Durante dos semanas, Santa Fe, Rosario y Rafaela se convirtieron en escenarios de competencias internacionales, pero también en espacios de aprendizaje para miles de estudiantes. Con el cierre de los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, realizado el 26 de septiembre, llegó el momento de mirar más allá de las medallas y preguntarse qué quedó en las escuelas después del evento.
El balance presentado por la Provincia el lunes 28 de septiembre destacó, entre otros aspectos, la participación de más de 200.000 estudiantes que llegaron a las ciudades sede para presenciar competencias y vivir de cerca una experiencia deportiva de escala internacional.
La iniciativa había comenzado antes de los Juegos, con un programa de visitas guiadas que involucró a 3.230 instituciones educativas de los 19 departamentos santafesinos. El objetivo era que estudiantes de toda la provincia pudieran conocer los escenarios deportivos, acercarse a disciplinas menos habituales y trabajar en las escuelas sobre los valores asociados al deporte.
Cuando el deporte sale del gimnasio y entra al aula
Una de las apuestas del programa educativo fue entender el deporte como una experiencia formativa que puede atravesar distintas áreas de aprendizaje.
Respeto, esfuerzo, convivencia, trabajo en equipo, inclusión y valoración de la diversidad fueron algunos de los ejes que acompañaron las actividades. La propuesta también buscó acercar a los estudiantes a disciplinas que probablemente no forman parte de su experiencia cotidiana.
En este sentido, asistir a una competencia internacional no fue planteado solamente como una salida recreativa. La intención fue convertir la experiencia en un punto de partida para trabajar posteriormente en las aulas sobre lo observado, los deportes conocidos, las culturas de los países participantes y los valores que aparecen en una competencia.
Desde el Ministerio de Educación provincial habían señalado que el programa buscaba fortalecer el vínculo entre deporte, educación y cultura, además de promover aprendizajes y habilidades a partir de una experiencia compartida.
Una experiencia que llegó a toda la provincia
El alcance territorial fue uno de los aspectos particulares de la propuesta.
Durante el desarrollo de los Juegos, estudiantes de localidades alejadas de las tres ciudades sede viajaron para participar de las actividades. En Rafaela, por ejemplo, más de 1.000 estudiantes secundarios del departamento Castellanos tuvieron la posibilidad de asistir a las competencias y conocer las nuevas instalaciones deportivas.
En esa ciudad también se incorporó una dimensión ambiental a las actividades. Más de 1.500 chicos y chicas de escuelas de Rafaela y la región por día participaron de propuestas vinculadas con la separación de residuos, el uso responsable del agua y la energía y el cuidado de los espacios compartidos.
Así, los Juegos funcionaron también como una oportunidad para abordar contenidos que exceden la práctica deportiva y que pueden integrarse a propuestas de educación ambiental y ciudadanía.
El otro legado: espacios y equipamiento que quedan
La experiencia educativa no termina con el cierre de las competencias. Una parte importante del legado está vinculada con la infraestructura y el equipamiento que permanecerán en la provincia.
Durante la preparación de los Juegos se incorporó material deportivo homologado para distintas disciplinas, con la intención de que, una vez finalizado el evento, pueda ser utilizado por clubes, federaciones, instituciones educativas y deportistas.
Uno de los casos más significativos es el del Instituto Superior de Educación Física N.º 11 de Rosario, que recibió nuevas instalaciones y equipamiento para las competencias de bádminton y ráquetbol. Según explicó su director, estos espacios permitirán ampliar las prácticas de los estudiantes, desarrollar actividades de extensión, ofrecer propuestas de iniciación deportiva y generar nuevas capacitaciones.
Esto abre una posibilidad que puede resultar más importante que la competencia en sí misma: que las inversiones realizadas para un evento internacional se conviertan en recursos permanentes para la formación de futuros profesores y para el acceso de niños, jóvenes y adultos a nuevas prácticas deportivas.
De espectadores a protagonistas
Los Juegos Suramericanos dejaron una imagen difícil de medir en números: miles de chicos que, por primera vez, pudieron entrar a un escenario deportivo de estas características y observar en vivo a atletas de distintos países.
El programa educativo buscó justamente que los estudiantes no fueran solamente espectadores. La propuesta apuntó a que pudieran conocer otras disciplinas, acercarse a los valores olímpicos y entender que el deporte también puede ser una herramienta para aprender sobre convivencia, esfuerzo, diversidad y participación.
El desafío que queda ahora para las escuelas es transformar esa experiencia en aprendizaje. Una competencia puede terminar cuando se entrega la última medalla, pero lo que los estudiantes observaron, preguntaron y descubrieron puede convertirse en una oportunidad para seguir trabajando en el aula.
En ese sentido, el verdadero legado educativo de Santa Fe 2026 no estará solamente en las nuevas instalaciones o en el equipamiento que queda disponible. También estará en qué puedan hacer las escuelas con todo aquello que los Juegos despertaron en sus estudiantes.



