Tierras premium en Puerto Norte, deuda y empresas en giro: la nueva Santa Fe que se reconfigura

Mientras Nación negocia deuda y cede tierras premium en Puerto Norte, supermercados cambian de manos, industrias se reinventan y crece la tensión empresarial: la provincia acelera una transición donde conviven oportunidades millonarias y señales de alerta

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La economía santafesina atraviesa una etapa de reconfiguración profunda. No es un shock, sino una suma de movimientos que empiezan a encajar en una misma lógica: reordenamiento fiscal, reconversión productiva y disputa por activos estratégicos.

El dato político más relevante fue el principio de acuerdo entre la provincia y la Nación para saldar parte de la deuda histórica vinculada a la Caja de Jubilaciones. En ese esquema, la ANSES transferirá 120 mil millones de pesos en doce cuotas mensuales de 10 mil millones.

Pero el acuerdo va mucho más allá del flujo de fondos. Incluye la posibilidad de compensar deuda con activos del Estado nacional. Y ahí aparece uno de los puntos más sensibles —y estratégicos—: la transferencia de seis terrenos en Puerto Norte. Son los que había sacado a la venta el presidente Javier Milei en octubre de 2024. Anteriores gobiernos nacionales habían intentado hacer proyectos pero ninguno prosperó hasta ahora. Sólo algunas viviendas precarias en los terrenos tomados a raíz de una “iniciativa privada” que terminó con fallos en contra. Demostrando que son terrenos nacionales. 

Se trata de unas 8 hectáreas en una de las zonas más cotizadas de Rosario. Hoy, su valor de mercado se ubica entre 50 y 80 millones de dólares. Pero ese número puede escalar a cifras mucho mayores si se habilitan desarrollos inmobiliarios de alta densidad, con proyectos que podrían alcanzar entre 200 y 300 millones de dólares.

Más allá del monto, la clave es urbanística y política: esos terrenos, hoy en gran parte ociosos o con ocupaciones informales, podrían convertirse en una de las últimas grandes reconversiones frente al río.

El acuerdo con Nación se inscribe en una lógica más amplia de negociación con provincias. Como dejó entrever el ministro Luis Caputo en su paso por la Bolsa de Comercio de Rosario, donde habló frente a un auditorio raleado que no pasó desapercibido ni siquiera para los propios asistentes.

“Preferí quedarme en la oficina, porque hoy me tengo que ocupar de no perder más plata”, fue la frase tajante de un empresario de peso —incluso dentro de la propia Bolsa— que eligió no asistir y que grafica con crudeza el momento que atraviesa buena parte del entramado industrial.

En ese contexto, siguen abiertas discusiones clave. Una de ellas es la ruta A012, pieza central del sistema de accesos portuarios. Nación evalúa distintas alternativas —incluida una cesión temporal—, pero todavía no hay definiciones concretas.

En paralelo, continúa la demora en la firma del decreto que habilita el crédito de 150 millones de dólares aprobado por la CAF para mejorar los accesos a los puertos del Gran Rosario. Un proyecto que lleva más de un año de espera y que vuelve a poner sobre la mesa el uso político de estos instrumentos.

Cambios de mano

Mientras tanto, el sector privado también se mueve.

El negocio supermercadista rosarino atraviesa una reconfiguración silenciosa. La salida de Micropack y el avance del grupo chino TodoChen muestran un cambio de lógica: modelos más flexibles, con integración de rubros y expansión barrial.

La venta del Hiper Libertad a La Anónima, el posicionamiento de Cencosud tras la compra de Makro y la continuidad de Carrefour configuran un mapa más concentrado, pero también más competitivo.

A la par, cadenas locales como La Gallega, La Reina y Dar invierten para sostener su lugar y hasta ganar espacio, mientras nuevos formatos más ágiles crecen al ritmo de un consumidor que compra menos volumen, pero con mayor frecuencia.

Los movimientos en el interior provincial

Fuera de los grandes centros urbanos, el proceso es igual de intenso.

Empresas industriales medianas empiezan a reconvertirse, incluso asociándose con antiguos competidores. El caso del fabricante de maquinaria agrícola Giorgi, que avanzó hacia el mundo tecnológico, refleja un fenómeno más amplio: la búsqueda de escala y adaptación en un contexto desafiante.

Ese movimiento también se ve en modelos asociativos que empiezan a tomar forma para competir en proyectos vinculados a Vaca Muerta o incluso a la minería, donde la articulación entre empresas se vuelve clave para acceder a oportunidades.

En el campo de la biotecnología, las señales son mixtas.

Tal como se adelantó en esta columna semanas atrás, se concretaría la venta de Terragene —aunque todavía sin oficialización, pero sí cerrada—. Un caso que, por un lado, representa un éxito empresarial de dos científicos locales como Esteban Lombardía y Adrián Rovetto, pero al mismo tiempo expone una tendencia: la pérdida de peso del empresariado local frente a jugadores globales.

En paralelo, Bioceres enfrenta un frente judicial en Nueva York que involucra a fondos y accionistas con perfiles altamente agresivos en este tipo de disputas, lo que eleva la tensión sobre el futuro de la compañía.

En ese escenario, el empresario uruguayo Sartori aparece como un actor clave. Pero lejos de ser solo una apuesta por la continuidad, su eventual avance sobre BIOX podría implicar un cambio de manos hacia capital extranjero y el riesgo de desmantelamiento de estructuras como Indear.

“Podría cambiar completamente el esquema actual”, advertía esta semana un referente del sector biotecnológico.

En esa misma conversación surgió otro diagnóstico más estructural: la región de Rosario carece hoy de dirigentes empresariales de peso nacional, capaces de disputar agenda, proyectos o financiamiento.

En el círculo rojo regional hay consenso: el último gran referente fue Roberto Paladini. Y esa ausencia se vuelve un problema cuando se trata de pelear obras estratégicas, como quedó en evidencia con los accesos a puertos o el demorado desarrollo ferroviario.

En el plano industrial, una noticia aporta algo de alivio: Algodonera Avellaneda logró autorización judicial para reactivar negocios a través de permitirle trabajar a fasón, en un sector textil fuertemente golpeado.

La suma de todos estos movimientos dibuja una misma escena: Santa Fe está cambiando.

No de manera lineal ni homogénea. Conviven acuerdos fiscales, activos millonarios, tensiones políticas, reconversiones empresariales y cambios en el consumo.

Pero hay un patrón claro: la economía se está reordenando.

Y en ese proceso, la provincia no solo busca cobrar lo que le deben. También intenta redefinir —en medio de tensiones y oportunidades— cómo se construye su próximo ciclo económico.

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