De local, en la Copa Libertadores, hay que ganar. Sobre todo cuando el rival es inferior y se defiende como gato entre la leña para mantener el cero en su arco. Y con uno menos.
Que ingrese Quintana genera un contagio inmediato en el Gigante, muestra de agradecimiento y cariño inmenso por tantas batallas ganadas en una muestra de entrega inclaudicable. Pero que salte a la cancha para jugar de centrodelantero es un síntoma de debilidad.
Que Di María se empeñe en resolver todo solo es un error. Otro síntoma de debilidad.
Siempre sucede cuando el equipo no puede, jamás cuando el juego fluye. Una cosa es cuando Ángel tiene que ponerse el equipo al hombro y otra cuando es el director de orquesta.
El primer cuarto de partido, hasta la pausa de rehidratación, fue propiedad del rival. Cuando le saltean el doble cinco a Central se le complica: pierde rigurosidad táctica. Y también estratégica.
En la Copa Libertadores, de local, hay que ganar. Central empató en Arroyito con el prolijo y coqueto Independiente del Valle. Pero blandito también.
En la Copa Libertadores, en casa, se gana como sea. Léase con criterio el “como sea” por favor.
Central integra el grupo más accesible de la Libertadores 2026. Por lejos. Y se va a clasificar casi sin esforzarse.
La exigencia se pronuncia porque al equipo de Almirón hay que moldearlo y proyectarlo de octavos en adelante. Cuidado, no es lo mismo ser primero que segundo. Los cruces generalmente son de exigencias diferentes. Además, definir de local en los “mata mata” es una gran ventaja.
De local hay que ganar. Y Central no ganó. Aunque lo mereció hartamente. Le entró por todos lados, menos en el arco.
Interpretar y bajarle el perfil a las deficiencias en la primera fecha es una ventaja.
No pasó nada grave, todo corregible. Hasta una pizca de suerte hubiera servido.
La semana que viene la prueba será en Paraguay frente a un rival inferior a Independiente del Valle, Libertad, que el jueves se comió 3 en Venezuela.
Equipo alternativo frente a Huracán (a Central le sobran puntos en la Liga) y toda la carne al asador en Asunción.
“El equipo puede ganar de visitante también así que trataremos de ganar allá y recuperar los puntos”, dijo Almirón con seguridad tras el empate en el debut. Habló de recuperar, lo que es una prueba de que el objetivo no se plasmó en el resultado.
Nada preocupante, sólo un mal sabor de boca porque los merecimientos no se combinaron con la chapa del final. La fase de grupos no será un problema para Central. Será una especie de aperitivo.
Pero esta historia se escribe a partir de octavos de final. Es en esa etapa en la que los errores empiezan a penalizar mucho más fuerte.
En la Copa Libertadores, de local, hay que ganar. Siempre.



