China consiguió un hito para su industria aeroespacial al concretar por primera vez la recuperación exitosa de un cohete reutilizable tras un descenso vertical sobre el mar, un paso clave para poder regularizar lanzamientos reiterados con un mismo propulsor, lo que le ha permitido a la compañía estadounidense SpaceX posicionarse como líder del sector.

La Corporación China de Ciencia y Tecnología Aeroespacial informó que el cohete Long March 10B fue lanzado este viernes y, después de separarse de la parte superior del vehículo, la primera etapa inició el regreso hacia una plataforma flotante.

Habitualmente, los cohetes son desechables porque sus distintos segmentos se desprenden y se destruyen durante el ascenso. Este sistema hace que el lanzamiento de naves espaciales sea muy caro, por lo que reutilizar los propulsores permite recortar considerablemente el costo de las misiones.

Cómo fue el aterrizaje del cohete chino
 

El Long March 10B utiliza un método diferente al que usa SpaceX. En el cohete chino, la primera etapa no se apoya sobre patas desplegables al llegar a la plataforma.

El propulsor incorpora cuatro ganchos que se sujetan a una red tensada sobre una plataforma flotante. Para completar la captura, debe llegar en posición vertical, con una velocidad muy baja y dentro de un área precisa.

Los motores se encienden durante el descenso para frenar la caída y corregir la trayectoria. En los segundos finales, el cohete se ubica sobre la plataforma y los ganchos quedan alineados con la estructura.

Este sistema permite eliminar las patas y los mecanismos necesarios para desplegarlas, lo que redunda en una reducción de peso que puede aprovecharse para transportar más carga al espacio.

     

China había realizado un ensayo previo en febrero con un Long March 10A. En esa prueba, la etapa completó un descenso controlado y cayó al mar junto a la plataforma preparada para recibirla. En el intento de esta semana, se consiguió capturar el propulsor y mantenerlo fuera del agua.

El Long March 10B puede transportar al menos 16 toneladas métricas a la órbita terrestre baja. Esa capacidad lo convierte en una herramienta para lanzar satélites comerciales y desplegar las grandes constelaciones de comunicaciones que China desarrolla para competir con redes como Starlink.

Para China, el siguiente paso será examinar los resultados del aterrizaje, determinar el desgaste de los motores del cohete y comprobar que puede despegar nuevamente, para así contar con propulsores que le permitan reducir los tiempos entre misiones y también los costos de cada lanzamiento.