Del Bitcoin al crédito: cómo la tokenización puede cambiar el financiamiento de las PyMEs

Blockchain deja de ser solamente una tecnología asociada a las criptomonedas y comienza a ganar espacio en las finanzas tradicionales. La CNV avanza en un marco que podría permitir nuevas formas de emisión y financiamiento empresarial

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Durante años, el vínculo de los argentinos con las criptomonedas estuvo concentrado principalmente en dos objetivos: proteger los ahorros frente a la pérdida de valor del peso y buscar ganancias mediante la cotización de Bitcoin y otros activos digitales.

Ahora aparece una nueva etapa. La tecnología que permitió el desarrollo de Bitcoin comienza a trasladarse hacia un terreno mucho más cercano a las finanzas tradicionales: el mercado de capitales y el financiamiento empresarial.

Un documento elaborado por Bitfinex identifica cuatro tendencias que empiezan a ganar espacio en Argentina: la tokenización de activos, la incorporación de Bitcoin a las tesorerías corporativas, la expansión de las stablecoins y el ingreso de inversores institucionales a través de vehículos regulados.

El cambio todavía es incipiente, pero podría tener impacto en uno de los principales problemas del mercado argentino: la dificultad de las empresas, especialmente las PyMEs, para conseguir financiamiento de largo plazo.

Tokenización: una nueva puerta al mercado de capitales

La tokenización consiste en representar digitalmente un activo o un derecho económico utilizando tecnología blockchain.

El activo subyacente no necesariamente cambia. Lo que se modifica es la infraestructura utilizada para emitirlo, registrarlo, distribuirlo y eventualmente negociarlo.

Para una PyME, esto podría abrir una alternativa frente al crédito bancario y a las emisiones tradicionales.

Un activo, proyecto o flujo futuro puede dividirse digitalmente en unidades más pequeñas y distribuirse entre una mayor cantidad de inversores. De esta manera, se busca reducir los montos mínimos de entrada y facilitar la participación de nuevos actores.

El atractivo está especialmente relacionado con aquellas empresas que necesitan montos relativamente pequeños para financiarse y que, bajo el esquema tradicional, enfrentan costos legales, administrativos y de estructuración que pueden volver inviable una emisión.

La tecnología, sin embargo, no elimina el riesgo financiero. Una obligación negociable tokenizada continúa dependiendo de la capacidad de pago de la empresa que la emite. Tampoco desaparecen los requisitos vinculados con auditoría, prevención de lavado, custodia, información al inversor y cumplimiento regulatorio.

El papel de la CNV

En este proceso, uno de los elementos centrales es el avance regulatorio de la Comisión Nacional de Valores.

La CNV trabaja sobre un marco para la representación digital de valores negociables, mientras también avanzó en modificaciones vinculadas con instrumentos de oferta pública automática, crowdfunding y obligaciones negociables PyME.

El objetivo es que la tecnología pueda funcionar como un puente entre empresas que necesitan capital e inversores que buscan nuevas alternativas.

La posibilidad de fraccionar digitalmente determinados activos, flujos futuros, facturas, contratos, créditos comerciales, exportaciones o proyectos productivos podría permitir estructurar emisiones que hasta ahora resultaban demasiado costosas para el mercado tradicional.

Pero existe un límite importante: tokenizar un activo no significa automáticamente que exista demanda por ese activo.

Para que el sistema funcione se necesitan información confiable, evaluación del riesgo, trazabilidad de los fondos, una estructura jurídica adecuada, custodia segura y mecanismos de cumplimiento.

Además, una emisión más sencilla no garantiza que exista posteriormente un mercado secundario con suficiente liquidez.

Bitcoin entra en los balances corporativos

El segundo fenómeno ocurre dentro de las propias empresas.

A nivel internacional, compañías como Strategy comenzaron a utilizar Bitcoin como parte de sus reservas corporativas. La estrategia busca incorporar exposición al activo digital dentro de la tesorería empresarial.

En Argentina también apareció un caso relevante: Zonda Bitcoin Capital se convirtió en la primera empresa local cotizante en adoptar una estrategia de tesorería vinculada a criptoactivos.

La compañía permite obtener exposición indirecta a Bitcoin a través de una acción negociada en el mercado local y utiliza instrumentos regulados, entre ellos el ETF IBIT administrado por BlackRock.

El modelo genera un nuevo puente entre las finanzas tradicionales y el universo cripto.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental: comprar una acción de una empresa con exposición a Bitcoin no equivale a comprar Bitcoin.

El precio de la acción también depende de la administración de la compañía, sus costos, su estructura de financiamiento, sus decisiones corporativas y la relación entre su valor bursátil y los activos que posee.

Stablecoins: el dólar digital que ya utilizan los argentinos

Las stablecoins constituyen otro de los grandes canales de conexión entre las criptomonedas y la economía real.

Activos como USDT y USDC buscan mantener una cotización cercana a una moneda tradicional, generalmente el dólar.

En Argentina ya tienen múltiples usos: ahorro, transferencias, cobro de servicios al exterior y pagos internacionales.

Una de sus principales ventajas es la posibilidad de operar durante las 24 horas y transferir fondos sin depender de los horarios tradicionales del sistema bancario.

Pero una stablecoin tampoco equivale automáticamente a tener dólares depositados en un banco.

Su estabilidad depende del emisor, de las reservas que respaldan al activo, de su liquidez y de la infraestructura tecnológica utilizada. También existen riesgos regulatorios, tecnológicos y de custodia.

¿Puede realmente bajar el costo del crédito?

La gran pregunta para el mercado financiero es si toda esta infraestructura tecnológica puede traducirse en financiamiento más barato para las empresas.

Rodrigo Durán Guzmán, director de Comunicaciones de Notbank by CryptoMarket, considera que la tokenización puede reducir algunos componentes del costo financiero, especialmente aquellos asociados con la estructuración, distribución, registro, administración y liquidación de una emisión.

El fraccionamiento digital también permitiría ampliar potencialmente la base de inversores y diseñar colocaciones de menor tamaño.

Pero existe una advertencia clave: la tecnología no puede resolver por sí sola el problema del costo financiero argentino.

Las tasas que enfrentan las empresas continúan determinadas por variables como inflación, volatilidad cambiaria, riesgo regulatorio, capacidad de pago y disponibilidad de ahorro de largo plazo.

La tokenización puede reducir fricciones, pero no elimina el riesgo.

Mariquena Otermin, CMO de Bitwage by Paystand, apunta en la misma dirección y destaca que uno de los principales problemas que puede atacar la tecnología es el costo de intermediación.

En el sistema tradicional, una emisión puede involucrar comisiones, procesos de aprobación y estructuras de suscripción que resultan demasiado costosas para determinadas PyMEs.

Blockchain podría reducir parte de esos costos y acelerar procesos de liquidación y administración de fondos.

El desafío: transformar tecnología en crédito real

La oportunidad más importante aparece, entonces, en la posibilidad de democratizar el acceso al mercado de capitales.

Muchas PyMEs argentinas no llegan a emitir deuda porque los costos legales, regulatorios y administrativos son demasiado elevados frente al monto que necesitan conseguir.

La tokenización podría modificar esa ecuación.

Al permitir fraccionar determinados activos o flujos económicos, una empresa podría acceder a una base más amplia de inversores y estructurar operaciones de menor tamaño.

El cambio también podría favorecer la aparición de nuevos instrumentos respaldados por facturas, contratos, créditos comerciales, exportaciones o determinados proyectos productivos.

El desafío será convertir esa posibilidad tecnológica en operaciones reales, sostenibles y con suficiente liquidez.

Porque el salto desde el mundo cripto hacia el mercado financiero no depende solamente de blockchain. También requiere regulación, confianza, transparencia, demanda de inversores y empresas capaces de generar flujos de fondos que respalden las emisiones.

La nueva batalla por el financiamiento

La Argentina empieza así a transitar una etapa diferente para los activos digitales.

El foco ya no está únicamente en comprar y vender criptomonedas. La tecnología comienza a utilizarse como infraestructura para crear, distribuir y negociar instrumentos financieros.

Para las PyMEs, la promesa es concreta: acceder a nuevas fuentes de capital con menores barreras de entrada.

Para los inversores, implica la aparición de nuevos instrumentos y formas de exposición a activos y proyectos.

Y para el mercado de capitales, supone una transformación potencial de su infraestructura.

El resultado todavía está por verse. Pero el movimiento es claro: la tecnología que nació con Bitcoin empieza a abandonar el terreno exclusivo de las criptomonedas para disputar un lugar dentro de las finanzas tradicionales.

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