactivos” y sobre cómo “se transmite la microbiota en la población”.

Qué es la microbiota

La microbiota es el conjunto de microorganismos que habitan en el cuerpo humano, principalmente bacterias, aunque también incluye virus, hongos y protozoos. Estos diminutos seres vivos colonizan distintas partes del organismo, como el intestino, la piel, la boca o la vagina, y establecen una relación de simbiosis con los seres humanos. Por un lado, nos necesitan para vivir y, a cambio, nos aportan beneficios esenciales para mantenernos sanos.

La microbiota cumple múltiples funciones en el organismo:

-Participa en la digestión de los alimentos.

-Ayuda a fabricar vitaminas como la K y algunas del complejo B.

-Actúa como una barrera que impide la entrada de microorganismos patógenos.

-Regula el metabolismo energético.

-Contribuye a la maduración del sistema inmunológico.

-Produce sustancias que influyen en el funcionamiento del cerebro, como la serotonina y otros neurotransmisores.

Los expertos destacan que la microbiota intestinal es la más rica y compleja. Se estima que alberga billones de microorganismos y que su equilibrio es clave para la salud general. De hecho, una microbiota sana protege frente a infecciones y reduce el riesgo de padecer enfermedades intestinales crónicas o cáncer de colon. 

También influye en el estado de ánimo y la salud mental. De hecho, más del 90% de la serotonina del cuerpo se produce en el intestino, y los microorganismos intestinales pueden modular emociones, ansiedad y depresión.

Asimismo, la microbiota también incide en la salud cardiovascular y metabólica. Las bacterias intestinales producen sustancias que regulan el equilibrio del corazón y ayudan a prevenir la resistencia a la insulina y la diabetes. 

En el ámbito reproductivo, la microbiota materna influye en el desarrollo fetal y en la función hormonal de la placenta, ofreciendo protección frente a enfermedades durante el embarazo.

Cómo cuidarla:

-Mantener una microbiota equilibrada requiere hábitos saludables. La alimentación es uno de los factores más determinantes: una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y alimentos fermentados favorece la diversidad microbiana.

-Por el contrario, los alimentos ultraprocesados, el exceso de azúcar, las grasas trans, el alcohol y el tabaco la deterioran.

-Además de la dieta, el sueño, el ejercicio físico y la gestión del estrés son fundamentales. 

-El contacto con la naturaleza y la reducción del uso innecesario de fármacos también ayudan a preservar la microbiota. 

-Los probióticos pueden contribuir a restaurar su equilibrio cuando se ha visto afectado.

Fuente: EFE.