De una operación simbólica a una apuesta industrial: el nuevo plan para Vassalli

La histórica fábrica de Firmat busca una nueva oportunidad: asumieron sus pasivos, volvieron los trabajadores y ahora el desafío es recuperar la producción y regresar al mercado

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Hay historias empresariales que se explican por sus balances. Y hay otras que, para entenderlas, obligan a mirar mucho más allá de los números.

La historia reciente de Vassalli, la tradicional fabricante de cosechadoras de Firmat, Santa Fe, pertenece a esta segunda categoría. Una compañía que llegó a ser uno de los grandes nombres de la maquinaria agrícola argentina, que en sus mejores épocas vendía más de 1000 cosechadoras por año, terminó atravesando una profunda crisis y cambió nuevamente de manos mediante una operación simbólica: US$1.

Pero el dato que parece increíble tiene una explicación económica. No se compraron por un dólar sus fábricas, sus máquinas ni sus activos. El nuevo grupo inversor asumió también los pasivos acumulados de la compañía. En otras palabras, el verdadero precio de entrada no está en el cheque de la compraventa, sino en el desafío de reconstruir una empresa que llegó a permanecer ocho meses prácticamente paralizada.

Una marca que forma parte de la historia del campo argentino

Vassalli nació en 1949, cuando Roque Vassalli fundó en Firmat una empresa que con el tiempo se convertiría en uno de los símbolos de la industria nacional de maquinaria agrícola.

Durante décadas, sus cosechadoras estuvieron asociadas al crecimiento de la agricultura argentina. La compañía llegó a tener una escala industrial que hoy resulta difícil de imaginar: más de 1000 máquinas vendidas en sus mejores años.

La historia, sin embargo, tuvo varios capítulos de crisis, cambios de accionistas y reestructuraciones.

En 2024, la empresa había sido adquirida por Eduardo Marsó en una operación valuada en unos US$8 millones. El intento de recuperación no logró consolidarse y, apenas dos años después, Vassalli volvió a cambiar de manos.

Esta vez, el valor simbólico de la operación refleja hasta qué punto se había deteriorado la situación financiera.

El desafío empieza después de comprarla

El nuevo proceso está encabezado por Roberto Santiago Chinelli, un ejecutivo que conoce desde adentro a la compañía y que ya había ocupado la gerencia general de Vassalli.

El plan comienza por lo más básico: volver a producir. En julio, unos 240 trabajadores retomaron la actividad bajo un esquema inicial de cuatro horas diarias. El objetivo es avanzar gradualmente hasta recuperar la jornada completa y alcanzar la plena actividad industrial hacia noviembre.

La empresa conserva, además, una estructura industrial importante: tres plantas cubiertas que suman aproximadamente 99.000 metros cuadrados y donde se concentran las actividades vinculadas con cosechadoras, plataformas y repuestos.

El contraste es fuerte: detrás de una operación de apenas un dólar existe una infraestructura industrial de enorme dimensión.

De la fábrica parada a una primera meta: producir 30 cosechadoras

El próximo objetivo sería recuperar gradualmente el volumen de fabricación. Entre las metas que trascendieron aparece un programa inicial de alrededor de 30 cosechadoras.

Pero antes habrá que resolver uno de los problemas centrales que dejó la crisis: reconstruir la relación con los proveedores y garantizar nuevamente el flujo de insumos necesarios para fabricar.

Ese punto es clave.

Una fábrica de maquinaria agrícola no vuelve a funcionar solamente encendiendo sus máquinas. Necesita proveedores, financiamiento, capital de trabajo, logística, trabajadores, clientes y una red comercial capaz de sostener las ventas.

Por eso, el verdadero desafío de Vassalli comienza ahora.

Una industria que cambió mientras Vassalli estaba en crisis

La empresa tampoco vuelve al mismo mercado que dejó.

El negocio de maquinaria agrícola argentino se volvió cada vez más competitivo y las grandes multinacionales tienen una presencia dominante en segmentos estratégicos, con marcas como John Deere, Case IH, New Holland y AGCO.

Vassalli deberá entonces recuperar producción, pero también actualizar su propuesta de productos y encontrar una posición competitiva dentro de un mercado en el que la escala, la tecnología y el financiamiento tienen cada vez más peso.

El nuevo proyecto contempla justamente el desarrollo de nuevos productos y una actualización de la oferta.

El dato que resume toda la historia

Hay una paradoja interesante detrás de esta operación.

Vassalli se vende por US$1, pero volver a ponerla en marcha vale muchísimo más.

El dólar simbólico representa solamente la forma en que se estructuró el cambio de manos. Lo verdaderamente valioso —y también lo más difícil de recuperar— es el conocimiento acumulado, la marca, las instalaciones, los trabajadores, los proveedores y la capacidad industrial construida durante más de siete décadas.

La crisis también muestra la vulnerabilidad de la industria nacional de maquinaria agrícola frente a los ciclos del agro.

La sequía de 2023 golpeó con fuerza al mercado de maquinaria y la compañía dejó de tomar nuevas ventas. En ese proceso llegó a acumular 39 cosechadoras pendientes de fabricación.

Ahora la apuesta es exactamente la contraria: volver a fabricar para volver a vender.

Una oportunidad que excede a una empresa

El caso Vassalli tiene una lectura que va más allá de una compañía.

Firmat es parte de uno de los principales polos de maquinaria agrícola de la Argentina. La continuidad de una fábrica de estas dimensiones impacta sobre trabajadores, proveedores metalúrgicos, talleres, transportistas, servicios y toda una red industrial que se construyó alrededor del agro.

Por eso, el regreso de Vassalli será seguido de cerca por todo el sector.

No alcanza con que una fábrica vuelva a abrir sus puertas. El verdadero indicador de recuperación será otro: que vuelva a fabricar, vender, cobrar y sostenerse en el tiempo.

Después de una venta por US$1, el próximo capítulo de Vassalli no se mide en dólares, se mide en cosechadoras.

Asi una de las marcas históricas de la maquinaria agrícola argentina consigue transformar una oportunidad extraordinaria en una nueva etapa industrial.

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