En agosto del 2025 mientras se realizaban tareas de remodelación en la Plaza 25 de Mayo de Rosario, un secreto subterráneo fue develado y sorprendió a más de uno: se trata de una bóveda con un enorme tanque de combustible. Este martes, el grupo de Facebook Arqueología de Rosario compartió la información que pudieron recolectar sobre el hallazgo junto a las imágenes de lo que habita desde hace años debajo del piso.
“Es un recinto estrecho, sin ventilación (que tal vez perdió), al que se ingresa por una tapa estrecha, de unos 50 x 50 cm en la vereda. La fecha del tanque es imprecisa, pero se encontró una lata de "Alcohol Alma... (ilegible)" de la firma Helios S.A., fabricante de las lámparas Alcoholuz”, escribieron en la publicación el grupo de investigadores independientes que forman parte del Centro de Estudios en Arqueología Histórica de la UNR.
“Más allá de lo insólito del hallazgo, puede pensarse en lo peligroso de guardar combustible en el espacio público, sin ninguna precaución y con alcohol, probablemente para alumbrar el interior mediante una lámpara”, escribieron y sumaron: “Parece que la noción de peligro ha cambiado en estos últimos 100 años”.
En esa misma página –que según explicó a Rosario3 Gustavo Fernetti, licenciado en Antropología, arquitecto e integrante del equipo, surgió por “una cuestión de comunicación de lo que estamos haciendo” tras la implementación en Santa Fe de la Ley de Patrimonio– mostraron por dónde se ingresó, lo que hallaron en su interior, la lata en cuestión y un dibujo al que llamaron “libreta de campo” que demuestra cómo trabajó el personal.
Si bien entre 2017 y 2018 por un trabajo de la Empresa Provincial de Energía (EPE) se pudo conocer que existían estructuras de ladrillos en la zona, recién el año pasado cuando se levantó el piso de la plaza, los profesionales pudieron encontrar el acceso al lugar y descender. Fue entonces cuando el grupo Antropología de Rosario recibió el llamado. “Sobre todo, para decidir si se seguía manteniendo eso o no”, indicó Fernetti.
Sobre el lugar en sí, el antropólogo lo definió como “bastante claustrofóbico” y “muy cerrado” donde a “duras penas entra una persona parada”. Además, detalló que “gran parte de ese recinto de ladrillo está ocupado por ese tanque que mide unos 90 cm de diámetro, entonces hay muy poco espacio como para poder pasar porque obviamente esa bóveda fue hecha para contenerlo”.
Como no molesta y se mantiene en perfecto estado, con una loza de, al menos, 30 cm de hormigón que garantiza que no se desmorone, se decidió “no innovar” y dejar la construcción tal cual está. “Se tapó y quedó el hueco por donde se puede acceder”, explicó el también arquitecto.
“Es una cosa insólita, obviamente, uno dice «uh mira lo que había», pero no brinda mucha información”, dijo Fernetti y sumó: “La arqueología no se basa en la rareza sino que se basa en general, en lo repetitivo, en las constantes. Yo siempre digo lo mismo, si tengo el sable de San Martín, no puedo descubrir sobre San Martín mucho más que eso: que en algún momento tuvo una espada”.
Por otro lado, explicó que la arqueología en sí “trata de encontrar cosas que se repitan para buscar entre comillas, las costumbres, la cultura, ver cómo se funcionaba”. Y por eso es que en la publicación de redes sociales, el grupo detalló la transformación que hubo en lo que socialmente se considera peligroso. “El peligro público actualmente está muy reglamentado, no se puede poner en una plaza un tanque de combustible, ni siquiera de agua. Hoy tiene que estar registrado, tiene que tener una función. Eso es lo que ha cambiado y esa es la enseñanza que nos puede dejar este hallazgo”, cerró.
El grupo Arqueología de Rosario trabaja en base a proyectos que son aprobados por la Provincia de Santa Fe y su ministerio de Cultura mediante concesión de área. Primero realizaron tareas en la zona de Refinería, barrio Talleres, Cruce Alberdi hasta Aguas Provinciales. En una segunda etapa, se hizo desde avenida Pellegrini hacia el Norte, donde abarcaron toda la zona de Ribereña, y una tercera que fue concretamente en la zona de la avenida Belgrano en lo que se llamó “La Basurita” y que según explicaron, era un gran basurero municipal. En total, detectaron más de 200 sitios que fueron registrados y reportados.