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Fernando Vitale tenía 22 años cuando se juntó con sus amigos del barrio Las Delicias de Rosario a ver el partido con Inglaterra, el domingo 22 de junio de 1986. Cuatro años antes había estado en la guerra por las Islas Malvinas, en el buque destructor Piedrabuena de la Armada, pero no pensaba en eso cuando la pelota empezó a rodar. Gritó los goles de Diego Maradona, ese genio pillo, y se emocionó. Pero no sintió en ese momento, al menos no con claridad, una revancha.

Unos meses después, en diciembre, se estrenó la película “Héroes”. Fue una revelación audiovisual con más tomas de ese partido que no habían salido en la transmisión en vivo. Cuando Fernando vio los ojos de Maradona en una de las secuencias, una mirada muy particular contra los ingleses, se le generó un nudo en la garganta y entonces sí comenzó a anudar las emociones dispersas.

Unas sensaciones que terminó de armar mucho después, cuando pasaron los años de la desmalvinización y el silencio impuesto. Cuando empezó a hablar de su guerra, a militar por la memoria y los derechos de los veteranos. Todavía hoy, 40 años después de ese partido y en la previa a un nuevo duelo con Inglaterra por un Mundial, Fernando se moviliza.

“En el momento no viví toda la dimensión de lo que estaba pasando. Fue el grito de gol, el abrazo. Lo disfruté. Diego le mojó la oreja dos veces al inglés. Con la mano de Dios le robó un gol y el otro es el mejor gol de todos los tiempos. ¿Qué más le podía pedir a ese hombre?”, dice Fernando en diálogo con Rosario3.

"Lo que a mí más me importa de todo esto es esa mirada de Diego. Cuando están formando en el centro de la cancha, antes del partido, la mirada que le pega el Gordo a los ingleses. A mí me dice todo, ¿entendés? Eso no es de hoy, ni del año pasado, es desde siempre. A mí se me infla el pecho cada vez que la veo”, agrega mientras responde sobre un debate público que no tiene una única respuesta: ¿está bien mezclar el pasado bélico, sociopolítico, con un “simple” partido de fútbol?

 

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A pesar de los esfuerzos de Lionel Scaloni, que cumplió con su rol de técnico de la selección y le bajó el tono al duelo de este miércoles (dijo que es sólo “fútbol, no busquemos otra cosa”), todo el entorno lo desmiente. Minutos antes de esa frase del DT, los jugadores festejaron otro triunfo eléctrico en el Mundial. Gritaron con la hinchada “el que no salta es un inglés” y después cantaron el tema de la “cuarta estrella” que pide: “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo, Argentina quiero verte bicampeón”. Hasta el vestuario se sumará a esa evocación: la selección jugará la semifinal con la camiseta alternativa azul que remite a aquel duelo de 1986.

Desde el sábado a la noche, conviven miradas encontradas que se resumen en dos extremos. Por un lado, un grupo que podríamos definir como los racionales asegura que es un error y un nacionalismo barato confundir un juego con una guerra o la soberanía. Y, por el otro, están quienes sostienen que es imposible no unir, porque estamos hechos de emociones y el fútbol y la política siempre se chocan y se confunden.

Fernando defiende la posibilidad de sentir y sobre todo de aprovechar para dar un debate necesario: “Está bárbaro que se instale el tema, porque la usurpación es algo que nos sigue ocurriendo. Los ingleses hoy están ocupando una cuarta parte de nuestro territorio (por las islas y sus espacios marítimos proyectados). No nos tenemos que remontar a la guerra, es algo actual, está pasando”.

Fuente: plataformaargentina.gov.ar
Fuente: plataformaargentina.gov.ar

El veterano que participó del rescate de los sobrevivientes del crucero General Belgrano en el Atlántico Sur recordó episodios recientes como la explotación petrolera Sea Lion, liderada por la británica Rockhopper y la israelí Navitas, que se suma al control de las licencias pesqueras (interés que originó la usurpación británica de las islas en 1833). O el ingreso del buque de guerra inglés HMS Medway a aguas argentinas sin avisar ni pedir autorización.

“Las consecuencias geopolíticas son profundas. A partir de ahora, la presencia militar británica ya no protege únicamente un territorio. También resguarda infraestructura energética, inversiones multimillonarias y una futura fuente de riqueza cuya importancia crecerá durante las próximas décadas”, destacó Natalia Pettinari en su último análisis internacional para este medio.

Para Fernando, visibilizar y explicar esos temas es “esencial” porque los gobiernos, en especial el actual, no se expresan. “Es un error si nos quedamos solo con la guerra, con nuestros muertos o con que son dos islitas, no es solo eso ya. Lo venimos diciendo en las charlas que damos en las escuelas hace mucho tiempo. Lo entendimos hace como 15, 20 años, cuando el loco Rada (por Rubén, referente histórico de los excombatientes locales) ya hablaba de esto. No era solo por las Malvinas, venían por todo: la Antártida, el paso oceánico, el agua, los recursos naturales”.

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Le escribo a Fernando por WhatsApp para charlar de este tema y conocer su opinión sobre si está bien o mal “mezclar” las cosas. La respuesta es una foto de él con una remera nueva:

Fernando Vitale, veterano de Malvinas, y la mirada de Maradona a los ingleses en la remera.
Fernando Vitale, veterano de Malvinas, y la mirada de Maradona a los ingleses en la remera.

Le llegó la semana pasada, pero la había pedido antes de saber que se venía otro duelo con Inglaterra por la semifinal del Mundial. “Ni estaba en la agenda este partido. Es una cosa mía, es un sentimiento fuerte por esa mirada”, dice.

“Los ojos, chico, nunca mienten”, se llama el modelo que diseñó Mundo Redondo, de Buenos Aires, con los ojos del Diez junto a la frase del personaje Tony Montana en Scarface (Caracortada). “Antes de los dos goles más icónicos de la historia de los Mundiales, hubo una mirada. La mirada del 10 frente a los ingleses. Firme, desafiante, cargada de destino… Los ojos ya lo decían todo: estaba listo para jugar por la camiseta, por el orgullo y por todo un país”, resume la página web.

“El Mundial nos concede que vamos a jugar otra vez contra ellos”, dice Fernando y agrega: “La realidad es que nunca se va a poder superar todo lo que pasó. No sé qué tendría que ocurrir para que este partido me haga sentir algo parecido a lo que ocurrió con ese tipo en el 86. Por más que ganemos, obviamente que voy a estar eufórico, pero no será igual. Estaban muy frescas las heridas de la guerra, no habían cerrado. A alguno le parecerá que no es correcto, que es desubicado, pero a mí Maradona me llenó el corazón, el pecho. Y por eso hoy se me hace un nudo en la garganta de la emoción cuando veo la imagen de nuevo”.

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¿Por qué esa foto en la remera es la mejor respuesta al debate planteado? Porque somos seres emocionales con capacidad de razonar y no al revés. Lo enseñó el biólogo y escritor chileno Humberto Maturana: la razón surge con el lenguaje, pero el fundamento de lo que hacemos es emocional. Se funda en los deseos, gustos, miedos, rechazos. Esos impulsos primitivos nos guían y después vienen los sistemas lógicos de explicación o fundamentación.

No hay un argumento racional previo por el cual amamos u odiamos. Acomodamos las razones a ese punto de partida. Tampoco podemos separar las emociones en compartimentos distintos, prolijos y asépticos. Las del fútbol, por un lado, las de la historia y las personales, por otro. Por supuesto que 22 personas detrás de una pelota no son una guerra, ni resuelven problemas de soberanía. Pero operan sobre la misma caja de emociones. El partido lo vivimos con el cuerpo (de ahí, la "Infartoneta").

Si, supongamos, Nico Paz entra sobre el final del partido y convierte un gol de forma agónica que gritaremos con el alma hasta perder el equilibrio, lo amaremos. Recordaremos que ese muchacho valioso eligió jugar para Argentina aunque nació en España porque la patria son los padres. Pero si, en cambio, en esa misma jugada imaginaria, la pelota del tiro final pega en el palo y quedamos eliminados, lo odiaremos. Será el extranjero que no siente la camiseta, diremos que ese pibe que habla como gallego nunca debió participar de un partido tan importante. Los argumentos detrás de la emoción. Lo sabe Messi que fue apedreado por años antes de convertirse en el nuevo diez o Dios (D10s), que para los futboleros es lo mismo.

"El deporte no es la guerra", diferenció la Federación de Veteranos “2 de Abril” y trató de trazar “una línea inquebrantable entre el fervor deportivo y la causa nacional”. De nuevo la idea de las cajas escindidas. En cambio, la Confederación de Combatientes de Malvinas, más ligada a los centros (como el de Rosario) y a los ex soldados conscriptos, marcó su preocupación ante quienes intentan persuadir a los argentinos de que “recordar la Gesta de Malvinas, honrar a nuestros héroes o proclamar la soberanía nacional durante un encuentro deportivo constituye un acto inconveniente o impropio”.

“Rechazamos esa premisa. Ninguna sociedad digna construye su futuro renunciando a su memoria”, marcaron y explicaron: “Los argentinos no somos una multitud reunida únicamente por una camiseta. Somos el resultado de una historia, de una educación, de una cultura y del sacrificio de generaciones que levantaron esta Nación con trabajo, sangre y esperanza. La identidad nacional no se suspende durante noventa minutos”.

“La verdad que sí, se mezclan los sentimientos, es todo una mezcla. Pero es positivo que se instale este clima de las Malvinas”, dice Fernando mientras piensa en voz alta. Hace 40 años, agrega, no se hablaba de la guerra. Los veteranos eran invisibles. 

“Ahora es otra realidad –sigue–, Malvinas está presente y se siente mucho. Los chicos cantan por las islas. Apareció fuerte en el Mundial pasado y también en la canción nueva. Todos sabemos que en esta clase de justa deportiva hay política, la han usado los gobiernos, incluso la dictadura. Es inevitable. Yo les quiero ganar el partido y también quiero que el tema esté en la sociedad. Parece mínimo, pero que todos lo nombren y lo canten, es un mensaje”.