En marzo, al inicio del ciclo lectivo 2026, el Ministerio de Educación de Santa Fe presentó una serie de pautas para regular el uso de teléfonos celulares en las escuelas. Aunque el documento prohibió el uso recreativo de los dispositivos durante la jornada escolar y propuso que cada institución incorporara las reglas a sus acuerdos de convivencia, la implementación quedó sujeta a la realidad y los criterios de cada establecimiento.
Seis meses después, el panorama muestra realidades diversas. Hay escuelas que endurecieron los controles, otras que mantuvieron esquemas flexibles y también instituciones que ya venían trabajando sobre el tema antes de la recomendación oficial.
El documento establecía que el uso recreativo de dispositivos digitales personales dentro del aula quedaba prohibido para todos los estudiantes en todos los niveles y modalidades del sistema educativo provincial.
El ministro de Educación, José Goity, manifestó en esa oportunidad que restringir el uso de celular es “un desafío” para el sistema educativo porque “las escuelas están atravesadas por esta problemática” y en ese contexto “tenemos que formar a los niños y niñas para un uso seguro y responsable de los dispositivos dentro de la alfabetización digital”.
En nivel inicial y primario el uso de celulares personales no está permitido dentro de las instituciones educativas durante todo el horario escolar, incluyendo tiempo de clases y recreos. No obstante, la medida no impide el trabajo pedagógico con tecnología cuando sea necesario utilizar herramientas digitales. Las familias pueden decidir si los estudiantes llevan o no teléfonos a la escuela, pero no podrán utilizarlos durante la jornada.
En nivel secundario, los celulares pueden utilizarse únicamente cuando formen parte de una actividad pedagógica previamente planificada y autorizada por el equipo directivo dentro de un proyecto institucional. Fuera de esos casos, las escuelas debían establecer normas claras de guardado y uso dentro de los acuerdos de convivencia institucional. Entre las alternativas se incluye mantener los dispositivos guardados durante las clases o promover recreos libres de pantallas.
Cómo se dio la implementación
Un grupo de chicas ensaya una “coreo” o un reto de TikTok sin una cámara que las registre porque sus teléfonos reposan en la cajita de ingreso. La imagen es una más entre tantas, pero no deja de sorprender a las docentes.
Algunas escuelas adoptaron rápidamente las recomendaciones, otras realizaron cambios parciales y varias prácticamente no modificaron su funcionamiento. El profesor e investigador Juan Pablo Casiello, delegado seccional de Amsafe Rosario, sostuvo que las dinámicas institucionales no cambian de manera inmediata por una disposición ministerial y los procesos son graduales. Y aseguró que todavía es difícil medir el nivel de adhesión a las pautas provinciales porque cada institución avanza con tiempos distintos.
“La orientación oficial era necesaria porque el uso permanente del celular genera una disputa constante por la atención de los estudiantes dentro del aula”.
"No hemos podido acordar el uso como herramienta porque hay algunas complicaciones actualmente que al inicio no estaban. En un principio todos cumplían, pero después empezaron a decirnos 'no lo traje' y luego los encontrábamos con los celulares en la mano en los recreos, filmándose, grabando TikTok, sacándose fotos, subiendo a las redes", explicó a modo de ejemplo Lorena Mariana Gribaudo, directora de la Escuela Madre Cabrini, consultadas por Rosario3.
Entonces, fue necesario un control más riguroso: "El preceptor, al ingresar, le pide que lo apaguen y lo guarden en la caja correspondiente, se cierra con llave, tiene un candado y se les entrega a la hora de salida. Ni siquiera lo están usando en los recreos"
La regulación se aplicó con mayor aceptación principalmente en escuelas privadas mediante sistemas de guardado de los celulares al ingresar al aula. Según explicó el secretario general de Sadop Rosario, Martín Lucero, el camino no pasa por prohibir completamente los dispositivos sino por establecer reglas claras.
El representante gremial, consideró que el celular puede utilizarse como herramienta pedagógica en actividades específicas, pero que fuera de esos momentos no tiene sentido mantenerlo disponible durante las clases. "Las escuelas van encontrando su propio camino", dijo.
Priorizar el criterio pedagógico
En el Colegio La Salle, el director Lisandro Castagno contó a Rosario3 que la institución ya venía reflexionando sobre el uso de los celulares antes de la medida provincial. La decisión fue construida junto a docentes y estudiantes y derivó en un esquema donde el criterio queda en manos del educador.
Allí, los teléfonos pueden utilizarse cuando forman parte de una propuesta pedagógica, por ejemplo para acceder a Classroom, completar formularios, consultar mapas o trabajar con herramientas digitales. Castagno sostuvo que, en una escuela donde las aulas cuentan con pantallas y se desarrollan proyectos de robótica e impresión 3D, una prohibición absoluta resultaría contradictoria. Por eso, el objetivo es enseñar un uso responsable de la tecnología y no solamente restringirla.
De los acuerdos a las cajas bajo llave
La experiencia fue distinta en la Escuela Madre Cabrini. Su directora, Lorena Mariana Gribaudo, explicó que antes de la resolución ministerial ya existía un acuerdo para que los estudiantes mantuvieran los celulares apagados dentro de las mochilas y solo los utilizaran cuando un docente lo autorizara con fines pedagógicos.
Sin embargo, la institución comprobó que esa modalidad no funcionaba porque los alumnos seguían utilizando los dispositivos durante las clases y los recreos.
Frente a esa situación, implementaron cajas con candado en cada curso donde los teléfonos permanecen guardados hasta el final de la jornada; una idea que se replicó en decenas de establecimientos educativos
Con el paso de las semanas, incluso endurecieron las medidas porque algunos estudiantes ocultaban los celulares, filmaban videos para TikTok o continuaban usándolos pese a las restricciones. Ante esos casos, el teléfono debe ser retirado por la familia y, cuando existe reiteración, se aplican sanciones.
Pese a esas dificultades, la directora destacó cambios positivos en la convivencia escolar. Observó más diálogo entre los estudiantes durante los recreos y mayor interacción cara a cara, aunque admitió que el peso de las redes sociales sigue siendo evidente: incluso sin celulares, algunos jóvenes simulan grabar videos para TikTok mientras juegan con sus compañeros.
Una discusión que continúa
La evidencia disponible también muestra que el debate está lejos de estar resuelto. Un informe de Argentinos por la Educación, elaborado con especialistas del Conicet y la Universidad Torcuato Di Tella, señala que el acceso a los celulares comienza a edades cada vez más tempranas: casi seis de cada diez alumnos de tercer grado ya tienen un teléfono propio y, en la secundaria, nueve de cada diez cuentan con uno.
Las investigaciones internacionales coinciden en que las restricciones reducen el uso del celular y las distracciones en clase, aunque todavía no existe consenso sobre su impacto en el rendimiento académico ni en la convivencia escolar. Mientras tanto, en Santa Fe, cada escuela se amolda a las posibilidades para equilibrar tecnología, aprendizaje y convivencia.



