La muerte de Jesús de Miguel Alameda, futbolista del CD Tenerife, conmocionó al fútbol español y reabrió el debate sobre los límites de las intervenciones de los arqueros cuando abandonan su portería.

El delantero falleció este martes a las 8 de la mañana después de permanecer ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) a consecuencia de un grave golpe sufrido durante el encuentro ante el FC Andorra.

El incidente se produjo tras un choque con Jesús Owono, arquero del conjunto andorrano, cuya salida para disputar la pelota generó una importante polémica.

La gravedad de lo ocurrido puso el foco sobre las normas que regulan estas acciones y las circunstancias en las que un árbitro debe sancionar una intervención peligrosa.

     

Qué dice el reglamento 

La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) establece distintos criterios para valorar este tipo de jugadas. La intensidad del contacto, la posibilidad de disputar el balón y el riesgo para la integridad física del adversario son algunos de los elementos que pueden determinar si una acción merece una tarjeta amarilla o una expulsión.

Las Reglas de Juego permiten que los arqueros abandonen su área de penal para intervenir en cualquier acción del partido. Salir de la portería no constituye una infracción, independientemente de la distancia recorrida o de la zona del terreno de juego en la que se produzca la intervención.

Sin embargo, una vez fuera de su área, los porteros están sometidos a las mismas restricciones que el resto de los futbolistas. Esto significa que no pueden tocar deliberadamente el balón con las manos o los brazos, salvo en las circunstancias excepcionales contempladas por el reglamento, ni emplear una fuerza desproporcionada contra un adversario.

La Regla 12, relativa a las faltas y la conducta incorrecta, distingue entre las acciones imprudentes, temerarias y aquellas en las que se utiliza fuerza excesiva. Esta clasificación resulta fundamental para determinar la sanción disciplinaria correspondiente.

Una entrada imprudente puede castigarse con un tiro libre directo sin necesidad de mostrar una tarjeta. Por su parte, las intervenciones temerarias deben sancionarse con tarjeta amarilla, mientras que aquellas que ponen en peligro la integridad física del contrario mediante el uso de fuerza excesiva pueden suponer la expulsión.

Por tanto, el reglamento no concede a los arueros una protección especial cuando salen a disputar un balón dividido. Tampoco considera automáticamente ilegal una intervención por el mero hecho de que se produzca un choque con otro futbolista.

 El delantero del CD Tenerife, Jesús de Miguel. (CD Tenerife)
. El delantero del CD Tenerife, Jesús de Miguel. (CD Tenerife)

Cuándo puede ser expulsado un arquero por una salida peligrosa

El manual arbitral de la RFEF establece criterios específicos para identificar las acciones que pueden constituir conducta violenta. Según este documento, una intervención puede merecer una tarjeta roja cuando un jugador utiliza una fuerza excesiva o actúa con brutalidad contra otra persona, incluso aunque no llegue a producirse un contacto físico.

Para evaluar estas situaciones, el árbitro debe prestar atención a la intensidad del movimiento, la parte del cuerpo utilizada, la zona de impacto y el peligro generado para el adversario.

Uno de los supuestos recogidos por la Federación contempla las acciones en las que un futbolista observa la llegada de un contrario y coloca deliberadamente el codo, la rodilla o el puño para golpearlo con fuerza excesiva. La decisión disciplinaria prevista para este comportamiento es la expulsión.

Para que sea delito, también sería imprescindible esclarecer las causas médicas del fallecimiento y su relación con el impacto. 
Para que sea delito, también sería imprescindible esclarecer las causas médicas del fallecimiento y su relación con el impacto. 

No obstante, conviene diferenciar la conducta violenta del juego brusco grave. Este último se produce cuando un jugador disputa el balón mediante una entrada o una acción que pone en peligro la integridad física del adversario o implica fuerza excesiva. Ambas infracciones pueden castigarse con tarjeta roja, pero responden a criterios diferentes.

La intención de disputar el balón no excluye una posible expulsión. Un arquero puede intentar despejar una pelota y, al mismo tiempo, realizar una intervención que el árbitro considere merecedora de la máxima sanción disciplinaria. Esto nos permite saber que el reglamento exige valorar cómo se produjo la acción y no únicamente el resultado del contacto.

Para que sea delito, también sería imprescindible esclarecer las causas médicas del fallecimiento y su relación con el impacto. La documentación clínica, los informes periciales y las imágenes del encuentro podrían contribuir a reconstruir lo sucedido, aunque la existencia de un nexo temporal entre el choque y la muerte no basta, por sí sola, para establecer todas las exigencias de la causalidad penal.

La calificación de una eventual imprudencia como grave o menos grave dependería de las circunstancias acreditadas y de la entidad de la infracción del deber de cuidado. No se determina únicamente por la violencia aparente de las imágenes ni por la gravedad del resultado. Una acción puede merecer una sanción deportiva severa sin reunir necesariamente los requisitos de un delito.

La polémica tras el choque entre Owono y Jesús de Miguel

El choque con Owono plantea interrogantes sobre los límites de estas intervenciones y la aplicación de las normas destinadas a proteger a los jugadores.

Para determinar si una acción concreta constituye juego brusco grave o conducta violenta, es necesario analizar sus circunstancias. Aspectos como la trayectoria de los futbolistas, la velocidad de la intervención, la posición del balón y la forma en la que se produce el impacto pueden resultar decisivos.

     

Mientras continúa la conmoción por lo sucedido, la RFEF expresó públicamente sus condolencias por la muerte del futbolista. "El fútbol español llora la pérdida de Jesús de Miguel", escribieron la Federación a través de sus redes sociales. Además, suspendieron la jornada de fútbol de este martes. 

     


La tragedia volvió a poner sobre la mesa una cuestión fundamental del fútbol: la necesidad de proteger la integridad física de los jugadores durante las disputas por la pelota, especialmente cuando se producen intervenciones a gran velocidad y contactos en zonas vulnerables como la cabeza.