La foto que deja el último relevamiento de IERAL tiene una paradoja incómoda para la economía argentina: los precios locales empiezan a acercarse a los internacionales, pero producir en el país todavía cuesta demasiado.
El dato más contundente aparece en la comparación de 17 bienes y servicios utilizados como insumos productivos. En el 49% de los casos, el precio es menor en alguno de los países analizados que en la Argentina. En la medición anterior, ese porcentaje era del 44%.
Es decir, lejos de haberse cerrado, la discusión sobre la competitividad sigue abierta. Y tiene un agravante: cuando la comparación se hace contra los principales competidores regionales, la desventaja argentina se vuelve todavía más evidente.
Brasil vuelve a sacar ventaja y el dato preocupa a la industria
Brasil es el caso que más debería mirar la industria argentina.
Según IERAL, el 65% de los insumos relevados resulta más barato en Brasil que en la Argentina. Un año atrás, esa proporción era seis puntos menor.
Chile tampoco queda lejos: en 64% de las comparaciones presenta precios inferiores a los argentinos.
Paraguay, por su parte, ofrece costos menores en el 56% de los casos.
La señal para las empresas es directa: Argentina no solamente compite con economías desarrolladas; también enfrenta una desventaja de costos frente a sus propios vecinos.
Y en el caso brasileño el problema es todavía más sensible: se trata del principal socio comercial del país y de uno de sus competidores industriales más relevantes.
La brecha promedio mejora, pero la sensación de competitividad todavía no aparece
Hay una buena noticia, aunque bastante menos contundente de lo que podría sugerir una primera lectura.
La diferencia promedio de precios entre Argentina y Brasil, Chile y Paraguay cayó desde el 5,8% en julio de 2025 hasta el 2,2% un año después.
La convergencia existe, pero el problema es que la mejora del promedio convive con un aumento de la cantidad de productos en los que Argentina es más cara.
En otras palabras: el país está más cerca de los precios internacionales, pero eso no significa que haya logrado una estructura de costos competitiva.
Y esa diferencia es clave para las empresas que tienen que decidir dónde invertir, producir o abastecerse.
El dólar dejó de ser la única explicación
El nuevo escenario también obliga a mirar más allá del tipo de cambio.
En Argentina, el 89% de los bienes y servicios relevados aumentó su precio en pesos. Además, el 74% registró aumentos cuando los valores se expresaron en dólares.
Pero el fenómeno no fue exclusivo de Argentina. Los precios también subieron en dólares en buena parte de los países de referencia.
Por eso, la explicación no puede reducirse simplemente a una cuestión cambiaria.
El verdadero desafío está en los costos que determinan cuánto cuesta operar en Argentina: energía, combustibles, logística, tecnología, servicios, salarios y el entramado general de costos productivos.
El mapa de costos muestra dónde está parada Argentina
El ranking elaborado por IERAL coloca a Estados Unidos y Uruguay entre los países de mayores costos promedio, mientras que Brasil aparece en el extremo opuesto.
Argentina queda en una posición intermedia, pero esa ubicación promedio esconde diferencias importantes.
En electricidad, por ejemplo, la Argentina conserva una posición favorable frente a buena parte de los países comparados.
En combustibles, la película cambia y aparecen competidores con precios inferiores.
En tecnología, la presión vuelve a aumentar: tanto los salarios de programadores como los espacios de coworking presentan alternativas más económicas en buena parte de los países analizados. También una notebook comparable resulta más cara en Argentina frente a los cinco mercados utilizados como referencia.
El problema, entonces, no es un único precio: es la suma de muchos costos que terminan determinando la competitividad final.
La industria enfrenta una pregunta incómoda: ¿alcanza con normalizar precios?
La Argentina atraviesa un proceso de corrección de precios relativos. El problema es que la normalización todavía no garantiza competitividad.
Una empresa puede pagar precios más alineados con los internacionales y, al mismo tiempo, enfrentar una estructura de costos que le dificulte competir.
Ese es justamente el riesgo que expone el informe de IERAL.
Si los costos productivos argentinos permanecen por encima de los de sus competidores, la convergencia de precios puede quedarse a mitad de camino: se reduce la distorsión, pero no necesariamente aparece una ventaja para producir.
El dato que debería mirar el mercado
La conclusión es incómoda pero clara: Argentina está convergiendo en precios, pero todavía no converge en competitividad.
El 49% de los insumos relevados resulta más barato en otros mercados. Brasil supera a Argentina en costos en 65% de las comparaciones y Chile lo hace en 64%.
La brecha promedio se redujo de manera significativa, pero todavía existe una diferencia entre tener precios más normales y tener costos suficientemente bajos para competir.
Para la industria, esa diferencia puede ser determinante.
Porque en un escenario de mayor apertura comercial y competencia internacional, la pregunta ya no es solamente cuánto cuesta un producto en Argentina.
La pregunta es otra, bastante más dura: ¿Cuánto cuesta producirlo acá frente a producirlo en otro país?
Y, por ahora, la respuesta del relevamiento de IERAL no resulta favorable para la industria argentina.

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