Luciano “Pichón” Rodríguez (24), un recluso alojado en el pabellón 12 de la cárcel de Piñero, fue imputado como instigador de un intento de homicidio cometido en enero pasado en barrio Tablada. Según la acusación de la fiscal Paula Barros, el preso utilizó un reloj inteligente (smartwatch) para comunicarse con los tiratiros que ejecutaron el ataque y les prometió una paga a cambio.

La audiencia se realizó este martes ante el juez Aldo Bilao Benítez, quien dispuso la prisión preventiva por el plazo de ley para Rodríguez y para Dylan “Chino” Carrizo (19), señalado como uno de los autores materiales de la balacera. Además, ordenó restringir las comunicaciones de Rodríguez con el exterior y suspender su régimen de visitas hasta la presentación de la acusación.

Rodríguez se encuentra detenido desde 2020 por el crimen de Franco “Gordo Milhause” Navarro, asesinado en enero de ese año en el Fonavi de Maestros Santafesinos e Isola, en un caso vinculado a disputas entre banditas delictivas del sur rosarino.

La investigación apunta a un ataque perpetrado el 6 de enero de 2026 contra Alexis R. (36) en inmediaciones de Biedma y Esmeralda.

De acuerdo con la imputación, horas antes del atentado Rodríguez, desde la Unidad de Piñero, utilizó un smartwatch con línea telefónica para ordenar el homicidio de Alexis R.. La fiscal sostuvo que les encomendó la tarea a Carrizo y a un adolescente de 15 años, a quienes les prometió dinero.

Para ejecutar el plan, otro menor de edad, identificado como T.N.C., hermano de Pichón Rodríguez, aportó una moto tipo scooter. Con ese vehículo, Carrizo y el adolescente recorrieron distintas calles de la zona sur hasta llegar a la esquina de Biedma y Esmeralda.

Según la reconstrucción fiscal, Riveros caminaba por el lugar cuando fue interceptado por los ocupantes de la moto. Sin mediar palabra, el acompañante extrajo una pistola calibre 9 milímetros y efectuó al menos cuatro disparos. Dos proyectiles impactaron en la víctima: uno en el abdomen y otro en el hombro derecho.

Riveros sobrevivió gracias a la rápida asistencia médica. Fue sometido a una cirugía de urgencia y permaneció internado en terapia intensiva.

Apenas consumado el ataque, los agresores escaparon siguiendo un recorrido previamente establecido. El trayecto fue reconstruido mediante cámaras de vigilancia instaladas en distintos puntos de la ciudad.

Uno de los elementos más comprometedores para los investigadores surgió de las comunicaciones posteriores al atentado. A las 21.57, apenas minutos después de los disparos, Carrizo se contactó con Rodríguez para informarle el resultado del ataque.

“Le dieron 5. Cayó como una palomita”, fue el mensaje atribuido por la Fiscalía al tiratiros.

Al día siguiente, siempre según la acusación, el adolescente que conducía la moto –apodado Menor– utilizó el teléfono de la madre de un allegado para reclamar el pago prometido. “¿Me vas a pasar lo mío, que yo manejé la moto ayer?”, le escribió a Rodríguez.

La pesquisa también derivó, en enero, en imputaciones contra Lucas Díaz y Agustín Fernández por encubrimiento agravado. Para la fiscal, ambos colaboraron con los autores materiales después de la balacera y participaron del ocultamiento de la moto, el arma utilizada y otros elementos relacionados con el ataque.

Los tres fueron localizados en pasaje Spiro al 300 bis durante un operativo cerrojo montado por la Policía de Acción Táctica luego de llamados al 911 que aportaron datos sobre los movimientos de los sospechosos.

“Se confundieron”

Dos meses después del ataque, Riveros declaró ante los investigadores que desconocía los motivos de la agresión.

“No sé por qué me dispararon, para mí se confundieron. Yo nunca tuve problemas con nadie. Por eso después del hecho del que fui víctima volví a vivir a mi casa de siempre. A un chico apodado «Piraña», que creo que se llamaba Valentino, lo mataron una semana antes de que me disparen a mí. Yo lo conocía pero no me juntaba con él. Lo conocía porque la madre es vecina mía, vive en Grandoli y Spiro”, afirmó.

Un familiar de Riveros también fue entrevistado durante la investigación y aportó datos sobre la situación personal de la víctima.

“Mi hermano Alexis tiene problemas de adicciones desde hace más o menos tres años, estuvo internado en una granja de rehabilitación en Ibarlucea durante casi un año, yo lo llevé. Cuando salió estuvo bien pero luego volvió a empeorar, hace un año y medio cuando falleció mi mamá más o menos”, declaró.

Una versión señala que quienes le dispararon querían vengar a Valentino Yandel “Piraña” Ramírez, un joven de 16 años que malvivía entre la pobreza y la delincuencia, hasta que fue ejecutado frente a Biedma 160 bis el 31 de diciembre a las 14.40, a escasos metros de su casa.